El 18 de junio de 1996, la legendaria poetisa del rock, volvía a editar nueva música tras unos años de dolorosas pérdidas en su entorno, entre ellas la de su pareja, el músico Fred Sonic Smith
Patti Smith
Gone Again
Arista. 1996. EE UU
Durante demasiado tiempo la carrera de Patti Smith fue incierta. Cuando parecía que finalmente había abandonado su retiro familiar con Dream of Life (1988) que sucedió al gran Wave (1979), se hizo el silencio de nuevo.
De nada valió el éxito de temas como “Power to the People”. Patti volvió a retraerse y tal como había pasado en la década de los 80, parecía que también los años 90 se privarían de una de las voces y figuras más importantes e influyentes del rock.
Sin embargo, una serie de tristes acontecimientos influyeron en que Patti retomara su carrera.
El 18 de junio de 1996 vio la luz Gone Again, un disco que ocupa un lugar singular en la discografía de Patti Smith. No fue simplemente un regreso discográfico: fue una resurrección artística.
Si Dream of Life (1988) había roto ocho años de silencio tras Wave (1979), Gone Again confirmó que Smith volvía para quedarse. Además, apareció en un momento en que muchos la consideraban una figura histórica del punk más que una artista en activo. El disco demostró exactamente lo contrario.
Patti Smith y el largo camino de regreso
Cuando Patti abandonó prácticamente la música a comienzos de los años 80 para vivir con Fred Sonic Smith (MC5) en Michigan y criar a sus hijos, la retirada parecía definitiva. Sin embargo, ella y Fred siempre habían imaginado volver a la actividad pública cuando los niños fueran mayores.
La tragedia alteró ese plan. Entre 1988 y 1996 sufrió una cadena devastadora de pérdidas: murieron Fred (1994), su hermano Todd, su amigo, ex-pareja y cómplice artístico Robert Mapplethorpe, el teclista de la Patti Smith Group, Richard Sohl y también Kurt Cobain, por quien sentía una profunda empatía.
Aquellas muertes fueron el verdadero motor emocional del álbum.
Según varios testimonios de la época, fue la propia comunidad musical que la rodeaba quien la empujó a volver a actuar. Tras algunos conciertos en 1995, Patti comprendió que la música era la única forma de procesar el duelo. Muchas canciones nacieron mientras aprendía guitarra acústica con mayor disciplina y escribía para sobrevivir emocionalmente.
Grabación y producción de Gone Again
El álbum fue grabado principalmente en los legendarios Electric Lady Studios de Nueva York y producido por Malcolm Burn junto a Lenny Kaye, su inseparable guitarrista desde los tiempos de los pequeños recitales de poesía en locales de Manhattan
El sonido evitaba el tono de confrontación rabioso de Horses o Radio Ethiopia, predominando las texturas acústicas, los tempos medios y una atmósfera de elegía. Sin embargo, no es un disco derrotista: la energía rock sigue apareciendo en canciones como «Gone Again«, «Summer Cannibals» o «Wicked Messenger«.
Es un álbum que oscila constantemente entre duelo y supervivencia.
La banda principal que acompañó a Patti (voz y guitarra) estuvo formada por Lenny Kaye (guitarras y producción), Jay Dee Daugherty (batería), Tony Shanahan (bajo), Luis Resto (teclados), con la participación de invitados de lujo como su amigo Tom Verlaine (guitarra) -líder de Television-, John Cale (órgano) -productor de Horses-, Oliver Ray (guitarra, flauta), Jeff Buckley (coros, esraj), Jane Scarpantoni (violonchelo), Eileen Ivers (violín) y Kimberly Smith (mandolina)
La participación de Jeff Buckley tiene hoy un valor histórico añadido ya que fue una de las últimas grabaciones publicadas en vida del cantante.
La foto de portada de la gran Annie Leibovitz, con elegante diseño de Angela Skouros, contribuyó al aura de este retorno.
Gone Again canción por canción
La apertura con «Gone Again» es perfecta. Coescrita con Fred Sonic Smith, fue una de las últimas colaboraciones de la pareja. Arranca con una energía casi épica, una especie de llamada a las armas.
Aunque habla de ausencia, también proclama resistencia.

«Beneath the Southern Cross» es una de las interpretaciones vocales más conmovedoras de Patti. Jeff Buckley aporta coros y John Cale toca el órgano.
La canción reflexiona sobre la mortalidad y la desaparición de los seres queridos bajo una atmósfera casi litúrgica.

«About a Boy» es una elegía dedicada a Kurt Cobain. No es una canción sobre Nirvana sino sobre la fragilidad de un joven artista consumido por la fama y el sufrimiento.
Con más de ocho minutos, es una de las piezas más intensas y notables del disco, una especie de balada-blues en la que la guitarra de Kaye se desdobla, la batería de Daughtery suena sensacional y Patti recita, se lamenta, clama desesperada…

«My Madrigal» es probablemente la canción más desgarradora del álbum. Está construida como una carta de amor a Fred Sonic Smith.
La melodía es delicada, pero el peso emocional es enorme. El cello de Jane Scarpantoni resulta fundamental

«Summer Cannibals» es la excepción luminosa del disco. También basada en material compuesto con Fred. Es una celebración del deseo, la energía y la vida física. Terminó convirtiéndose en uno de los sencillos más conocidos del álbum.
«Eat the summer cannibals /
Eat, eat, eat /
You eat the summer cannibals /
Eat, eat, eat»

«Dead to the World» es una canción de aire folk y casi apalache, a lo que contribuye el dulcimer de Malcolm Burn. Trata el sentimiento de extrañamiento que produce el duelo: permanecer vivo mientras el mundo parece haber desaparecido.

«Wing» es uno de los grandes clásicos tardíos de Patti Smith. La letra habla de independencia, transformación y renacimiento. Muchos críticos la consideraron una declaración de supervivencia tras las pérdidas sufridas.

En «Ravens» los cuervos aparecen como mensajeros entre el mundo de los vivos y los muertos. La canción mezcla imaginería poética y referencias espirituales muy características de Patti.
El acordeón y la mandolina de Kimberly Smith conducen la canción.

«Wicked Messenger» es una fantástica versión del tema de Bob Dylan. Patti transforma la composición en algo más oscuro y tormentoso, integrándola perfectamente en la narrativa del álbum.

“Fireflies” es la pieza más larga del disco. Hipnótica y contemplativa. Funciona como una meditación nocturna sobre la memoria, la naturaleza y los espíritus que permanecen presentes.
Jeff Buckley toca aquí el esraj, un instrumento de cuerda variante moderna del dilruba, muy usado en Paquistán y el norte de India.

«Farewell Reel» es la emotiva despedida. Dedicada explícitamente a Fred. En lugar de una conclusión amarga, Patti encuentra consuelo en la continuidad de la naturaleza y en la permanencia del amor más allá de la muerte.

Importancia histórica de Gone Again
Aunque Gone Again rara vez aparece citado junto a Horses o Easter, muchos seguidores consideran que es una de las obras esenciales de su carrera, y marca el comienzo de una extraordinaria etapa de madurez que continuaría con Peace and Noise, Gung Ho, Trampin’ y Banga.
Además, devolvió a Patti Smith a los escenarios y la convirtió de nuevo en una figura central del rock alternativo de los años noventa.
Es un disco que mira constantemente a la muerte, pero cuyo verdadero tema es la supervivencia. Esa tensión es lo que lo convierte, treinta años después, en una de las obras más conmovedoras de toda la carrera de Patti Smith.
Juan Carlos Ballesta
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