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Bichos: infeccioso afrobeat venezolano de Raúl Monsalve y Los Forajidos

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Bichos Raul Monsalve y Los Forajidos

El bajista y compositor venezolano lanza el tercer álbum de su proyecto que mezcla de manera brillante ritmos afrovenezolanos y afrobeat

Raúl Monsalve y Los Forajidos
Bichos

Olindo Records. 2020. Venezuela / Francia

De entrada hay que dejar sentadas dos cosas sobre Bichos. La primera es que mereció la pena la larga espera de seis años desde el segundo álbum de Raúl Monsalve junto a su banda Los Forajidos. La segunda y más importante, es que este trabajo califica entre los más atractivos discos editados en 2020 dentro del vasto universo del world beat / world music y cualquier intento de hibridación cultural.

Raúl Monsalve es uno de esos músicos que estaba predestinado a grandes cosas. Sin aspavientos, sin poses, con paciencia y sobre todo, sentido del riesgo y conocimiento del terreno que pisa, ha logrado posicionarse en un competido y difícil terreno con una propuesta sólida y adictiva.

Sus intentos por hilar entre tres continentes (América, África y Europa) y diversas corrientes musicales ha sido siempre notable, tanto desde sus inicios con la agrupación kRé (leer reseña de El radio está en la cocina de 2005), como en todos los proyectos en los que ha participado, primero en Venezuela con Cabezon Key, El Supremo Hongo Imaginario, Quinto Aguacate y su propio grupo formado en 2009 con la participación de varios de los más aventurados músicos venezolanos.

En la música de Raúl conviven con naturalidad el jazz de Canterbury, el afro beat, el dub, los ritmos afrovenezolanos, el bugalú, el post rock y más.

Ya afincado en París ha podido compartir con músicos de la legendaria banda Afrika 70 de Fela Kuti, salir de gira con The Heliocentrics y el saxofonista nigeriano Orlando Julius, al tiempo que se establecía como bajista del maravilloso cuarteto Insólito UniVerso, que explora también, aunque desde otro ángulo, las posibilidades de fusión de la música venezolana con ritmos y corrientes contemporáneas.

De la cercanía con The Heliocentrics (grupo londinense que ha colaborado con el etíope Mulatu Astatke), surgió la relación con el productor/ingeniero/batería Malcolm Catto, a quien Monsalve confió la grabación y parte de la mezcla en los estudios Quatermass Sound Lab de Londres, proceso complementado por Benjamin Leherissey en Studio Blinc de Aubervilliers, al norte de París y Fidel Goa en CCS Mix & Mastering, Caracas.

Los nueve Bichos

Lo primero que llama poderosamente la atención es la ilustración de la portada, responsabilidad de Gustavo Dao, en la que aparecen una serie de bichos y alimañas, como si se tratase de un cuadro de El Bosco. El diseño es de Abraham Araujo / Bestialo Culapsus A+E, otro venezolano de amplio criterio.

El título del disco posee un significado múltiple y está directamente relacionado con Venezuela, donde el término “bichos”, además de estar relacionado a distintos animales o insectos, funciona en el lenguaje coloquial para referirse también a las personas, con cariño o desprecio.

A través de esa palabra, su autor indaga en una amplia gama de cualidades como la codicia, el odio, la estupidez, el amor y la compasión, y cómo ellas han generado el inmenso nivel de corrupción y la división en Venezuela y en muchas otras partes del mundo. Pero también se refiere a las fortalezas de la amistad, la familia, la colaboración, la rebelión y la supervivencia.

El disco comienza con “Malembe”, con la participación de Jesús Rondón y el conocido grupo vocal Vasallos de Venezuela (antes conocido como Vasallos del Sol), con un sampleo de “Malembe de Mendoza” y un sintetizador bajo de fondo. Es, sin duda, una excelente puerta de entrada de apenas minuto y medio.

Irrumpe entonces “Bocón”, fantástico híbrido de afrobeat y tambores afrovenezolanos, donde se lucen por igual la vocalista Luzmira Zerpa (de Family Atlantica), los saxos de Christine Roch y Andrés Vela y la sección rítmica conformada por Baldomero Verdú, Ernesto Marichales y Joel Arriaga, en los quitiplás.

En “Cafunga”, los cumacos de Verdú, Marichales y Arriaga, y la batería de Dave de Rose (Agile Experiments, Moloko, Mark Ronson), proporcionan una hipnótica base en ritmo de sangueo sobre la que se escucha la grabación de una mujer hablando sobre el postre venezolano y en la que se luce Edgar Bonilla en el piano eléctrico.

En la divertida pieza “La Pulga”, Monsalve se atreve con la voz solista, con el soporte de las voces de Mónica López, Lya Bonilla y Rafael Mejías. Es uno de los temas donde más brilla la guitarra de Daniel Núñez. La percusión afrovenezolana y un sedoso colchón de teclados, redondean otra estupenda composición.

Palo de agua” funciona como una especie de interludio, recordando un poco a Vytas Brenner. Toda la artillería percusiva de la agrupación Afrocódigos (Norman Miranda, Marcos Espinoza y Manuel Lara), parece desbocarse, aunque por encima de ellos suena la melodía del teclado. Es una composición compartida entre Monsalve y Núñez.

Da paso a “Mosquito”, una de las piezas claves del disco, aventurada mezcla de afrobeat, funk y tambores mina de Barlovento, la región de donde es oriunda la gran cantante Betsayda Machado, quien hace su triunfal aparición avanzado el tema para verter su canto de protesta en contra de los políticos “roba sangre” (mosquitos) que afectan a las poblaciones de todo el mundo y especialmente en Venezuela.

La participación de la sección de metales es fundamental.

La Mariposa”, con Lya Bonilla en la voz, transcurre a ritmo del sangueo, tradicionalmente utilizado para venerar a San Juan Bautista, transformado en un afrofunk futurista mediante el uso de sintetizadores y efectos, apuntalado por los vientos.

El imaginativo Rafael Pino (la mitad de El Tuyero Ilustrado) es invitado con su fino verbo en “Los tres venenos”, en la cual recita unos versos costumbristas llenos de picardía sobre el sonido de grillos, luciérnagas y demás bichos característicos de los llanos venezolanos.

El tema final es “Pa’ los maestros”, un cha cha chá mezclado con bugalú en homenaje a los maestros de la cultura afrolatina, con lucimiento de Yves Prud’homme en congas y bongos, Ernesto Marichales en los timbales y los metales de Julien Matrot (trompeta), Andrés Vela (saxo tenor) y Christine Roch (saxo barítono).

Raul Monsalve ha trabajado a pulso este nuevo disco, con un equipo de músicos y ingenieros de Venezuela, Francia e Inglaterra de altos quilates.

El afrobeat, tan explotado por grupos de Europa y América en tiempos recientes con pocas variantes respecto a la fuente original, recibe aquí un tratamiento muy distinto a través del redimensionamiento del legado musical venezolano, especialmente el relacionado con la herencia africana, un cuidadoso y vanguardista tratamiento que servirá para proyectar una realidad musical no merecidamente conocida en el mundo.

Juan Carlos Ballesta