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Emperor Tomato Ketchup: el pináculo de Stereolab

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Stererolab Emperor Tomato Kechup

El 18 de marzo de 1996 el sexteto anglo-francés publico su emblemático cuarto álbum, con la ayuda de John McEntire, quizá su obra maestra

Stereolab
Emperor Tomato Ketchup

Duophonic / Elektra. 1996. Inglaterra

Luego de tres álbumes y dos compilados, con los cuales Stereolab ya había construido un culto y ganado críticas positivas, se produjo el gran salto con Emperor Tomato Ketchup.

A mediados de los años 90, mucho estaba pasando en la música popular. En Gran Bretaña la música electrónica -en sus varias formas- estaba en un momento explosivo, al igual que el llamado britpop (Oasis, Blur, Pulp, Suede, Radiohead…), mientras que una corriente estética como el trip hop (Portishead, Massive Attack, Tricky) generaba especial interés.

En Estados Unidos, en cambio, aún se vivían los coletazos del grunge y el llamado rock alternativo producía grandes discos.

Pero, había mucho más que emparentaba parte de lo que ocurría a ambos lados del Atlántico. En 1994, el periodista inglés Simon Reynolds había acuñado el término “post rock” en un artículo en la revista The Wire, para referirse a un puñado de bandas que redimensionaban las fronteras y los preceptos del rock. No era un movimiento articulado ni obedecía a reglas específicas, y precisamente ello era su principal atractivo, la búsqueda de nuevas formas a partir de otras existentes.

En ese conglomerado se encontraba Stereolab, que combinada elementos del pasado (lounge, krautrock, bossanova, chanson, psicodelia), el indie rock de los primeros 90, y aspectos modernos ligados al post rock, todo manejado con una estética lo-fi.




A partir de este cuarto álbum, la producción del grupo adquirió otro nivel, puliendo la calidad de grabación y sofisticando de manera sorprendente la ejecución y composición.

Mucho de ello se debe a la activa participación de John McEntire en los procesos de ingeniería y producción, y también contribuyendo con marimbas, maracas, sintetizadores analógicos y  guitarra. McEntire, miembro fundamental de The Sea and Cake y Tortoise, bandas centrales de la escena post rock y art rock de Chicago, se había convertido en un referente de la vanguardia, apoyado en discos paradigmáticos como Millions Now Living Will Never Die, publicado dos meses antes en aquel 1996 y concebido en paralelo a Emperor Tomato Ketchup.

No es descabellado afirmar que esta es la piedra angular en la discografía de Stereolab, aunque el siguiente, Dots and Loops (1997), es otro trabajo de similar envergadura.

A finales de 1995, el sexteto para entonces conformado por Lætitia Sadier, Tim Gane, Duncan Brown, Mary Hansen, Morgane Lhote y Andy Ramsay, entraron a los estudios Blackwing de Londres y Idful Music Corporation de Chicago, para grabar las 13 canciones que conforman el disco.

Junto a ellos, John McEntire y Sean O’Hagan (órgano Vox, piano Wurlitzer, vibráfono y arreglos de cuerdas), terminaron de conformar un sólido e inspirado grupo de trabajo.

La llamativa portada está inspirada en la de un disco de 1964 de la Bamberg Symphony Orchestra –conducida por Heinrich Hollreiser- interpretando el Concerto for Orchestra del compositor húngaro Béla Bartók, mientras que el título del disco es el mismo de la película experimental de 1971 dirigida por el japonés Shüji Terayama.




El disco abre con “Metronomic Undeground”, uno de los platos fuertes del álbum, elegido como single a pesar de los casi ocho minutos de duración. El sonido pastoso de los sintes, el bajo maravilloso, la forma de cantar de Sadier, los coros que recuerdan la Onda Nueva del venezolano Aldemaro Romero y propuestas del sello Warp, el volátil piano eléctrico y el repetitivo ritmo de batería, construyen una estructura hipnótica.

Cybele’s Reverie”, un uno de esos temas con aroma al hedonismo de la canción pop ye-ye francesa de los años 60, es una exquisitez. Está cantada en francés y fue el segundo single extraído.

Uno de los temas grandiosos es “Percolator”, también en francés. De ritmo más acelerado, en tempo 5/4, es dominado por el bajo de inspiración prog y los teclados, con Sadier cantando con soltura. A destacar el saxo de Ray Dickarty

Entre nuestros favoritos, sin duda

Un tema de ritmo metronómico y sinte volador que enamora es “Les Yper Sound”, el cual es seguido por el corto “Spark Plug

OLV 26”, en el aspecto rítmico e instrumental tiene un vínculo directo con grupos alemanes como Kraftkerk, Neu!, Harmonia o Cluster, y también el dúo neoyorquino Suicide, mientras que vocalmente nos traslada a la ribera francesa.

The Noise of the Carpet”, con un sonido aún ligado con la primera etapa de Stereolab, fue también elegido como single promocional destinado a algunas emisoras de radio. Es una de las pocas piezas del disco con verdadero protagonismo de la guitarra.

Otro de los temas centrales es “Tomorrow is Already Here”, con un órgano cercano a Inspiral Carpets o The Charlatans, aunque con un ritmo más quebrado y el magnífico vibráfono de McEntire.

La vocalización de Sadier, con las segundas voces de Hansen y Gane, es exquisita. Aromas a Beach Boys sobrevuelan.

El tema que da nombre el disco, “Emperor Tomato Ketchup”, es el más cercano al clásico “Halogallo” de Neu! -aunque con voz-, que inspiró a muchas bandas de los 90 y trajo de vuelta al krautrock.

Contrasta totalmente el sosegado tema, “Monstre Sacre”, en el cual O’Hagan tiene una participación determinante con el vibráfono y los arreglos de cuerdas, que son ejecutadas por Mandy Drummond, Meg Gates, Sally Herbert y Marcus Holdaway.

Cuando uno cree que ya el disco no puede dar más de sí, Stereolab nos tiene reservados tres últimos temas con pesos específico. Eran los tiempos de gloria del formato CD y los grupos solían aprovechar su capacidad. En este caso, el grupo extendió el tiempo hasta los 57 minutos.

Motoroller Scalatron”, “Slow Fast Hazel” y “Anonymous Collective”, son ese trío final, cada una con su particular e hipnótico encanto.

Emperor Tomato Ketchup, junto a otros álbumes, fue objeto de una fabulosa reedición en 2019 en triple LP. Este es uno de esos discos que sigue sonando tan atractivo como en el momento en que fue publicado.

Sin duda, una de los grandes obras de la década de los 90 cuyos ecos, en mayor o menor grado, pueden encontrarse en propuestas que emergieron en esos sucesivos años, como Plone, Stereo Total, Quickspace Supersport, Union Wireless y especialmente, Broadcast

Juan Carlos Ballesta


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