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Transa: la autopista transcultural de Caetano Veloso

Caetano Veloso Transa

En 1972 vio la luz el sexto álbum del cantautor brasileño, un extraordinario disco realizado desde el exilio londinense

Caetano Veloso
Transa

Philips. 1972. Brasil

 
En el hoy lejano 2001, la revista británica The Wire dedicaba todo un número al ruiseñórico mundo de la canción. Aunque resultase sospechoso que el centro mundial de operaciones del avant-garde musical se concentrara en un formato que dio por claudicado, The Wire asumió el reto y hacía una selección que más parece un arqueo exhaustivo de los más desempolvados y recónditos archivos musicales.

Al revisar yo aquella selección, me preguntaba cuáles podrían ser los criterios manejados para dar por “significativa” una pieza: ¿Qué determina que una canción pueda ser algo más que un momento en el repetitivo pasar del tiempo? ¿Qué hace a una canción un evento en nuestra historia?

A fin de cuentas, una canción no es más que el conjunto de unos pocos minutos que, en el presente de cada quien, será inextricablemente asociado con aquel remoto primer momento de la primera escucha.

Así es como escuchamos una canción una y otra vez, pero aquel primer momento será el que la juzgue mítica. Así como también juzgamos inspirador y genial aquel momento en que la canción que tenemos por mítica fue compuesta y ejecutada por vez primera. Para mí, uno de esos preciados momentos que titulamos bajo la rúbrica de una canción viene condensado en una de las siete piezas de Transa (1972) del bahiano Caetano Veloso.

Transa es uno de los álbumes cumbre de la llamada Tropicália, un movimiento de vanguardia artística en el Brasil de los 60, en medio de tiempos de dictadura militar, que revivió y replanteo algunos de los principios ya establecidos en la primera ola de vanguardismo brasileño.




La Tropicália retomaba aquella prescripción del Movimiento Antropófago de los años 20: superar la superflua dicotomía entre lo local y lo universal, lo latinoamericano y lo europeo, canibalizando cualquier influencia exterior o interior hasta incorporarla como propia.

Los Antropofagistas exhortaban a los artistas brasileños a hacer lo mismo que los nativos hicieron con los primeros misioneros: ¡devorarlos! Así se dejaba atrás dilemas y encrucijadas culturales para fagocitar todo lo exógeno como si fuera propio, sin sincretismos o eclecticismos conciliadores: apropiarlo e incorporarlo.

La recomendación no sólo fue provocadora, sino que convirtió a Brasil en una superpotencia artística, y especialmente en una superpotencia musical, sin nada que envidiarle al Reino Unido o Estados Unidos.

A pesar de sufrir muchas de las premuras, inestabilidades y desaciertos del resto de los países latinoamericanos, Brasil logró canibalizar el resto del mundo, y se hizo de una escena musical propia, autosuficiente, vibrante y diversa, debiéndole poco o nada a las otras potencias musicales, más bien arrojando un amplio espectro de influencia sobre el resto del mundo.

Sin embargo, Transa aparece cuando ya la Tropicália estaba en retirada. Luego de su apogeo a finales de los 60, Caetano Veloso se exilia voluntariamente en Londres para 1969, luego de numerosos desencuentros e impasses tanto con la dictadura militar del momento –férrea e intolerante con los creativos-, como con la juventud estudiantil radicalizada a la izquierda, quienes consideraban que el Tropicalismo había “comercializado” la música popular brasileña, y había incorporado influencias y estilos de la música popular “imperialista” de Estados Unidos y el Reino Unido.

De ese exilio auto-impuesto, Veloso se nutre aún más de influencias exteriores, incorporando la vibrante y excitante escena londinense de finales de los 60s como si fuera propia de su repertorio. Caetano extrañaba su Bahía natal –sus baladas lo cuentan así-, pero se sumerge en la música anglosajona como si fuese su hábitat.

Veloso fagocitaba así mareas nuevas en bahías lejanas. Su música salía vencedora, y su creatividad daba canciones para una posteridad que trascendía cualquier coyuntura social.

En 1971 –un año antes del lanzamiento de Transa-, y bajo permiso otorgado por la dictadura militar, Veloso regresa a Brasil a visitar a sus padres. Durante su estadía, funcionarios militares lo interrogan y lo presionan a componer una canción que alabe uno de los mayores logros en infraestructura del régimen militar: el desarrollo y terminación de la autopista Transamazónica.




Sería claramente una acción propagandística para blanquearle el rostro a un régimen que había probado ser sanguinario. Veloso decide no participar en la maniobra, y regresa a su exilio en Londres con más tensiones cosechadas en su nativo Brasil. Sin embargo, y en un golpe de timón creativo, Veloso decide regresar al tema transamazónico, titulando su próximo álbum con el muy sugerente y provocador título: “Transa”.

Pero este logro no iba a celebrar la infraestructura del régimen militar, iba más bien a adentrarse en la tupida y biodiversa selva de los música popular brasileña, habiendo hecho ya la digestión de los ritmos y géneros musicales de otras orillas: el blues del Mississippi, el reggae de Jamaica, el rock psicodélico de Londres, entre otros muchos.

Caetano Veloso Transa
Diseño de arte original de Transa obra de Álvaro Guimarães y Aldo Luiz
Transa Caetano Veloso
Diseño de arte original de Transa obra de Álvaro Guimarães y Aldo Luiz

Caetano Veloso estaba decidido a permitirse el capricho que mantuvo agazapado al declinar la propuesta de rendirle odas a los logros de la dictadura militar. Ya había demostrado ser un representante de bossa nova virtuoso a mediados de los 60, con su álbum debut Domingo (1967) –en dúo con la recientemente fallecida Gal Costa.

Ya había sido uno de los cabecillas del Tropicalismo con su segundo álbum homónimo del 1968, y ya se había empapado de melancolía londinense con su exquisito álbum de folk rock –homónimo también– de 1971: uno de los frutos de su exilio en Inglaterra. Ahora tocaba lanzar una ruta transatlántica que uniese los ritmos incorporados en su ADN musical con aquellos que había ya devorado y hecho propios.

Transa transita tempo a tempo cada región del Brasil nativo, y luego va mucho más allá. Este tránsito amplio y global hace del álbum un espaciamiento en el tiempo que lo hace un momento memorable, y que te anima a escucharlo de principio a fin.

No me queda más que reprocharle a The Wire el hecho de que su arqueo no será suficiente sin por lo menos incluir a una pieza como “Mora na filosofia”. Esta canción es en realidad la versión de una samba clásica del legendario sambista Monsueto, pero en voz de Veloso adquiere un tono melancólico y existencial, alejado del jolgorio del Carnaval.

El álbum inicia entre blues y bossanova con “You Don’t Know Me”. Con voz y arpegio de terciopelo, como la superficie de un níspero tropical que se abre para ofrecer su pulpa sedosa, Veloso se desliza entre inglés y portugués.

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Luego, Caetano le da una mordida al reggae -y otras especies jamaiquinas- para versionar el bosanova en “Nine Out of Ten”. Se escuchan rasgos y trazos de rocksteady a lo largo del álbum, haciendo la fusión entre el trópico brasileño, el africano y el caribeño. Es un triángulo sólido y transcultural.

Triste Bahia” comienza callada y nostálgica, acercándose como desde un remoto callejón del Salvador de Bahía colonial. Crece en ritmo y fuerza hipnótica como una samba que contagia con su ritmo y se te infiltra en la epidermis.

La comparsa se acerca cada vez más hasta que te envuelve por todos los flancos. De la nostalgia inicial, se improvisa un baile, una brincadeira que celebra lo que hasta hace muy poco era motivo de tristeza.

En “It’s a Long Way”, Veloso parafrasea e intercala el single beatlemaníaco “The Long and Widing Road” junto con otros clásicos del repertorio brasileño, como “Consolação” de Banden Powell & Vinicius de Moraes.

Es una carretera larga y trasatlántica que conecta directamente el rock británico con la Música Popular Brasileña. Una obra de infraestructura musical que además nos pasea por pueblos donde se escuchan también pregones parecidos a aquellos de los cantos esclavos, añorando la tierra lejana de la que fueron desgarrados.

Veloso construye su propia vía expresa (aunque antes inimaginable), conectando culturas antípodas.

Todos los caminos conducirán a la natal Salvador de Bahía. Ahí vamos a parar con la siguiente canción: la ya mencionada “Mora na filosofia” –hito de este álbum. Canción que quedará grabada en mi memoria como un destino y un punto de partida en eterno estado de transito.

La samba regresa con “Neolithic Man” acabando en un ritual cantomblé que desvía la vía de regreso a la Madre África. De ahí, regresamos al delta del Mississippi con “Nostalgia (that’s what Rock’n Roll is all about)”: un blues breve que sella un álbum transversal de múltiples coordenadas y latitudes.




El tropicalismo de Veloso conecta así puntos en hemisferios a ambos lados del Atlántico, para reinventarse y regurgitar la música occidental, luego de devorarla en carne y hueso.

Para los brasileños es ya usanza no marearse en viejos dilemas: Occidente vs. Nuevo Mundo, o imperio vs. colonia. La vanguardia brasileña rompe la dicotomía con un mito fundante y arbitrario: el mito del acto de devoración de los primeros misioneros coloniales.

En Transa, Caetano Veloso hace uso del método antropófago para digerir y luego construir una ruta imposible, transversal a culturas y géneros musicales. El resultado es un manjar exquisito, exótico e irrepetible, y una carretera que fluye orgánicamente entre coordenadas que parecían antípodas y lejanas.

Transa se reencuentra con su nativa Bahía para reinterpretar su lenguaje, emitiendo tonalidades ardientes que resuenan en las Américas tropicales y sureñas, la Europa insular y la África occidental.

José Armando García