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La hipnótica liturgia de Spiritualized en Madrid

Spiritualized

Spiritualized

Sala La Riviera, Madrid

(Noviembre 3, 2018)

 

Una cita con Spiritualized en directo es mucho más que un concierto. Es, en primer lugar, una liturgia, una especie de acto músico-religioso al que asisten, principalmente, feligreses dispuestos a dejarse transportar a otra dimensión. Muchos son de vieja data, incluso de la época de Spacemen 3, la banda de la que se deslindaron Jason Pierce y Pete Kember para formar Spiritualized y Spectrum. Otros se han unido al culto en tiempos más recientes con igual entrega.

Lo único en movimiento dentro de la tarima son las estupendas visuales proyectadas al fondo, el juego de luces y las tres coristas con sus tímidas coreografías. Los seis músicos permanecen estáticos, con apenas algunas contorsiones en los pasajes más intensos, mientras el capitán de la nave, Jason Pierce aka J.Spaceman, se mantiene sentado todo el concierto, ubicado en una esquina de medio lado y algo encorvado, cruzando mirada eventualmente con el guitarrista John Coxon, justo al extremo contrario. No hay palabras entre canciones, ni saludos ni presentaciones, solo un tímido agradecimiento general al terminar el set y otro después del encore. En realidad, no hacen falta palabras, la música es su ofrenda.

Todo está perfectamente aceitado en esta maquinaria. El óptimo sonido es fundamental. Cada músico sabe lo que tiene que tocar, no hay ni un solo atisbo de señal que denote alguna equivocación. Solo las coristas y Pierce tienen enfrente un atril con las letras de las canciones. Tampoco hay focos especialmente potentes apuntando a los músicos, con excepción de Jason. Entre todos, forman una especie de herradura  y en el medio un gran espacio vacío, ese al que tanto nos ha invitado a flotar.

Seis años habían pasado desde el anterior disco, el lapso de tiempo más largo hasta ahora que se había tomado Pierce entre dos álbumes. Atrás parecen haber quedado sus problemas de salud y a sus 52 años nos regala And Nothing Hurt, una obra redonda y con significativo título, cuyo contenido parece ser un recuento de todas sus etapas, pero sobre todo un auto homenaje al grandioso Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space (1997), magna obra con la cual trascendió más allá de Gran Bretaña y de la que tocaron tres de sus piezas más representativas. Este nuevo capítulo es, sin duda, un trabajo madurado a lo largo de los años al que no podría haber llegado sin transitar todo lo anterior.

La expectativa en la sala, llena quizá en dos tercios de su capacidad, era máxima. Durante la espera, los técnicos del grupo aparecían una  y otra vez a revisar el más mínimo detalle, líneas de micrófonos,  y a afinar las guitarras. Los dedicados cuidados redundaron en un resultado notable en todos los aspectos técnicos. Pasadas las 9 de la noche, aparecieron los cinco músicos, las tres coristas, y segundos después Jason Pierce, con una sencilla camiseta blanca de aspecto algo gastado, sus gafas oscuras y zapatos de goma. Ni rastro del aspecto de astronauta con el que aparece en toda la campaña promocional del disco.

La revisión del legado

El concierto empezó con la exquisita “Hold On”, del disco Amazing Grace (2003), que justamente cumple 15 años y cuya gira trajo a la banda a la recordada Sala Aqualung de Madrid. Ya para entonces Pierce tocaba sentado en una esquina. Fue rápida la conexión. De inmediato se encendió la mecha con la siempre intensa y necesaria “Come Together”, primera muestra del góspel psicodélico gracias a las maravillosas coristas, que gozaron de un gran protagonismo a lo largo de toda la presentación. No hubo metales, pero si la armónica a cargo de Coxon, tres guitarras poderosas y teclados.

Aunque en la tarima de La Riviera había nueve músicos, esta es la versión reducida de Spiritualized, que en esta gira ha ofrecido varios conciertos con secciones de metales y cuerdas, y un coro góspel. El viaje al más lejano pasado fue con la maravillosa “Shine a Light”, del debut Lazer Guided Melodies (1992), cuando aun las influencias del soul y el góspel no habían aparecido. En medio de un envolvente juego de luces, abordaron “Stay With Me”, uno de los más sensibles temas de Ladies and Gentlemen, que generó algunas lágrimas de emoción. De ella brincaron a “Soul on Fire”, auténtico momentazo de intensidad soul que fue seguido por “Broken Heart”, una de las más conmovedoras composiciones de Pierce y que aquí sonó a lisérgica gloria. Con ella cerraron el primer repaso a su discografía, corto pero de alto impacto emocional

And Nothing Hurt, la perfección en directo

Es sabida la naturaleza perfeccionista de Pierce. Y lo comprobamos muy especialmente con la interpretación íntegra y en el mismo orden del nuevo disco, sin fisuras. Siendo un disco de este año, ya nos suena como de toda la vida.

A Perfect Miracle” inicia el recorrido con sus melancólicos acordes y los símbolos en clave morse en la pantalla que distinguen el diseño de arte del disco. La voz de Pierce no parece resentida y aunque es reforzada por las tres voces femeninas, siempre destaca. La balada de aroma country “I’m Your Man” duele, remueve. Es una especie de confesión sobre sus intentos de hacerlo mejor. La voz de Nick Cave también sonaría muy bien en ella. En un mood similar “Here It Comes (The Road) Let’s Go” siguió el proceso hipnótico. En ese momento provocaba acostarse e intentar la levitación.  “Let´s Dance” nos siguió elevando. En directo sonó más cruda, exenta de los arreglos de cuerdas y percusión.

La paz se acabó con “On The Sunshine”, uno de los momentos más salvajes de la noche, parte del sello distintivo del Spiritualized más garajero. El wall of sound de guitarras, bajo, teclado y batería, nos sacudió brutalmente. Afortunadamente sobre tarima no existe el fade out que en el disco deja pidiendo más.

De regreso a la calma, el blues de aroma country, “Damaged”, permitió que Coxon y Pierce realizaran un trabajo guitarrístico de alta sensibilidad. “The Morning After” trajo los recuerdos del viejo Spiritualized, con la guitarra ululante llena de tremolo surfeando sobre la musculosa base rítmica y la armónica serpenteando entre ellos, con unos coros enérgicos. Fantástico momento que dio paso a la balada rompecorazones “The Prize”.

La última pieza, “Sail on Through”, fue un tsunami. El comienzo con los chasquidos de dedos de las tres coristas parecía advertir que había que prepararse, como cuando la fuerte brisa anuncia lluvia. Pierce canta con su reconocible timbre nostálgico, apoyado por la majestuosidad góspel de las tres mujeres sin las que este concierto no hubiera alcanzado los niveles de emotividad que tuvo.

Con la audiencia en otra dimensión, salieron de escena tras el tímido saludo de Pierce, la primera vez que se le veía de frente. Regresaron para ofrecer un encoré memorable compuesto por “So Long You Pretty Thing”, otra balada exquisita (aquí sin banjo), del disco anterior Sweet Heart, Sweet Light (2012) y sin pausa abordaron “Out of Sight”, de Let it Come Down (2001), quizá uno de los temas más arrebatadores de la discografía con un crescendo memorable que condujo a un final verdaderamente apoteósico. Solo faltó algún tema de Pure Phase (1995), el resto de los discos estuvo representado.

Pero aun quedaba el cierre con una increíble versión de “Oh Happy Days”, quizá el mejor homenaje a las influencias góspel que pueda imaginar Pierce y que aquí alcanzó proporciones épicas. Una cortísima interpretación de “Hold On”, a modo de outro, puso el punto final a un concierto inolvidable y que sigue agrandando la aureola santa sobre Spiritualized.

Juan Carlos Ballesta