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Millions Now Living Will Never Die: Tortoise y el paradigma del post rock

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Tortoise Millions Now Living Will Never Die

El 30 de enero de 1996 la agrupación de Chicago publicó su segundo álbum, piedra angular de la vanguardia musical de fin de siglo

Tortoise
Millions Now Living Will Never Die

Thrill Jockey. 1996. EE UU

Durante los años 90, la agrupación de Chicago redefinió de manera brillante y totalmente novedosa los vínculos entre jazz, rock, dub y música electrónica.

Pasado poco más de un cuarto de siglo, con un cuerpo de trabajo que comprende, además de este, otros seis LPs (Tortose, 1994; TNT, 1998; Standards, 2001; It´s All Around You, 2004; Beacons of Ancertorship, 2009; The Catastrophist, 2016) , una serie de singles, varios discos de remixes, compilados y colaboraciones, la influencia de Tortoise sigue siendo notable y de lejos la más reconocible entre el variopinto abanico de agrupaciones enmarcadas dentro del post-rock, un abstraccionismo acuñado en 1994 por el periodista británico Simon Reynolds, inspirado en el disco Hex de Bark Psychosis, para referirse a las bandas que se encontraban expandiendo las fronteras y el lenguaje del rock.

En aquel año 1994 la innovadora banda de Chicago había editado su homónimo primer álbum, a partir del cual el término adquirió mucho más sentido. La primera formación contaba con cinco nombres de gran peso específico: Bundy K. Brown, Dan Bitney, Douglas McCombs, John Herndon y John McEntire.

El primero fue sustituido para este segundo disco por David Pajo, y poco después Tortoise se convirtió en sexteto con la entrada de Jeff Parker.

Fue a partir de Millions Now Living Will Never Die (1996) cuándo la propuesta de Tortoise comenzó a permear el quehacer de muchos músicos alrededor del mundo, gracias a una novedosa mezcla de ritmos jazzeados, melódicas y dominantes líneas de bajo -quizá la característica fundamental de su sonido-, dub, electrónica, rock progresivo y algo de bossanova. Hablar de post-jazz-rock no sería tan descabellado en su caso.

El título del disco deriva del ensayo de Joseph Franklin Rutherford, segundo presidente de Watch Tower Bible and Tract Society, la institución que centraliza las actividades administrativas de los Testigos de Jehova, quienes popularizaron la frase en los años 20 del siglo pasado. Nunca ha quedado clara la razón de esa escogencia.

Fue concebido en un idílico período de diez días que el grupo pasó en Vermont, luego grabado y mezclado por McEntire, quien ya para el momento había producido material para Stereolab, Run On, The Sea and Cake (su otro grupo), Trans Am y Come.

Los 21 minutos de la pieza “Djed”, que en la versión LP ocupa todo el lado A, mostraron el camino para decenas de bandas y colocaron a los integrantes de Tortoise en el epicentro de la vanguardia musical planetaria.

El tema es un auténtico tour de force en el que el grupo despliega todas sus intenciones, con lánguido desarrollo inicial envuelto en efectos electrónicos que deriva en un segmento metronómico con deudas a Neu!.

A partir de minuto siete, el tema adquiere un aire mutante, hasta que surge el vibráfono para darle un cariz orgánico que recuerda ciertos pasajes de Pierre Moerlen’s Gong, hasta finalizar en un austero ritmo con influencias dub.

El lado B comienza con la maravillosa “Glass Museum”, pieza que expande el concepto del primer álbum con una paisajista fusión entre jazz, progrock y country.

Con sigilo hace su aparición “A Survey”, un tema que sirve para que otorgarle protagonismo total al bajo de Doug McCombs, sobre una fantasmal base electrónica.

Uno de los temas claves de la discografía de Tortoise es “The Taut and the Game”, en la que la base rítmica lleva la voz cantante, con vibráfono y guitarra aportante brillo. Es, sin duda, la manifestación inequívoca de los coqueteos con el jazz y el progrock que la banda dejó traslucir en varios temas.

El tramo final del disco lo componen dos piezas relacionada. La primera es “Dear Grandma and Grandpa”, casi tres minutos de hipnótica electrónica con un bajo pulsante y una lejana voz sampleada, que sirve de preámbulo a “Along the Banks of Rivers”, una increíble pieza de aroma cinematográfico en la que la guitarra y el delicado piano Rhodes van hilando fino sobre una austera batería y un dosificado bajo.

Es una forma magistral de cerrar un disco único.

Así, la desprejuiciada mezcla de sonoridades construida por Tortoise se convirtió en un paradigma, un modelo, un estándar de riesgo y aventura, moviéndose de los sonidos acústicos más gentiles a la electrónica más experimental, a través de un amplio espectro intermedio.

Juan Carlos Ballesta


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