Inicio Archivo discografico 15 años del exquisito debut de la agrupación sueca The Concretes

15 años del exquisito debut de la agrupación sueca The Concretes

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The Concretes

The Concretes

The Concretes

Licking Fingers. Suecia. 2003

 

Es indudable la destreza que tienen los suecos para hacer el pop más precioso, desde los excelsos ABBA hasta la soñadora sensualidad de The Cardigans. Con un nombre inspirado en gran parte de la arquitectura de la ciudad capital, The Concretes se erige como una de las mejores representaciones del género para el nuevo milenio, junto a El Perro Del Mar y Peter Björn and John. Habían comenzado actividades en Estocolmo en 1995 cuando Victoria Bersgman (voz), Maria Eriksson (guitarra) y Lisa Milberg (batería) se unen con la intención de hacer música. Cada músico que se va añadiendo colabora democráticamente en el colectivo que llega a contar con ocho integrantes con el bajista Martin Hansson, el multinstrumentalista Ulrik Karlsson, el organista Per Myström y los guitarristas Daniel Värjö y Ludvig Rylander, quien también asume roles en instrumentos de viento.

Sus primeras grabaciones fueron un par de EPs a finales de los 90 reeditadas en el compilado Boyoubetterunow (2000), bajo el sello norteamericano Up Records. Tras la muerte del fundador del sello, The Concretes se afilia con la subsidiaria sueca de EMI, Licking Fingers, para trabajar en lo que sería su primer larga duración.

Grabado entre la población de Vallarum y la capital sueca, el debut autotitulado del octeto amplia la paleta sonora y demuestra la habilidad del productor Jari Haapalainen de modernizar el muro de sonido de Phil Spector, mientras que los Concretes Honorarios derrochan talento, llegando a ser hasta doce músicos invitados. La portada fue ilustrada por Milberg, acompañada de un arte maravilloso compartido entre Liselotte Watkins y Marika Åkerblom, donde se cuelan algunos versos de las letras que conforman este exquisito álbum.

La guitarra y el órgano se repiten creando un bloque acompañado del pulso del bombo y el bajo, con la acentuación de la pandereta que va desarrollando “Say Something New”, con un obvio título a nuevos nortes más ambiciosos musicalmente. Victoria canta serena con perfecta dicción la canción de apertura con su rítmica que recuerda a “Be My Baby” de The Ronettes con las dos secciones bien definidas, y así el coro fluye libre con el resto de la banda apoyando la solitaria voz líder con vientos metales y un modesto solo de guitarra.

La soleada “You Can’t Hurry Love” comparte nombre con una de los sencillos más famosos del grupo femenino The Supremes pero por el contrario suena gigante con una Bergsman más atrevida y a Eriksson rasgando su guitarra sin miedo. En dos minutos se cuelan una pandereta juguetona, trompetas, el tenue apoyo vocal femenino y las variaciones rítmicas de Hansson con unas relajadas estrofas mareadas y coros más estáticos.

El tempo de vals viene dictado por un glockenspiel que desciende antes de que la intensidad rítmica del bajo y la batería tomen por asalto a “Chico”, una balada que la cantante le dedica a su gato cuando el desamor la aborda. La guitarra suena como un llanto distante bañada en reverb y el ensamble de cuerdas se encarga de que se eleve la tristeza en uno de los momentos más sublimes de esta placa discográfica.

New Friend” describe la incomodidad de una llamada cuando te enteras que ese amor platónico tiene pareja pero aún así le ofreces escucharlo. Es el mejor momento de Maria en su guitarra que pasa de ser melódica a armónica entre las diferentes secciones y que encuentra resolución en un manto de instrumentos de viento, sin perder el constante golpe metálico de un tambor, inspirados en las hipnóticas percusiones de Moe Tucker.

El conjunto le rinde homenaje a la cantante “Diana Ross” como cura para la resaca de amor, encontrando una extraña tranquilidad en la ruptura de la relación amorosa. Las estrofas casi robóticas sirven como preparación para unos recargados coros donde brillan los metales y los teclados. Hacia el final la voz de Maria se eleva por encima de Victoria destilando cierta desesperación ante la conciencia de la sensación de soledad.

Warm Night” es otro vals donde se evidencia el tejido sonoro al que se suman elementos como la mandolina, la guitarra acústica, los teclados, el bajo que se mece en la espaciada batería, las cuerdas melancólicas y los grandiosos juegos vocales; desde la melodía principal ejecutada por todas las voces de la banda como el detalle vocal femenino que contribuye a la majestuosa composición donde se asoma un inocente amor que invita a la otra persona a besarla “sólo cuando la luz sea la correcta”. Según Milberg, está basada en una canción folclórica sueca.

Despojada de grandezas y contando sólo con un piano sencillo y voz, “Foreign Country” es la metáfora al desapego, a atreverse a cosas nuevas. El ritmo inquieto aunque constante de las teclas se intensifica a medida que la voz desaparece en la breve pieza.

Seems Fine” es otra demostración de que se pueden hacer pistas bien desarrolladas con corta duración. Se interpreta como una exploración de Jesus And Mary Chain hacia el pop barroco con el fraseo de la trompeta o las secciones vocales con el órgano siempre presente, o una canción que como el título, aparenta que todo está bien pero se reviste de cierta extrañeza.

Lovin Kind” es el corte más extenso y con la letra más sentida de todas: no se debe cuestionar el amor ni sus demostraciones. La instrumentación complementa el sentimiento general con el magnífico trabajo de las cuerdas que le imprimen la justa medida de depresión mientras el órgano perenne es el elemento que hace que la canción no pierda la grandeza. Los metales sirven de armonía en los momentos justos antes de permitir elevarse por encima de la voz.

El mejor ejemplo de la pared de sonido es la construcción compleja de “Lonely As Can Be”, un relato angustioso de una persona con pocas destrezas sociales. Con pocas variaciones en las dinámicas generales y ciertos guiños a una agresividad protopunk, se vale de la adición de distorsión en la ahogada guitarra líder, el eco en la voz en el coro, el stacatto del órgano y los dibujos libres del saxofón y la trompeta.

La guitarra onírica de “This One’s For You” marca el inicio del fin. Victoria canta lastimeramente con el corazón en la mano a un amor imposible, y cuando se comienza a colar el arpa junto a las cuerdas se podría decir que esta persona falleció y la extensa sección final es el alma ascendiendo a los cielos.

Este debut tuvo un relativo impacto en su tierra natal, pero al ser reeditado un año más tarde para Reino Unido y Estados Unidos bajo el sello Astralwerks, las cosas cambiaron: “You Can’t Hurry Love” fue usada para un comercial de Target y otros tres sencillos fueron relanzados alcanzando modestas posiciones en  las listas británicas. Un par de años luego, editan una sólida continuación titulada In Colour, producida por Mike Mogis en su estudio Presto!, endulzando más el sonido antes de que Victoria Bergsman decidiera dejar el grupo por sentirse agobiada con la vida de gira. Lisa y Maria comparten el nuevo rol vocal con el nostálgico Hey Trouble en 2007 y el misteriosamente sensual WYWH de 2011.

No obstante, cuando se piensa en el indie pop de la época, ellos son una de las inmediatas referencias por su manera de canalizar el pop de los 60 y refrescar las fórmulas, manteniendo esa candorosa sencillez que mantienen hasta el sol de hoy. The Concretes permanece como una entrañable carta de presentación al universo musical del cuasi colectivo sueco.

IL Gimón @ilgimon