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Ethel Cain en Noches del Botánico: el adictivo letargo del folk gótico sureño

Ethel Cain en Noches del Botanico
Foto: @FerGonzalez

La artista de Florida, en medio de una especie de bosque, presentó su adictiva propuesta ante un público cautivo y agradecido

Ethel Cain
Concierto en Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Universidad Complutense, Madrid
Noches del Botánico
The Willoughby Tucker Forever Tour

(Junio 9, 2026)

 
Con una carrera relativamente corta, la convocatoria de Hayden Silas Anhedönia alias Ethel Cain en Noches del Botánico fue realmente notable. Buena parte de los asistentes demostraron ser leales seguidores de su música, no precisamente una propuesta mainstream, aunque tenga algunas canciones de caracter más convencional dentro de una oferta que bebe de varias fuentes y se sumerge en sonoridades folk góticas, experimentos drone, slowcore, shoegaze, retuerce el country y la Americana y pincela con algunos toques pop que funcionan como cable a tierra.

Aunque Ethel Cain, publicó su primer EP en 2019, fue con el tercer EP, Inbred (2021) que comenzó a llamar la atención de crítica e inició el culto del que fuimos testigos en Madrid. Sin embargo, su relación con la música comenzó en la infancia, la cual fue desarrollando durante la adolescencia, a la par que su vida pasaba por una transformación trascendental en su condición sexual, además de recibir un diagnóstico de autismo ya de adulta.

La puesta en escena con plantas repartidas por todo el escenario, penumbra en largos pasajes, luces rojizas, dosificadas explosiones lumínicas sincronizadas con la música, y una niebla constante, fueron parte esencial de la propuesta, por la cual orbitan Cat Power, Cowboy Junkies, Mazzy Star, Low, Florence and The Machine, Chelsea Wolfe, Swans, Lana del Rey, entre otros, sin que ninguna de esas referencias opaque su inmenso talento.

Aunque Ethel Cain toca piano, guitarra, bajo y armónica, delegó los aspectos instrumentales en una banda sensacional compuesta por el gran baterista Bryan de Leon, la bajista/teclista Linnea Siggelkow y las fabulosas guitarras de Matthew Tomasi y Dakota Floeter.

El repertorio se afincó principalmente en el material del reciente álbum Willoughby Tucker, I’ll Always Love You (2025) (Parte junto a Perverts de Los 100 mejores discos de 2025 alrededor del mundo) y en segundo término en el debut, Preacher’s Daughter (2022).

La pista de “Willoughby’s Theme” fue la puerta de entrada al universo fascinante de Ethel Cain, que conectó con “Sunday Morning” el tema más antiguo que tocó, perteneciente a su primer EP de 2019, Golden Age.

Hola Madrid, ha pasado un tiempo” (los tres últimos años se ha presentado en España), y enseguida lanzó la emblemática “American Teenager”, cantada con pasión por buena parte del público. Es, sin duda, una de las canciones de estructura más accesible.

Ethel Cain en Noches del Botanico
Foto: @FerGonzalez

Con “Janie”, comenzó el viaje hacia territorios más introspectivos, una pieza aletargada y sensible con guitarras arropando la voz de Ethel, la cual dio inicio a una impresionante seguidilla de piezas del reciente disco. “Nettles” continuó con la atmósfera bucólica, esta vez con más claros elementos country-folk.

El tramo central del concierto nos adentró en las tinieblas sureñas, y allí se incluyeron las piezas -a nuestro juicio- más aventuradas e interesantes de su propuesta. Y así, la grabación de “Willoughby’s Interlude” dio paso a la monumental “Dust Bowl” cuyo desarrollo va de la languidez tipo Mazzy Star a las cadencias ritualísticas de Swans o Chelsea Wolfe. El Wall of Sound creado por las guitarras fue bestial.

Pero lo mejor estaba por llegar. Siguieron con la combinación de “Perverts” y “Vacillator”, pertenecientes a Perverts (2025), disco experimental que refleja las varias inquietudes de Ethel Cain. Los seis minutos transcurrieron en un universo ligado a Cowboy Junkies, con acordes alargados y una batería lisérgica.

Y entonces emergió la impresionante “Ptolemaea” (de Preacher’s Daughter), quizá los minutos más inquietantes del concierto, una especie de ritual oscuro, con las guitarras construyendo una telaraña sonora apabullante, con una base rítmica contundente y Ethel dirigiendo una especia de exorcismo colectivo, con deudas a Chelsea Wolfe, Anna Calvi y Swans.

Continuaron con una versión más eléctrica y tribal de “Gibson Girl”, otro momentazo que nos mantuvo elevadísimos. El público respondió con intervenciones que parecían ensayadas y Ethel aprovechó para presentar con euforia y agradecimiento a los músicos.

No hubo tregua. Los casi 12 minutos de intenso slowcore de “Radio Towers” y “Tempest”, nos dejaron en estado de levitación absoluto. Fue una especie de lamento.

Ethel Cain en Noches del Botanico
Foto: @FerGonzalez

Y con la maravillosa y triste  “A House in Nebraska”, otra incursión en los laberintos de la existencia (amor, desamor, ausencia, soledad) Ethel se despidió por primera vez, dejándonos estrofas como:

Pero aún considero mi hogar esa casa en Nebraska / Donde nos encontramos en un colchón sucio en el segundo piso / (Donde te necesitaba, y aún te necesito) / Donde el mundo estaba vacío, salvo tú y yo / Donde llegaste y reí, y te fuiste y lloré / Donde me dijiste que incluso si moríamos esta noche, moriría contigo / (Así que morí allí, bajo ti, cada noche, toda la noche) / Sabes, aún espero en las afueras del pueblo / Rezando a Dios para que tal vez regreses / Lloro todos los días y las botellas lo empeoran / Porque eras el único al que nunca tuve miedo de decirle que me dolía

El minuto instrumental final, con ella de pie dando la espalda, fue emocionalmente devastador. Entre la niebla rojiza desapareció y hubo que esperar un par de minutos para el retorno.

Y como para que nos fuéramos algo más relajados, los dos últimos temas fueron “Crush” y “Sun Bleached Flies”, ambos esperados y que pertenecen al lado más gentil de su propuesta.

Esperamos que Ethel Cain siga repitiendo sus visitas a España y nos permita volver a sumergirnos en su particular bosque de sensaciones.

Juan Carlos Ballesta