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Rosetta: la sonda espacial al mando del gigante griego Vangelis

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Vangelis

El 23 de septiembre de 2016, tras 15 años de ausencia discográfica, el gran músico griego volvió con una obra inspirada en la sonda espacial Rosetta

Vangelis
Rosetta

Decca. 2016. Grecia

El maestro griego Evangelos Odysseas Papathanassiou, Vangelis para todos, volvió a hacer acto de presencia en el mercado fonográfico el pasado año 2016 con el álbum Rosetta, un trabajo conceptual inspirado en la sonda espacial del mismo nombre que fue lanzada por la ESA (Agencia Espacial Europea) en el año 2004 y que se convirtió en la primera sonda que aterrizó en un cometa, para más señas, el cometa 67P.

Publicado por el sello Decca Records el 23 de setiembre del pasado año, este disco devuelve a Vangelis a la escena fonográfica tras 15 años de ausencia, habiendo sido Mythodea (2001) su último trabajo de estudio oficial, excluyendo un par de bandas sonoras en medio para las películas Alexander (2004) y El Greco (2007) (no confundir con el álbum de 1998).

Este proyecto de Rosetta ya estaba en curso desde hace un cierto tiempo, con un puñado de composiciones ya grabadas y difundidas en noviembre de 2014, pero fue en 2016 que llegó a completar el disco como obra integral, con resultado magnífico, tal como pasamos a detallar a continuación.




La dupla de “Origins (Arrival)” y “Starstuff” es una muy oportuna iniciación al cosmos sonoro que se irá desplegando a lo largo del disco. En efecto, en los más de 9 ½ minutos que ocupa la ilación de estas dos piezas, las orquestaciones y capas de sintetizadores imponen su señorío cósmico a través de un fastuoso juego de atmósferas que transitan desde lo sigiloso hasta lo sublime con una fluidez muy inspirada.

En las instancias finales de “Starstuff” se completa la envolvente aureola lírica sobre la que se habían estado articulando todos los recursos sónicos creados para la ocasión.

Infinitude” es el siguiente tema y cumple con la función de crear un dinamismo refrescante en el que la calidez del desarrollo temático nuclear se asienta sobre la llamativa cadencia orquestal mientras algunas capas adicionales completan eficazmente el núcleo melódico.

En un muy inspirado ejercicio de grandeza sinfónica, a partir de las pautas dejadas por “Infinitude” emerge «Exo Genesis’» como un mágico efluvio múltiple de armonías de piano que se entrelazan en una suerte de maraña manierista que retrata las espirales de luz y confluencias de energía sobre las que se construye la armonía de las esferas.




Es en esta dupla de «Infinitude» y «Exo Genesis» que el álbum llega a un pico determinado de fastuosidad musical.

Así las cosas, “Celestial Whispers” vira hacia senderos de introspección cándida y luminosa donde impera la lógica del romanticismo.

No es un tema muy extenso pues dura solo 2 ½ minutos, pero su prestancia melódica le da una estatura especial dentro de la ilación del repertorio.

Con unas secuencias exultantes y un imponente colorido de capas orquestales se arma el sexto tema que se titula “Albedo 0.06”. Tal como lo anuncia el título mismo, Vangelis diseña esta pieza bajo el modelo de sus dos clásicos álbumes de la segunda mitad de los 70, Albedo 0.39 (1976) y Spiral (1977).

Estamos de regreso a la faceta más explícitamente majestuosa del mundo musical del griego, pero a diferencia de los casos de “Infinitude” y “Exo Genesis”, esta vez no se trata de una majestad orquestal sino de una magnificencia lisérgica al más puro estilo futurista.

La dupla de “Sunlight” y “Rosetta” se instala en el ecuador del repertorio, así que su misión central es la de ubicar un centro neurálgico para la secuencia de piezas.

En el caso de “Sunlight” tenemos un despliegue de nubosidades etéreas absorbidas por una calidez excelsa y delicada: en medio de este regreso al aspecto orquestal de Vangelis, las notas y ornamentos de los sintetizadores simplemente se arrojan al éter flotando con una amabilidad que se hace crecientemente pletórica mientras aumenta el volumen.

Por su parte, la pieza homónima nos lleva nuevamente a la época del Albedo 0.39 con sus bien dibujadas vibraciones melódicas, las cuales transportan a la amalgama de melodía y orquestaciones a una dimensión irisada.

Eso sí, la luminosidad que exuda esta pieza nunca se siente atiborrada sino que se maneja con una sobriedad imperial.




Conmueve y remueve al espíritu del oyente empático el desarrollo melódico de esta pieza, su arquitectura sonora se siente apasionante, como si su impacto estuviese diseñado para no limitarse a lo sonoro sino para proyectar su magia hacia la organicidad total del ser humano. Otro cénit del álbum.

Philae’s Descent”, por otro lado, se proyecta hacia una explícita intensidad donde las orquestaciones y arreglos percusivos explotan cuales fuegos artificiales de esplendor celestial.

La dimensión sinfónica de Vangelis se luce como una aurora boreal. Otro momento particularmente conmovedor del repertorio junto a la pieza homónima es el manifestado en “Mission Accomplie (Rosetta’s Waltz)”, que fue de hecho la primera composición que gestó el maestro helénico para este proyecto.

Haciéndose debido eco de las estilizaciones académicas de la pieza precedente, la lleva a un área más serena sobre un compás de vals. El aire celebratorio es patente, la felicidad del saber es exaltada como si se usara la música como reflejo de un ritual científico.

El antepenúltimo tema del disco se titula “Perihelion” es el más largo con sus 6 ½ minutos de duración. Su vitalidad cibernética y su arrebatada fuerza de carácter se funden en una ambiciosa ingeniería sonora que nos remite a otro punto culminante del disco: la alternancia entre pasajes efervescentes y otros solemnes está edificada con una estupenda fluidez, culminando todo con una coda misteriosa.

En ella notamos algunos aires de familia con el estándar de los Tangerine Dream del periodo 1975-79.

“Elegy” aporta, tras el esplendor y el boato canalizado a través de la secuencia de las tres piezas anteriores, un momento de añoranza, una motivación para reflexionar sobre el contraste entre la infinitud de los sueños de la ciencia y la naturaleza efímera de toda vida, ya sea natural o artificial.

Esta motivación prosigue en la pieza de cierre, titulada “Return To The Void”, la cual reconstruye el atmosférico señorío cósmico con el que se había iniciado el álbum.

Rosetta es un disco hermoso que nos muestra la muy grata noción de que Vangelis todavía tiene energía y creatividad suficientes para brindarnos obras monumentales dentro de la avanzada electrónica de la cual él es un campeón visionario y una leyenda viviente.

Todo nuestro agradecimiento a él por este gran disco… ¡y que no falten próximas obras notables en el futuro cercano!

Cesar “Inca” Mendoza / Lima, Perú


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