Inicio Discos Octavio Suñé «T.O.D.O.» (2016) (Venezuela)

Octavio Suñé «T.O.D.O.» (2016) (Venezuela)

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Octavio Suñé

Octavio Suñé

T.O.D.O

Independiente. 2016. Venezuela

Seis años pueden parecer mucho tiempo para que un cantautor permanezca en silencio discográfico, pero a veces las circunstancias obligan a ello. Suñé regresó de Madrid -donde vivió la primera década de este siglo- a reestablecerse en Caracas, la ciudad que lo vio crecer como músico en los años 90 cuando formaba parte de Trasvidas, primero, y luego La Nave, con la que dejó instalado un apreciado disco en el inventario del rock venezolano de finales de siglo. Luego en España continuó su carrera con distintos proyectos, entre ellos Fatal con el que lanzó un disco en 2008

Su primer disco solista, Esto ya lo toqué mañana (2010) lo trajo listo de España y durante varios años estuvo presentándolo en Venezuela y Argentina, su otra patria. En tiempos recientes, fue dejando colar canciones nuevas tanto en tarima como con un par de videos que acompañaron a “Mentira” y “Alguna vez”, dos de los momentos centrales del segundo disco T.O.D.O. (2016)

Los acontecimientos acaecidos durante esta nueva etapa en Caracas, tanto personales (divorcio, nueva pareja, muerte de su padre) como relativos al aspecto socio político y económico, están presentes inevitablemente en esta nueva producción compuesta por doce canciones en las que afloran sus dudas, preocupaciones, deseos y emociones. No por casualidad este trabajo muestra a un Octavio más reflexivo, filosófico, soñador e incluso surrealista, como queda patente en “Cerezas y conchas” en la que canta “Te busqué en el medio del mar / y te vi pero ya no estabas sola / estabas rodeada de cerezas y conchas”, que podría recordar textos oníricos de The Beatles como “Strawberry Fields Forever”.

Musicalmente, T.O.D.O., es militantemente rockero, con las guitarras llevando el liderazgo y ejerciendo de perfectas socias de la voz de Suñé, siempre con las notables influencias porteñas. Calamaro, Cerati, Spinetta, García y Páez orbitan sobre este disco, sin llegar a pesar más que las ideas de Suñé, quien ha crecido como compositor y letrista.

Desde el primer tema “Alguna vez”, sosegado y envolvente con el psicodélico wah-wah de guitarra, el disco posee una atmósfera intensa. “La maga y el hechicero” es otro tema midtempo, inspirado en la maga de “Rayuela” de Cortazar, quien establece una relación lisérgica con el hechicero Merlín. También “Mi Lumia” tiene un ritmo pausado, casi baladístico, basado en un poema del argentino Oliverio Girondo, con palabras y frases inventadas que llevan a alguna desconocida dimensión. Está dedicada a su hija, “un amor más allá de lo inexplicable”.

En contraste, “Sintonizar” es una canción potente, que se refiere a la necesidad de conexión entre las personas para evitar el colapso de la sociedad actual. “Hay que salir pronto porque si no todo se va a la mierda”, canta al principio, antes de utilizar un talk box. “Conecta” también habla de la conexión entre las personas, pero en este caso entre solo dos. “Amanece” aborda ese momento de total oscuridad que precede a la luminosidad del amanecer.

Una vieja composición es “Años luz”, entendida para el segundo disco de La Nave en 1998, que nunca llegó a completarse. Representa la conexión entre el pasado y el presente. También “Cruz del sur, Cruz del Ávila” establece las conexiones históricas del autor con Argentina, España y Venezuela, los países que forman parte de su vida, en donde ha nacido, naufragado, renacido y vuelto a flotar varias veces. El tema de las relaciones humanas lo explora en “Puñal”, sobre cuan intensa puede ser una relación y luego volverse nada, un recuerdo en forma de puñal. La voz femenina pertenece a Mariaca Semprún.

El primer acercamiento a este disco ocurrió en 2014 con “Mentira”, en el que su autor analiza la dura realidad del mundo, el engaño y la hipocresía a la que nos vemos sometidos, la violencia, el fanatismo religioso, la dominación de algunos gobiernos y otros tópicos álgidos que George Orwell desarrolló sabiamente en su libro “1984”. Gran sonido de la guitarra. Por su parte, la canción que da título al álbum, quizá la más Cerati de todas, es un juego de palabras que imbrica el concepto de que todo en el universo está relacionado, desde la partícula más pequeña hasta lo más visible, los orgasmos, los océanos…

El disco fue grabado por Wilmer Simba en Jaguar House Studios y mezclado por Jean de Oliveira y Daniel Arrieche en Backstage Studios, masterizado por Andrés Mayo. Su antiguo compañero en La Nave, Juan Pablo Solari se encargó del arte y Román Bunimov del trabajo fotográfico. Los músicos que acompañaron a Suné en este recorrido fueron Leonardo “Kmaron” Jaramillo (guitarra), Luis Clavell (bajo), Víctor Rodríguez (teclados), Tomás Mena (batería), Sebastián Ayala (batería), Camilo de Castro (percusión), Pablo Fernándes (bajo), Pedro Guevara (armónica), Joaquín Phelan (saxo), Adrían Corredor (trombón) y Leyxer Cardoza (trompeta)

Un aspecto muy importante a destacar es que Octavio activó un proceso de “crowdfunding” para recabar fondos para todo el proceso que conlleva editar un disco en un país inflacionario. El resultado involucró en la producción ejecutiva a 23 personas, la mayoría familiares y amigos cercanos, entre los que se encuentra su padre ya fallecido Enrique Suñé.

Octavio Suñé, nunca ha dejado de estar, pero con este puñado de canciones, regresa a primer plano y testifica sin eufemismos su momento, que en buena medida es el de muchos.

Juan Carlos Balllesta