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Nito Mestre a 50 años del adiós de Sui Generis

Nito Mestre
Foto prensa

El legendario vocalista argentino visitó Madrid en medio de la gira que conmemora los 50 años del adiós de Sui Generis, que conformaba junto a Charly García

Nito Mestre
Concierto en el Teatro EDP Gran Vía. Madrid

 (Septiembre 15, 2025)

Nito Mestre pasó por Madrid para celebrar una velada íntima que llama “A 50 años del adiós” (refiriéndose al icónico Adiós de Sui Generis de 1975). Una memorabilia íntima al núcleo atómico de Sui Generis (Vida y Confesiones de Invierno).

Ya han pasado más de 50 años para esa generación de casi toda Suramérica que despidió sin olvido a una banda que marcó el cancionero juvenil de sus vidas. Nito Mestre nos invitó a revivir aquella emoción única y nostálgica con un espectáculo irrepetible.

Un concierto con muchas anécdotas contadas de viva voz de momentos de su dupla con Charly Garcia de aquellos años mozos, de las canciones eternas y momentos que nos devuelven a la otrora pujante adolescencia, al patio del colegio, el recreo o a la cancha en el potrero, al vinilo o la radio, a los sueños y esperanzas de los amigos que las cantaban en susurro. Un pasaje de canciones que simula un soliloquio con uno mismo.

El repertorio abarca gran parte de sus volúmenes de Adiós Sui Generis (1975) con sus dos primeros discos Vida (1972) y Confesiones de Invierno (1973), además de un par de canciones nuevas y repertorio de sus discos solistas:

Comenzó con “Aprendizaje”. No podía ser otra la introducción del disco Confesiones de Invierno con esa estrofa que dice: “Aprendí a ser formal y cortés / Cortándome el pelo una vez por mes / Y se me aplazó la formalidad / Es que nunca me gustó la sociedad”.




Siguió con dos temas nuevos: “Hay formas de llegar” y “El tuerto y los ciegos”. Se devolvió a su cancionero tradicional con “Flores en el mar” (invitando a un violinista de nombre Tancredo y cuya canción dedicó a su madre.

Nito Mestre
Foto prensa

Siguió con la clásica “Canción para mi muerte”. Nos cuenta con preámbulo de primicia la historia de “Cuando comenzamos a nacer”, confesando que en tiempos de su paso fugaz por  el colegio Dámaso Centeno haciendo su bachillerato (militar) junto con Charly García, quien vivía cerca. Era tan travieso que más nunca lo dejaron entrar al ser expulsado.

Tenían 15-16 años y creían que esta era la canción que iban a pegar y los haría famosos. Fueron a la Philips y un productor de apellido Jorge García les atendió y les prometió villas y castillos… y resultó que una reunión posterior preguntando por el supuesto productor que los iba llevar al estrellato, el que los recibe se presenta como el mismo Jorge García.

Ellos no lo reconocen y le dicen que no es la persona que los había atendido. Resultó que el tipo que los atendió inicialmente era el ordenanza que se hizo pasar por productor. Un impostor. No hubo firma. Ni fama ni poses de famosos (risas).

Siguió con “Quizás”, luego “Distinto tiempo”, sobre la que contó que era una canción que nació en 1980 y publicada al año siguiente ya siendo solista en el disco que tenía los últimos cuatro dígitos de su teléfono 20/10.

Su público el que lo odiaba, el que lo detestaba y el que lo quería averiguaron, de alguna forma los primeros dígitos del teléfono y las llamadas no paraban a cada rato hasta hacerlo enloquecer.

El tema siguiente es de León Gieco para Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre, que se llama “La Colina de la Vida” (Nito toca aquí la flauta).




Enseguida tocó “Confesiones de Invierno”, la cual fue coreada por todo el auditorio, al igual que “Necesito” y “Mariel y el Capitán”.

La anécdota aquí fue reveladora: durante más de 50 años cada edición del disco siempre ha publicado el título como “Mariel y el Capital” en vez de “Mariel y el Capitán” (con solo repetir las letras se reconoce el error).

Para la canción siguiente nos habló de tres shows en Montevideo en 1975, ciudad que también vivía la convulsión de una dictadura militar como en Argentina y el tema estaba prohibido, el cual habla del servicio militar y se llama “Botas Locas”.

Lo presentaron un jueves y ya el viernes había dos patrullas de la policía esperándolos a las puertas del hotel. Dos policías de seguridad nacional los detienen, les vendaron los ojos y se los llevaron. Les pegaron palazos por la espalda … semi desnudos en un agosto frío.

Al ser interrogados por el oficial, le preguntan ¿Quién escribió la letra?… y dijo Charly: “yo soy el autor”. Cuando intenta explicar las letras, en la estrofa implicada le cambió la estrofa de “Amar a la patria bien, nos exigieron. Si ellos son la patria yo soy extranjero”  ( por “yo me juego entero”).

La policía les dejó continuar con su gira y hasta el policía se ablandó y lo llamó poeta. En la canción siguiente también echó el cuento de estar ellos rondando los 21 años y están grabando el segundo disco por allá en el 73, en ese entonces se repetía el cliché de que el rockero argentino se retira antes de los 35 años y ellos con ese dilema se preguntaban que iba a hacer en tan corto tiempo como músicos.

¿Qué sería de ellos después de mediar la década de los 30 ya jubilados? Al final, para ironía de él mismo nos dice que lleva 53 años cantando y divirtiéndose. Se trataba de la canción “Cuando ya me empiece a quedar solo”. En el auditorio hubo lágrimas y rostros melancólicos, reforzados en “Fabricante de Mentiras”.

Nito Mestre
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Una pausa para agradecer a Alejandro en el sonido, a Horacio Nieto, manager, Mariano Díaz en piano y la guitarra de Ernesto Salgueiro, al igual que sus invitados el violinista Tancredo y el guitarrista Diego Merino, quien abrió el show con unas canciones del folk argentino, “Fuego de Amenymaná” y “El Témpano”, la primera hecha famosa por Mercedes Sosa.

Mestre cerró con “Bienvenida al tren” y “El Fantasma de Canterville” de PorSuiGieco, coreadas por todo el auditorio que estaba en éxtasis.

Tras una breve retirada, regresaron para el encore con el coro de “otra, otra, otra..” y aplausos.

Se despidieron con “Lunes otra vez” y “Rasguña las piedras”, clásico que no podía faltar para cerrar un show íntimo, casi familiar para un público mayoritariamente sureño, incluyendo algunos del norte del sur, quienes aún sienten la brisa de los 70 y que se consideran también «de la propia especie o Sui Generis»

Milton Méndez