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50 años del adictivo Sex Machine: la explosión funk de James Brown

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James Brown Sex Machine

En septiembre de 1970 vio la luz el gran doble álbum que contiene la versión larga de uno de los más infecciosos temas de la historia del funk 

James Brown
Sex Machine

King. 1970. EE UU

En julio de 1970 se publicó como single el tema “Get Up (I Feel Like Being A) Sex Machine (Part 2)” y de inmediato se convirtió en un exitazo y en el gran himno inmortal de la historia del funk.

James Brown venía de publicar aquel mismo año, Soul Top, una especie de divertimento acompañado de una big band, en el cual reinterpretó muchos de sus temas más emblemáticos.

Sin embargo, Brown llevaba una línea estética que lo había convertido en el gran padre del funk desde que en 1967 publicó Cold Sweat. La super banda que confeccionó fue de altos quilates.

Así, Brown se adentró en la nueva década como el gran paradigma de la música negra, cuya influencia se extendía hasta África, muy en especial hasta Fela Kuti, cuyo afrobeat tiene mucha deuda con el funk.

El extraño híbrido titulado Sex Machine, mercadeado como si fuera un doble disco totalmente en vivo, fue publicado en septiembre de 1970. En realidad, se trataba de un primer disco grabado en estudio, al que se le superpusieron unos extraños aplausos, y un segundo grabado en directo en Augusta, Georgia, el pueblo natal de Brown.

El inicio del lado A del primer disco es una auténtica joya. Se trata de la versión extendida de casi 11 minutos del tema previamente difundido (de una distinta sesión de grabación) en las emisoras de radio, casi seis minutos más corto. Fue grabado en Cincinati, Ohio, el 23 de julio de 1970.

Adictivo, sudoroso y absolutamente infeccioso,  “Get Up (I Feel Like Being A) Sex Machine” encontraba a Brown y su banda en el cenit de su poderío, con la distintiva guitarra de Phelps «Catfish» Collins, la hipnótica base rítmica del grandísimo bajista William «Bootsy» Collins y el baterista John «Jabo» Starks, con la indispensable contribución del inseparable Bobby Bird como segunda voz, el hombre que junto a su familia rescató de la pobreza al joven Brown

En el tema que completa el lado A, “Brother Rapp (Part I & Part II)”, la sección de metales compuesta por los trompetistas Clayton «Chicken» Gunnels y Darryl «Hassan» Jamison y el saxofonista Robert «Chopper» McCollough tiene un rol más protagonista, con Brown en una de sus frenéticas y características vocalizaciones que lo hacían ver como si entrara en un trance.

La repetitiva base rítmica, contribuye al carácter envolvente. Fue grabado el 14 de octubre de 1969

El lado B del disco en estudio lo abre “Bewildered”, la cual conforma un “Medley” junto a “I Got The Feelin’” y “Give It Up or Turnit a Loose”.

La primera pieza, compuesta por Teddy Powell y Leonard Whitcup refleja los tiempos previos al nacimiento del funk, cuando Brown reinventaba el R&B combinando el doo-wop, la herencia de las poderosas secciones de metal del jazz con ritmos enmarcados dentro del naciente soul. La grabó originalmente en 1959 con su banda Famous Flames.

Una versión de apenas un minuto del potente tema que grabaron en 1968, sirve de puente con el tercer tema, editado originalmente como single, uno de los más increíbles funks de Brown, en el cual hace referencia a “Sex Machine”.

Participan en este Medley, Clyde Stubblefield en la batería y Johnny Griggs en la congas, mientras Boby Bird se encarga del órgano

El segundo disco, registrado el 1 de octubre de 1969 en el Bell Auditorium de Augusta, Georgia, contó con una banda de 13 músicos, incluyendo a tres bateristas (Clyde Stubblefield, John «Jabo» Starks y Melvin Parker), el sexteto de vientos compuesto por Richard «Kush» Griffith (trompeta), Joseph Davis (trompeta), Fred Wesley (trombón), Maceo Parker (saxo tenor), Eldee Williams (saxo tenor) y St. Clair Pinckney (saxos tenor y barítono), los guitarristas Jimmy Nolen y Alphonso «Country» Kellum, el bajista Sweet Charles Sherrell y por supuesto James Brown en la voz y ocasional órgano.

Aunque las ausencias de los fenomenales hermanos Collins y Bird es notable, los músicos que participaron eran de alto estándar, tal como siempre exigía Brown.

El tema inicial, “I Don’t Want Nobody to Give Me Nothing (Open Up the Door I’ll Get It Myself)”, pone de una vez los puntos sobre las “ies”, con un funky pegadizo comandado por los metales que desemboca en el frenético minuto de “Licking Stick – Licking Stick

Extrañamente, el siguiente tema, el instrumental “Lowdown Popcorn”, fue extraído de una grabación de 1969. En ella sobresale el órgano de Bobby Bird. A pesar de no pertenecer a la misma presentación, funciona.

Una agradable sorpresa es la versión instrumental en clave funky-jazz del exitoso tema “Spinning Wheel”, compuesto por David Clayton-Thomas para Blood Sweat & Tears.

Su groove es menos acelerado que el original y eso le otorga un espíritu más hedonista.

Otra versión, en este caso “If I Ruled the World”, original de Leslie Bricusse y Cyril Ornadel, originalmente parte del musical Pickwick de 1963, cierra el lado A de este segundo álbum.

El tema rompe con el espíritu funk, en favor de una instrumentación más clásica y comedida.

En la clásica forma triunfal, “There Was a Time”, abre el último lado, y nos devuelve al universo salvaje y desatado de James Brown, con el público totalmente inmerso.

Sirve de perfecto preámbulo para dos de los más conocidos clásicos del catálogo pre-funk de Brown: la sensual “It’s a Man’s Man’s Man’s World”, aquí en una de las más redondas interpretaciones de su historia en la que destaca el órgano, la guitarra y una endemoniada sección de metales; y “Please Please Please”, en una versión vitaminada

Sirve el corto tema “I Can’t Stand Myself (When You Touch Me)”, para llegar al último tema, “Mother Popcorn”, que Brown compuso junto a Pee Wee Ellis y que, a no dudarlo, es otro de los grandes funk de la historia. Perfecto cierre.

Este doble álbum califica como uno de los más brillantes, inspiradores e influyentes momentos de la música negra de todos los tiempos, protagonizado por una banda inolvidable al mando de un artista único en la historia.

Juan Carlos Ballesta