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El radio está en la cocina: el arriesgado último disco de kRé

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En octubre de 2005 el grupo caraqueño publicó su segundo y último álbum, una aventurada mezcla de post rock, jazz, dub y afrobeat

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El radio está en la cocina

Auto editado. 2005. Venezuela

El cuarteto caraqueño kRé no fue un grupo cualquiera. Su música no era rock, tampoco jazz, pero bebía de ambos géneros para construir una propuesta híbrida caracterizada por el riesgo y la libertad creativa.

Ya lo habían advertido tres años antes con su debut Ruido Doméstico (2002), un trabajo con deudas al sonido Canterbury de los años 70 (Soft Machine, Caravan, Hatfield and The North, National Health, Egg), lo que equivale a referirse al pináculo del jazz-rock progresivo británico.

Con el núcleo fundador intacto desde 1999, Raul Monsalve (bajo), Hugo Mármol (batería) y Ruben D´Hers (guitarra), la formación del grupo se amplió con la llegada de José “Chemi” Gutierrez (piano Fender Rhodes y Roland JP-4) quien ya había colaborado en el primer disco.

El segundo y último disco, El radio está en la cocina (05), editado de forma independiente (con la ayuda de la recordada Discotienda Esperanto), significó un enorme paso hacia la exploración de nuevas fronteras musicales en las que se imbricaban el jazz fusión, el posrock de la escuela de Chicago (Tortoise, Chicago Underground Trio), el afrobeat, el free jazz, el rock latino y, de nuevo, el sonido Canterbury.

El comienzo del álbum no podría ser mejor. “La curva y el humo” es una pieza salvaje dominada por una gran línea de bajo y una soberbia guitarra, entre los que se desenvuelven un frenético piano eléctrico, el saxo soprano de Gorgias Sánchez y la percusión de Ricardo Chitty, dos de los invitados.

De inmediato aparece “Muco”, el momento más funky, ideal para la improvisación en vivo. El homónimo tercer tema es una composición colectiva que navega sobre manipulaciones radiales de salsa y guaguancó manejadas por D´Hers. En paralelo, la batería jazzeada de Marmol y el apoyo en percusión de Jose “Viruta” Martínez, colorean una larga pieza con aroma latino.

En “Columpio” se manifiesta por primera vez la notable influencia de Tortoise, la agrupación de Chicago que a mediados de los 90 irrumpió con una particular mezcla de jazz, dub, rock, electrónica e inflexiones folk.

El sentido de la improvisación domina buena parte de El radio está en la cocina, un recurso dosificado con tacto e inteligencia.

Entre 6 y 8” es una pieza con influencias del afrobeat, no solo por la percusión, sino por las trompetas de Nayon Paiva. Los minutos más envolventes son los de “Eclipse Falcón”, donde además de las referencias al disco TNT de Tortoise se escuchan ecos del krautrock más metronómico (Neu!, Can).

El próximo tema, “Exhalaciones”, es una exquisita composición con un largo desarrollo que sirve como preámbulo a “Una corriente indefinida y otra finita”, un muy adecuado cierre.

El atractivo diseño en CD digipack concebido por D´Hers y Monsalve no podía ser una mejor carta de presentación para un disco que difícilmente podía sonar en la programación regular de una emisora de radio convencional.

Su espacio natural estaba en programas especializados y en las colecciones de aquellos que aman la música sin compromisos, arriesgada y con decidida vocación exploratoria.

Quince años después, es tiempo de volver a reivindicar este gran disco, liderado por Rubén D’Hers y Raúl Monsalve, dos músicos que en la década siguiente emprendieron caminos muy distintos, el primero hacia Alemania para sumergirse en la música experimental y el arte sonoro, y el segundo hacia Francia para explorar la fusión del afrobeat y los ritmos afrovenezolanos con su proyecto Los Forajidos.

Juan Carlos Ballesta