En el marco de la gira del reciente disco, Faded, el dúo francés que además cumple 15 años, visitó Madrid para ofrecer un intenso concierto
The Limiñanas
Faded Tour
Concierto en Sala Changó, Madrid
(Noviembre 4, 2025)
Siempre resulta revelador cuando una banda logra un sonido en directo distinto al que presenta en los discos. O, al menos, complementario.
El proyecto francés The Limiñanas nos captura con sus discos, pero luego en directo nos sacude y remueve con una propuesta cruda a medio camino entre la psicodelia de 13th Floor Elevators, el sonido garajero de MC5 y The Stooges, el synth punk minimalista de Suicide, el noise-pop de The Jesus and Mary Chain, el sonido motorik de Neu!, la lisergia de Spacemen 3 o The Telescopes, el Primal Scream más corrosivo o el psychobilly de The Cramps.
En la presentación en Madrid -primera de dos en España como parte del Faded Tour– el dúo central que conforman Marie Limiñana (batería, percusión, voz) y Lionel Limiñana (guitarra, voz) se presentó en formato sexteto, acompañado del vocalista Thomas Gorman (de Kill the Young), la bajista Clémence Lasme (de Moodoïd, Lucie Antunes), el teclista y guitarrista Alvan Barate y el expresivo guitarrista de The Fleshtones, Keith Streng.
La presentación estuvo dividida en dos partes diferenciadas por la estructura y desarrollo de los temas, aunque no por la duración. La primera parte con canciones propiamente dichas y una segunda con largos temas conducidos por ritmos metronómicos -motorik- y murallas de guitarras.
Cuatro temas concatenados de Faded (2025) dieron inicio al concierto, comenzando por “Spirale”, atractiva pieza instrumental de espíritu hedonista. Y desde el arranque sabíamos que presenciaríamos un concierto especial, con adecuado apoyo visual – colorido en ocasiones- y luces más bien tenues durante muchos pasajes.
“Prisoner of Beauty” y “Shout”, nos trajeron el espíritu más bailable y corrosivo de Primal Scream, ese de la era XTRMNTR (2000) y Evil Heat (2002), mientras que “J’Adore Le Monde” fue el primer acercamiento a los ritmos motorik.

The Limiñanas está cumpliendo 15 años de la publicación de su primer disco, y por supuesto tenían que visitar aquel homónimo debut. Así sonaron “Down Underground” -en la que emergió por primera vez la voz de Marie- y “J’Adore Le Monde”, aflorarando las referencias a Spacemen 3 y también de Martha and The Muffins.
Luego tocaron “Malamore”, la pieza que da nombre el disco de 2016 y que sonó a la primera etapa de Spacemen 3, con Keith Streng desbocado. “Salvation”, en cambio, se adentró en la lisergia más sombría, con guitarras muy ochenteras en plan The Jesus and Mary Chain.

Con un público totalmente imbuido siguieron con el más sosegado y melódico “Shadow People” . Y del mismo disco de 2018, otro sablazo: “The Gift”, quizá el tema que más recordó a la banda de los hermanos William y Jim Reid, en especial por el coro.
Mucho mas cruda y acelerada que en disco Le Bel Été (2019) sonó “One Blood Circle”, con un solo de guitarra fuzz salvaje. Sin la presencia del cantante Etiene Daho, la pieza se va por otros derroteros.
También vitaminada y más extensa sonó “Istambul is Sleepy”, con una voz más áspera y una muralla guitarrera más notable que en el estudio.
Sin pausa, las guitarras distorsionadas sirvieron de puente para la estupenda revisión de “TV Set”, clásico que abre el disco debut de The Cramps, aquel recordado grupo de la pareja Poison Ivy– Lux Interior, condición que podría recordar a The Limiñanas, pero sin el componente cavernario de aquellos.

A partir de este momento, el resto del concierto pareció tomar un camino más sinuoso, comenzando con “Vadutz”, una larga pieza de lento desarrollo en la que hay una especie de diálogo en francés que se va entrelazando con las guitarras. Keith Streng asumió desde entonces un rol menos protagónico, ya sin salir al frente.
Sin mediar palabra (como casi todo el concierto) se lanzaron con “ Je rentrais par le bois … BB” (del disco en colaboración Laurent Garnier, De Película, 2021), con evidentes deudas a Neu!. El tema se extendió por casi 10 minutos y sirvió como primera despedida ante la euforia del público presente, que no fue masivo (quizá por ello el cambio de sala) pero si muy efusivo y conocedor.
En menos de un minuto ya estaban tocando “El Beach” (de Malamore), otra que sonó muy distinta a disco, donde la voz de crooner de Lionel y la fantasmal de Marie aquí se confunden con la telaraña instrumental.
La parte final del concierto fue una hipnótica incursión motorik de más de 10 minutos con “Je M en Vais” y “Rocket USA”, la revisión del temazo del emblemático debut del dúo neoyorquino Suicide.

Fue una noche envolvente, con varios momentos de paroxismo guitarrero y una rítmica construida con una batería de estructura minimalista (tres tambores, sin platillos) con una ejecución algo rudimentaria pero efectiva, con la que se logra el buscado efecto repetitivo y tribal.
Juan Carlos Ballesta




