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El adictivo cóctel psicodélico de Los Espíritus en Madrid

Los Espíritus en Madrid

El quinteto de Buenos Aires demostró en Madrid que es una de la mas atractivas y distintivas propuestas del rock latinoamericano

Los Espíritus
Concierto en Sala Copérnico, Madrid

(Marzo 13, 2026)

Si hay una banda argentina contemporánea con un sonido distintivo y totalmente adictivo esa es Los Espíritus. La mezcla de cumbia, música andina, desert blues, krautrock, boogie, funky, swamp rock y surf, todo desde una estética psicodélica, ha consolidado un discurso desde su irrupción en la escena bonaerense en 2010.

Es un sonido que recorre América transversalmente, de norte a sur, de manera magistral, con pinceladas africanas.

Desde sus primeros tres EPs (Hacele caso a tu espíritu, Lo echaron del bar y El gato) -publicados entre 2010 y 2012- hasta lo más reciente (el LP La Montaña en 2023, y el reciente EP de 2025, Camina), han construido un repertorio sólido y adictivo que permite presentar un setlist sin fisuras, el cual funciona tanto en festivales (aqui crónica de Rio Babel 2019) como en locales de mediana capacidad, tal es el caso de la Sala Copérnico

La banda utiliza discretas proyecciones con su logo y algunas imágenes representativas, exceso de humo y una iluminación que no benefició en nada a baterista y percusionista, siempre en penumbra.

La banda se sobrepuso al cisma ocurrido en 2019 en el seno de la banda, cuando el guitarrista y vocalista Maxi Prietto fue desvinculado de la banda y reincorporado al poco tiempo -motivado por tres denuncias de acoso sexual no del todo clara ya que no se abrieron procesos judiciales y se convirtió en una cancelación por redes-, lo que llevó al guitarrista Santiago Moraes y al percusionista Fernando Barreyro a retirarse.

Barreyro fue sustituido por Luciano Scalera, mientras que el resto de la banda -el bajista Martín FerBat (Fernández Batmalle), el guitarrista Miguel Mactas y el baterista Pipe Correa– se mantuvieron en el grupo, con lo cual la continuidad fue natural, aunque luego de esto sobrevino el dificil período pandémico.

El comienzo del concierto estuvo fuertemente ligado a Agua ardiente (2017), comenzando con los temazos “La Mirada” y “El viento”, ineludiblemente contagiosos. Y ya con ellos Los Espíritus nos metieron el espíritu del diablo en el cuerpo. Con el magnífico ritmo andino quebrado, tumbadoras a lo Santana y ramalazos de krautrock (Agitation Free, Amon Düül II…) de “El Palacio” (de Gratitud, 2015) el concierto tomó altura.

Las guitarras de Prietto y Macías se complementaron de manera magistral durante todo el show. La primera llena de wah-wah y distorsión, y la segunda limpia, una Fender conectada directo a un amplificador Fender, sin artificio alguno.

Uno de sus temas clásicos, “Jugo” (de Agua Ardiente) fue coreado por la mayoría, una audiencia conformada por mucho argentino -como es lógico- pero también españoles, venezolanos y otras nacionalidades. Siguieron con uno de sus recientes lanzamientos, “Camina”, que dio paso a otro plato fuerte, “Navidad” (del excepcional La Montaña, 2023), cantando con esa irónica displicencia que caracteriza a Prietto (única voz de grupo). Gran trabajo del bajo con una línea libidinosa sobre la que batería y percusión se lucieron.

Imparable en su objetivo de mantener a todos contoneando el esqueleto, nos lanzaron “En este mundo no hay lugar”, fabulosa krautcumbia, con gran trabajo de Macías, al tiempo que Prietto nos cantaba: “Qué fácil que es ser el bueno / Cuando te pintan de blanco / Difícil no ser el malo / cuando te pintan de negro / En este mundo no hay lugar / Para el que quiera jugar

Con el “El arbol de los venenos” (de Caldero, 2019) se adentraron en los confines de la psicodelia andina, recordando a veces a grupos como Kikagaku Moyo o Wooden Shijps, con un trabajo guitarrístico realmente excepcional y un bajo hipnótico.

Los Espíritus en Madrid Los Espíritus en Madrid Los Espíritus en Madrid

El aroma boogie-surf de “Av. Calchaqui” puso a todos a bailar, y para contrastar siguieron con la cadenciosa “Ola Blanca”, que avanzado en su desarrollo acelera el tempo, siempre con el bajo como soporte y las guitarras se desatan, extendiendo la duración más allá de los seis minutos de la versión en estudio. Al final, el ritmo ralentizado, redondea uno de los grandes momentos de la noche.

En esa onda midtempo y hedonista siguieron con otras dos magníficas de Agua ardiente, “La Luz” y “Huracanes

“Vamos a La Luna” sonó más festiva y extendida que en Gratitud, con la guitarra envuelta en ecos y reverberaciones y una parte final en la que la percusión toma protagonismo.

Una mirada a su homónimo LP nos trajo “Noches de verano”, uno de los temas más blueseros, que nos retrotrajo al rock argentino de los 70 con Manal, Pescado Rabioso y otros grupos fundamentales.

El último tema fue otro boggie-blues que sonó muy a lo “Spirit in the Sky” de Norman Greenbaum, con una letra coreada por todos y que irónicamente es uno de los manifiestos nihilistas mas serios de Los Espíritus: “La rueda que mueve al mundo va a girar y girar / Dinero, sangre, humo, eso la hace girar / La rueda alimenta a unos pocos / Para nosotros no hay mas que palizas o entretenimiento / Para poder aguantar vamos a trabajar y después a comprar / Y a hacer la rueda girar y girar y girar

Pobre…pobrecita la madre tierra /  Si, pobre…Pobre vieja madre tierra / Pudrimos los mares, pudrimos los ríos / Pudrimos las aguas que beben los niños / Los niños que quieren crecer para comprar y vender / Para vender y comprar, para usar y tirar y hacer la rueda girar y girar

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Mientras la gente cantaba se armó un pogo de la nada que terminó haciendo que varias mujeres subieran al escenario a bailar -obligadas por los empujones- y otras aprovecharan para escapar por un costado.

Fue una noche fabulosa. Los Espíritus son una garantía, y cuanto mas cercanía, mejor. Si hay algo que puede ser mejorado, es la mezcla de la voz, que por momentos era arropada por la instrumentación.

Juan Carlos Ballesta