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Luis Lizardo ataca con El juego

Luis Lizardo entrevista
Foto: Edreng

El músico venezolano, tercera generación de la dinastía Lizardo, develó su segundo trabajo discográfico lleno de blues, soul, R&B, folk y variados matices que lo diferencian de su primer registro de 2022.

Letras que de manera indirecta sugieren el título, cuidados arreglos, acertada escogencia de los colaboradores y productores, entre otros elementos también se destacan en el álbum

Mercedes Sanz
@clavemercedes

Doblar los papeles para crear figuras, buscar palabras en las cuadrículas, deshacerse de todas las fichas, seguir con los pasatiempos. La vida puede ser un juego donde a veces se pierde o se gana, se vuelve a comenzar; se cambian las estrategias y/o los aliados. No siempre decide el azar. El ser humano se inventa o acude a un cúmulo de métodos y rituales para alcanzar los objetivos. Algo de esto hay en el reciente disco de Luis Lizardo.

Origami”, “Sopa de letras”, “Lego”, “Dominó”, “Tarot, son algunos nombres que se leen como títulos de las canciones de El juego, el segundo trabajo del cantautor venezolano Luis Lizardo. Solos de guitarras, envolventes líneas de bajo, rock and roll, soul, blues, es un álbum que busca las raíces del rock, pero también el origen de su propio autor. Esa parte acústica es uno de los rasgos a resaltar en los arreglos de esta producción.

Luis Lizardo es un músico, compositor, arreglista y productor de San Antonio de los Altos, estado Miranda, quien es parte de la dinastía de los Lizardo, fundadores de la banda legendaria La Misma Gente. Es nieto de Humberto Enrique “Ike” Lizardo y sobrino nieto de Pedro “PTT” Lizardo.

Se inició en la música desde niño cuando le regalaron su primera guitarra, como a los nueve o diez años. “Conecté rápido con la guitarra, me gustaba full el rock, System Of A Down, Metallica, Megadeth. Estaba pegado con esas bandas. Y como a eso de los trece o catorce años empiezo a vivir en casa de mi abuela, en Los Teques, donde había más equipos de música. Conecto con la batería, pero sobre todo con el bajo, posteriormente”, comentó el músico a propósito de esos inicios.

Antes, el artista sanantoñero había presentado su ópera prima, Raíz (2022), un trabajo mucho más rockero; y ahora muestra un álbum donde diferentes estilos de la música afroamericana le dan otro aire que se diferencia del debut. Hay más tonalidades y todo eso se combina con distorsiones o suaves melodías, dependiendo del tema.

Para seguir con los comienzos musicales, ¿Cuándo formas tus primeros grupos?

 Desde 2014 o 2015 empecé a formar mis primeras bandas. La primera fue Sociedad, tocábamos punk. Después de eso, 2016, 2017, estuve en el Sistema de Orquestas, en la parte de Rock Sinfónico de San Antonio de los Altos. En 2019 entro en Rock Sinfónico Simón Bolívar en Caracas. Estuve bastante tiempo como bajista de planta.

Estuve con otros proyectos: La Sangre, con el que saqué un disco en 2019. Y bueno, a partir de eso comencé a trabajar en solitario, sacando singles, y en 2022 grabé mi primer disco, Raíz, y el año pasado participé en el Nuevas Bandas en Maracay, llegué como finalista. Y ya este año tuve la oportunidad de sacar mi nuevo disco: El juego.

¿La Sangre era también rock?

Sí, un poco de rock, jazz, salsa, una fusión. Y ese proyecto evolucionó a mi actual grupo.

Vienes de una familia musical

Sí, de Ike, de PTT Lizardo, que ellos eran de La Misma Gente, y de alguna manera eso me rebotó indirectamente para crecer como artista y como compositor, sobre todo.

Luis Lizardo entrevista

¿En la actualidad, quiénes son parte de tu banda?

Bueno, tengo distintos formatos en los que trabajo, dependiendo de los espacios donde me encuentre, si es un espacio cerrado suelo trabajar con dos guitarras acústicas, o cajón; pero normalmente trabajo con guitarra, bajo, batería y violín. Entre ellos tengo como violinista a Gustavo García, en la guitarra a Pedro Díaz, fue de King Changó, guitarrista de Onechot, y muy bueno; en la batería a Víctor Torrealba, quien trabaja también conmigo en la producción, y yo estoy en el bajo y cantando.

El juego se diferencia del primer disco por su acercamiento al soul, R&B.

Sí, el primer disco es por supuesto casi que metalero –risas–, pero este disco es como dices R&B, un poco soul, blues, rock, tiene un poco de todo. Me gusta unir los géneros.

¿Cómo fue ese proceso de transformación para llegar a este resultado sonoro?

Bueno, también esas influencias que ya no son tanto las primeras bandas que escuchaba, sino otras y eso influye en el sonido, por ejemplo: Dermis Tatú, Cunaguaro Soul, La Misma Gente por supuesto, mi inspiración principal. Ese rock viejo, Sentimiento Muerto. Y son parte de mis influencias a la hora de componer.

En un juego la vida

Luis Lizardo se nota hiperactivo hasta en su manera de hablar. Dispara frases sin pausas como si estuviese tocando frenéticamente algún instrumento. Su segunda placa digital fue grabada en Lizard Studios, bajo la producción musical e ingeniería de sonido –grabación, mezcla y masterización– de Armando Rodríguez, Daniel Lima, Roger Pinto, Yiannberts Macías y el mismo Luis Lizardo.

Por otra parte, contó con varios colaboradores, entre ellos la cantautora venezolana Mafer Vera; y en “Intro” y “Tornasol” con Gustavo García “Son Guga”.

El músico y cantautor mirandino ejecuta la mayoría de los instrumentos del disco, acompañado por invitados como Gustavo García (violín), Jenezareth Luna (violonchelo) y Gereld Cassinese (trombón).

Otro detalle significativo es la portada minimalista del álbum, obra de Mariana “Mar” González. Cabe mencionar que varios temas cuentan con videos, incluso, algunos son creados por Lizardo.

Luis Lizardo entrevista

Aunque sea lugar común, cada artista tiene su propia experiencia a la hora de componer. En tu caso, ¿Cómo es tu proceso creativo?

A ver, lo que pasa es que yo utilizo la música como mi catarsis, como mi día a día, tratar de sacar esas emociones, esos sentimientos: me siento mal, me siento triste, me siento feliz, frustrado, despechado, lo que sea –risas–, y normalmente con lo que lo complemento, aparte de la catarsis, es que primero pongo el título de la canción.

Me gusta hacer eso, poner el título de la canción; porque de lo contrario es como intentar hacer una tesis sin el título: ¿de qué la vas a hacer si no sabes? Entonces, siento que ponerle el título a la canción facilita la composición tanto de la letra como de la música. Después de componer la música, intento basarme en cuál es el título para hablar de lo que quiero.

Así hago un piso, ¡ah bueno!, la canción se llama “arepa”, ya sé que voy a hablar de las arepas o hacer alegoría de las arepas o que tenga algo que ver. Eso me ayuda en el proceso de composición y a desenvolverme mucho más.

¿Por ejemplo, en Lego primero vino el nombre y después el contenido?

 Bueno, con “Lego” es una historia bastante particular porque la empecé a componer desde el bajo, que normalmente no lo hago así. Agarré el bajo y salió una línea que me gustó y a partir de eso armé la batería.

Por cierto, yo trabajo todo en computadora, no con un cuaderno. Y tengo facilidad porque puedo cortar, pegar, mover, probar, poner efectos. Con “Lego” empecé de esa manera, con el bajo, y luego salió la melodía de la guitarra que es bastante icónica.

De alguna manera la letra también habla de eso, de reconstruir una relación, una historia que se había quedado atrás y existe la posibilidad de revivirla, de reestructurarla. Y es una alegoría al lego, no directamente de armar este amor como un lego, sino más bien nos reencontramos, nos volvimos a amar, nos volvimos a conocer.

¿Y en Tarot fue también primero el nombre?

No, con “Tarot” sí es una excepción porque estaba trancado con la letra. No me salía nada, intenté darle la vuelta y tenía la música. Y le puse “la pared”, ¡nada que ver! Ni siquiera iba para el disco. De hecho, le cambié la letra, la moví y terminó siendo “Tarot”, por supuesto por las letras que le añadimos Mafer –Vera– y yo. Ella hace referencia a cosas astrales y yo también, no tan directo pero toco esas cosas un poco esotéricas, digamos –risas–.

¿La canción que te dio más dificultad?

Yo diría “Tornasol”, porque es orquesta con banda. Por la parte de la mezcla fue bastante complicado. Y antes de que fuese ese alineamiento de orquesta con banda, al principio quería que fuese acústica. Una canción con guitarra, una balada no tan rockera y nunca funcionó nada. Nunca quedé conforme hasta que se unió la parte de la orquesta y allí se redondeó. Era lo que faltaba.

¿Hay composiciones que quedaron fuera de este disco?

Bastante, como siete canciones. Yo pudiese hacer “el juego II”. Hay muchos bocetos, canciones que no terminé de redondear, pero si metía más el disco iba a ser muy largo. Dejé las que más me gustaron.

¿Todas las canciones fueron concebidas para El juego o había canciones guardadas?

Por ejemplo, “Sopa de letras” fue el primer tema que trabajé para el disco y como te dije yo no tenía pensado hacer algo con eso. Como te digo, yo hago catarsis con la música. Entonces dije: vamos a trabajar en un disco alegórico al juego, hablando del amor.

¿Por qué la asociación con el juego?

Bueno, un poco la infancia, conecto con el origami. El lego es un juego que siempre me gustó de chamo, siempre fui fiebrúo –venezolanismo referente a muy entusiasmado–, muy fan por coleccionarlo. Es algo que, aparte de referirse al amor, se conecta con mi pasado, con mis raíces. Igual “Sopa de letras”, todos esos temas tienen un background de mi historia.

Tu trabajo anterior, Raíces, también te lleva a tu origen

¡Totalmente!

¿Has pensado llevar el disco a físico?

Lo he pensado porque ese formato siempre me ha gustado, tiene un valor. El disco en físico tiene una magia, una sensación bien chévere y sí me gustaría grabarlo en físico.