Inicio Archivo discografico Antics: las seductoras estampas neoyorquinas de Interpol

Antics: las seductoras estampas neoyorquinas de Interpol

Interpol Antics

El 28 de septiembre de 2004 la banda neoyorquina publicó su segundo álbum, consolidando su infeccioso sonido post punk oscuro pero accesible

Interpol
Antics

Matador. 2004. EE. UU.

A comienzos del siglo 21 se produjo una avalancha de grupos que rescataban el sonido del synth-pop, el post-punk y new wave de principios de los años 80.

La ciudad de Nueva York se convirtió en uno de los principales reductos de este “revival”, con interesantes bandas como The Strokes, The Rapture o The Fiery Furnaces, que retomaban el legado de grupos como Gang Of Four, Soft Cell, Television, Joy Division o The Cure, para fusionarlo con su propia identidad y algunas otras influencias más actuales.

Una de las agrupaciones de mayor atractivo dentro de ese variopinto conglomerado es Interpol, un cuarteto formado a principios de la década y que con apenas dos discos ya probaba ser una de las grandes esperanzas del inagotable manantial neoyorquino. Su sonido representaba una de las más estilizadas y cristalinas propuestas del pop de nuevo cuño, con una ejecución instrumental impecable y voces de gran emotividad.

El potencial de Interpol fue notado por el gran olfato de John Peel, el recordado radiodifusor británico -fallecido justo un mes después de la publicación de Antics– cuando en la primera y breve visita que el cuarteto hizo a Londres en abril de 2001 decidió darle la oportunidad en sus legendarias Peel Sessions.




Cuando la formación ya se había estabilizado con Paul Banks (guitarra y voz principal), Daniel Kessler (guitarra y voz), Carlos Dengler (bajo y teclados) y Sam Fogarino (batería) el grupo es firmado por la prestigiosa disquera de NY, Matador y a partir de ese momento la carrera de Interpol toma un importante auge.

A finales de 2002 es editado Turn On The Bright Lights, un magnífico debut permeado por los trágicos acontecimientos ocurridos en su ciudad,  por atmósferas de envolventes guitarras y ciertas inflexiones vocales de Banks que recuerdan a algunos grupos ingleses de principios de los 80.

Sin embargo, el disco poseía otros componentes emparentados con el entorno musical de Nueva York, así como un seductor toque propio de una banda con decidida vocación de trascendencia.

Piezas como “Say Hello to The Angel”, “Obstacle 1”, “Leif Eriksson” o el muy emotivo homenaje a su ciudad, “NYC”, son apenas la punta de lanza de uno de los discos debut más reveladores de la primera década del siglo 21, que muchos críticos decidieron comparar con Joy Division.

Dos años después Interpol regresó con Antics (2004), diez nuevas canciones no muy alejadas de la estética de Turn on The Bright Lights, pero con una producción más cuidada y un sonido más pulido que su predecesor, redondeando las ideas que ya habían asomado con éxito en su primera incursión.

Si bien algunos de los que alabaron su primer disco esperaban algo radicalmente distinto, los cuatro músicos prefirieron seguir desarrollando las ideas musicales con las que se sentían más a gusto, algo que se percibe en cada acorde contenido en este segundo capítulo de su discografía.

Una serie de 10 canciones perfectas componen este disco que empieza con “Next Exit” una estupenda puerta de entrada, para seguir con la contundente “Evil”, la intensa “Narc” y la sofisticada “Take You on a Cruise”.

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Un acercamiento a la emblemática banda inglesa Psychedelic Furs se nota en otras piezas a lo largo del disco, entre ellas “Length of Love”, “Slow Hands” y “A Time to Be So Small

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Por su parte, “Not Even Jail” posee una base rítmica repetitiva sobre la que navegan las guitarras de Kessler y la voz de Banks, recordando los mejores tiempos de la dupla Ian McCulloch y Will Sergeant de Echo & The Bunnymen.

Pero hay más, “Public Pervert” es una pieza midtempo de aire romántico durante el primer tramo que luego acelera un poco y aumenta la intensidad, para entonces retomar el espíritu inicial

Una de las piezas emblema de Antics es “C’Mere”, quizá la más “alegre” y pegadiza

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La pieza final, “Direction”, es distinta, más experimental, con una guitarra protagonista, un ritmo circular y una presencia de la voz de Banks casi fantasmal. Es un cierre maravilloso.

Interpol es una banda infaltable en la colección de cualquier seguidor del dark rock, un chorro de aire fresco para una corriente que había alcanzado su cenit 20 años atrás.

Juan Carlos Ballesta


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