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Buena Vista Social Club: el glorioso último aliento de varios músicos cubanos

Buena Vista Social Club

El músico, productor e investigador estadounidense acometió una de sus más grandes empresas sacando a flote a legendarios músicos cubanos olvidados

Ry Cooder y músicos cubanos
Buena Vista Social Club

World Circuit/Nonesuch. 1997. Cuba/EE UU

Pocas iniciativas han sido tan trascendentes y revitalizadoras para la música de un país como la que tuvo el guitarrista estadounidense Ry Cooder para rescatar del olvido a muchos músicos cubanos que décadas atrás habían sido protagonistas de la época en la que las formas musicales de Cuba salieron de la isla y se regaron por el mundo.

Cooder ya tenía dos exitosas experiencias previa con los premiados discos A Meeting by the River (1994) (con músicos de India) y Talking Timbuktu (1995) junto al guitarrista maliense Ali Farka Toure. Ambos álbumes recibieron el Grammy como “Best World Music Album”, mientras que éste lo recibió en la categoría “Best Traditional Tropical Latin Album”.

De los años 30 a los 50 del siglo pasado, Cuba fue probablemente la capital de la música en Latinoamérica. A partir de la rumba y el son se desarrollaron otros ritmos ampliamente populares como el mambo (influenciado por el jazz), la charanga, el cha cha chá, la pachanga y ya en los 60 el bugalú, el songo y el son montuno, que a su vez fue decisivo para el surgimiento de la salsa.

En La Habana hubo epicentros de gran importancia en aquellos años de esplendor. Uno de ellos fue el Buena Vista Social Club, alrededor del cual se reunían músicos y bailarines. Con la llegada de la revolución castrista, a partir de 1959 la gran mayoría de los clubes, locales nocturnos, centros de baile e incluso las festividades privadas fueron limitados o bien cerrados por considerarlos hedonistas, antros de vicios capitalistas y contrarias al espíritu revolucionario.




En su lugar se comenzó a apoyar otras manifestaciones tradicionales, mas controladas, como la Nueva Trova, destinadas a «vender» la nueva realidad. El momento definitivo fue en 1968 en medio de las “medidas especiales” cuando se cerraron bares, cabarets, bodegas, pequeños clubes e incluso locales ya nacionalizados como el Tropicana, imponiendo la Ley Seca. Miles de músicos quedaron sin trabajo y poco a poco pasaron al ostracismo, desempleados, viviendo de los recuerdos e inexorablemente, envejeciendo.

Por ello, cuando Ry Cooder decide emprender el proyecto de rescate de aquella memoria, muchos de esos músicos habían ya fallecido o eran septuagenarios y octagenarios. Varios de los que fueron elegidos murieron poco después de ser publicado este álbum. La idea original, sin embargo, era realizar un encuentro entre músicos cubanos y africanos, pero éstos últimos no llegaron por problemas con sus visas.

Junto al productor Nick Gold del sello británico World Circuit, decidieron sobre la marcha cambiar los planes y reunir a diversos músicos cubanos de los que ya Cooder tenía idea previa al haber viajado a Cuba.

Junto al director musical Juan de Marcos González, deciden grabar una serie de clásicos de la música cubana pre-revolucionaria con varios de aquellos protagonistas: los cantantes Máximo Francisco Repilado Muñoz Telles mejor conocido como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Otmara Portuondo, Elíades Ochoa, Manuel “Puntillita” Licea, el pianista Rubén González, y otros algo más jóvenes como el bajista Orlando “Cachaíto” López (hijo del gran Orestes López creador del mambo y sobrino de Israel “Cachao” López) y Barbarito Torres, virtuoso del laud.




Se escogieron varios temas emblemáticos como “El cuarto de Tula” (de Sergio González Siaba), que interpreta Elíades Ochoa acompañado de Ibrahim Ferrer y Manuel «Puntillita» Licea, con un frenético solo de laud de Torres; el famoso bolero “Dos gardenias” (de Isolina Carrillo) cantada por Ferrer; la guajira “El carretero” (de Guillermo Portabales) con la voz de Ochoa y toda la banda en pleno; la erótica “Candela” (de Faustino Oramas) con Ferrer acompañado por la fantástica descarga de la banda.

También el estupendo bolero “Veinte Años” (de María Teresa Vera) con la gran Omara Portuondo y la segunda voz de Compay Segundo; el propio Segundo aporta su composición “Chan Chan”, el son que abre el disco en gran forma, y es el vocalista de “Amor de loca juventud”, “Orgullecida” e “¿Y Tú Qué Has Hecho?” un tema de los años 20 compuesto por Eusebio Delfín; Ferrer aporta el tema “De camino a la vereda”, que por supuesto canta.

La Bayamesa” (la canción popular, no el himno de Cuba) cierra el disco en grande con “Puntillita” en la voz

El tema que da título al disco lo compuso Orestes López, padre de Cachaíto, escogido por Cooder y Gold al escuchar a Rubén González improvisando sobre él, quien luego explicó que era uno de los consentidos del club social Buena Vista.

La guitarra de Ry Cooder y la percusión (udu drum y dumbek) de su hijo Joachim Cooder, aportan sonidos contemporáneos que le dan un giro muy interesante, sin que las canciones pierdan su esencia.

Durante seis días se encerraron en los estudios Egrem (antes RCA Studios), que habían permanecido casi inalterados desde los años 50 y el producto fue fabuloso, tanto que produjo otros discos solistas posteriores bajo la etiqueta madre, la formula se exportó incluso al mundo pop (hasta Arctic Monkeys tiene una versión en plan “Buena Vista”) y eventualmente produjo el distanciamiento entre Cooder y Juan de Marcos, ya que este reclamó los derechos de explotación del nombre.




La película dirigida por el alemán Wim Wenders es un documento invaluable de este proceso de grabación y el histórico concierto que se llevó a cabo en el Madison Square Garden con todos los participantes y que más nunca pudo repetirse.

La edición de este inigualable disco sigue siendo capital.

Juan Carlos Ballesta


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