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Radiohead y su esperado regreso a Toronto

Radiohead

Radiohead
Concierto en Scotiabank Arena, Toronto

(Julio 19, 2018)

 

Sábado 16 de Junio de 2012

Como casi todos los sábados de verano estaba jugando softball con unos amigos y alrededor del quinto o sexto inning le digo a la gente que no puedo seguir jugando porque tengo que arrancarme hasta Downsview Park, donde esta tarde/noche se presenta Radiohead y el viaje (enlazando un trayecto de dos subways y un autobús desde donde estaba) era largo (hasta el extremo noroeste de la ciudad en un parque al aire libre).

No termino el comentario cuando alguien en el “dogout” comenta “ese concierto lo acaban de suspender”…Inicialmente pensé que era una broma, pero enseguida me dan más detalles: “el escenario colapsó y aparentemente murió uno de los técnicos” y me enseñan la noticia en el browser de un smartphone. Ni modo, ya no vale la pena acercarse hasta allá…

La tragedia obligó a la banda a suspender varias fechas europeas y aún hoy en día tiene repercusiones. El más reciente álbum de Radiohead (A Moon Shaped Pool, 2016) tiene una dedicatoria especial a Scott Johnson, el técnico de baterías que falleció en el incidente (que ha podido ser aún peor… en el momento del accidente la banda estaba a pocos minutos de montarse a la tarima para hacer la prueba de sonido del concierto).

Radiohead
Vista aerea del colapso de la tarima eb 2012. Foto: Tara Walton




Seis años después, el juicio para investigar los responsables aún sigue estancado por diversas argucias legales de los demandados (¿en todas partes se cuecen habas?) y la banda ha hecho pública su frustración con este hecho que aún no tiene responsables.

Jueves 19 de julio de 2018 

Por primera vez desde aquel verano de 2012 el cartel de “Tonight: Radiohead” se ilumina en una calle de Toronto. Todos los medios de prensa de la ciudad se hacen eco del «exceso de equipaje» que traen estos dos conciertos (19 y 20 de julio). El asunto tiene cobertura en todos los noticieros televisivos.

Con todo lo comentado arriba no sé si muchos de los veinte mil y tantos asistentes al concierto estaban al tanto de la historia anterior (con todo y la mencionada cobertura en los medios).

Buena parte del público que estaba ubicado en la zona donde presencié el concierto pasó más tiempo preocupado de comprar bebidas (me debo haber parado no menos de 15 veces para que alguien pasara enfrente de mi puesto rumbo a la escalera o de regreso al asiento) y hacerse selfies que de escuchar la música que provenía del escenario.

Para mí en cambio la historia previa le dio un elemento extra de tensión (y de desahogo final) al concierto… pero me estoy adelantando un poco… mejor empecemos por el principio.

A pesar de estar «sold out» (los tickets para este concierto se agotaron en cinco minutos cuando salieron a la venta a comienzos de año), muy poca gente estaba presente para el momento que se apagaron las luces del Scotiabank Arena (recién bautizado con este nombre luego de llamarse Air Canada Centre desde su apertura) para que subieran a escena los teloneros, Junun.

Cualquier fan de Radiohead tenía que saber de antemano que abriría el concierto este proyecto de Jonny Greenwood y el poeta-compositor de origen israelí Shye Ben Tzur que formaron en 2015 junto a un grupo de músicos del norte de la India que decidieron llamar “The Rajasthan Express” y cuyas sesiones (producidas por Nigel Godrich) fueron capturadas por el cineasta Paul Thomas Anderson en un documental editado en 2015.

Con menos de media sala, Junun acometió con gran entusiasmo un corto set de mucha energía, que si bien no tiene mucha relación con Radiohead, muestra una de las muchas (e interesantes) facetas que el inquieto Greenwood tiene en su vida musical fuera de la banda.

Terminado el set de Junun poco a poco empieza a llegar el resto del público. Pasadas las 8:30 pm se apagan nuevamente las luces y en medio de unos focos laterales muy tenues salen los seis músicos (en vivo al quinteto se viene sumando desde hace unos años un segundo baterista/percusionista, Clive Deamer) y suenan las primeras notas de “Daydreaming”, el tema de A Moon Shaped Pool con el que suelen abrir la mayoría de los conciertos de esta gira.




Luego de los primeros versos se encienden de golpe unos calidoscópicos haces de luces blancas en el fondo del escenario y la reacción de asombro y admiración es inmediata: todos los presentes sacan sus smartphones para capturar el momento que complementa de forma visual los hipnóticos arpegios de guitarra que forman la base del tema.

El sonido no está aún del todo balanceado en el segundo tema, “Ful Stop”, al menos desde nuestra ubicación y poco a poco se va ajustando en el tercero, “Myxomatosis”.

El público se anima un poco más al sonar las primeras notas de “Morning Bell”, pero luego bajan bastante las revoluciones con “All I Need” que es seguida por “Videotape”, dos piezas lentas, la primera de corte romántico y la segunda algo más triste, con referencias a la muerte.

Para ese momento empiezo a pensar cuando van a soltar alguna mención a «la última vez en Toronto», pero nada, Thom Yorke apenas ha pronunciado alguna palabra entre canción y canción y Jonny Greenwood esta siempre super ocupado cambiando de instrumentos en cada pieza.

Algo particular se hace ya evidente sobre de la «puesta en escena», sobre todo en lo referente a los instrumentos que tocan Yorke y Greenwood: ambos emplean varias combinaciones de pianos (acústicos y eléctricos), sintetizadores y guitarras, pero los instrumentos (sobre todo los teclados), en lugar de estar fijos sobre el escenario son movidos por los roadies.

Al finalizar cada pieza se apagan las luces, se ilumina una bola de espejos en el techo para distraer a la gente y entre penumbras un mini-batallón de seis o siete técnicos mueve silenciosamente los instrumentos (que están todos montados sobre ruedas) hacia su posición en tarima, o de vuelta el backstage cuando no hacen falta.

Si bien esta logística ayuda a tener un escenario más limpio (y le da más espacio a Yorke para sus típicas “convulsiones” cuando baila en las piezas más movidas) confieso que para mí corta un poco la fluidez del show pues son justo esos momentos -muy breves- donde esa parte del público que está más pendiente de hacerle refill a sus bebidas pierde la paciencia y empieza a moverse para calmar la “sed”.

Hago un paréntesis para mencionar que el asunto de las referencias a la muerte ya me lo habáa encontrado más temprano al entrar al recinto, en la tienda de mercancías de la banda.

La camiseta “exclusiva” para los conciertos de Toronto tiene estampada una imagen bien grande del “Grim Reaper” (La Parca) en blanco sobre negro (mensaje no-tan-subliminal sobre los hechos de hace seis años, imagen que también han usado en otras ciudades, pero en Toronto uno siente que hay una razón extra para seleccionar esa gráfica). El asunto es que en tarima ni una palabra (que no sean las de las canciones).




RadioheadEl concierto sigue con “The Glooming” uno de esos temas que podemos calificar de “difíciles”, y quizás para compensar luego enlazan con “No Surprises”, de los más accesibles en el repertorio, con Jonny Greenwood tocando un glockenspiel ubicado sobre el piano Fender Rhodes.

El paseo por OK Computer (1997) continua con “Airbag” que es recibido con entusiasmo tras los guitarrazos más fuertes que hemos escuchado hasta el momento. Greenwood (Jonny) divide su atención entre la guitarra, los teclados que tiene a su izquierda y los pedales de efectos en el suelo con su hermano Colin anclando las cosas con su bajo al lado de la batería sólida de Phillip Selway.

Regresamos a Hail to the Thief (2003) -quizás el álbum más revisado en la noche junto a In Rainbows (2007)- con la pieza “Where I End and You Begin”. Los dos bateristas se emplean a fondo aquí con Colin Greenwood entre ambos. Jonny concentrado en su Moog y Yorke apoyando el trabajo en las guitarras de Ed O’Brien.

Se apagan las luces, se enciende la bola de espejos (otra vez) y al restablecerse el curso del show el Moog de Jonny ha sido reemplazado por unos tambores de batería. Con tres bateristas, dos guitarristas y un bajo en tarima encaran el tema “Bloom”.

De vuelta a la rutina de luces apagadas y bola de espejo y ¡voila! ahora el Moog lo tiene Thom Yorke enfrente, Jonny se ha vuelto a colgar la guitarra y el paseo por King of Limbs (2011) sigue con “Feral”.

Sigue el juego de cambio de instrumentos (la verdad ya me da un poco de risa el asunto)  y tras las consabida rutina para ocultar «las movidas», Jonny Greenwood aparece sentado frente a un piano vertical (que ya tiene rato rodando de entrada y salida) y la banda encara la pieza “The Numbers”, otro de los temas del último LP que escucharemos durante la noche.

Cerramos y abrimos los ojos y ahora el piano lo tiene Yorke con Jonny sentado en el piso moviendo las perillas de su pedales, mientras suena “Like Spinning Plates”.

Una versión muscular de “Weird Fishes/Arpeggi” mueve al público en el foso (donde estaban todos de pie, no había sillas en toda la parte de abajo) con los dos bateristas de nuevo acaparando la atención.

Sigue “Bodysnatchers” y finalmente la única pasada de la noche por The Bends (1995) llega con “Street Spirit” tras lo cual la banda hace la primera despedida en falso de la noche.

El primer encore abre con el que es uno de los temas mejor recibidos hasta el momento: “2+2=5”, con ese clímax intenso hacia la mitad de la pieza que en vivo es uno de esos momentos que definen a esta banda y que no se pueden describir con palabras.

Las cosas se calman un poco con “Nude” para luego hacerle un último repaso al más reciente LP con “Identikit”. Sigue “Lotus Flower” y regresamos a OK Computer para cerrar el primer encore con “The Tourist”, que acá presentan con una especie de Luna girando sobre su eje en la pantalla de fondo que le da un tono de Pink Floyd al asunto




Nueva salida en falso, gritos y al regresar de nuevo la banda nos regala una versión más electrónica (si cabe el término) de “Everything in Its Right Place”. Yorke toca la conocida progresión de acordes del comienzo usando un sinte polifónico que le añade una crudeza extra a la pieza.

El penúltimo cambio de instrumentos de la noche le trae rodando a Jonny Greenwood su sintetizador modular montado en un rack, y entre movimientos de botones y perillas escuchamos esos sonidos a la Aphex Twin que forman el esqueleto rítmico de “Idioteque” para quedarnos un rato más en el mundo del Kid A (2000).

Y es al terminar esta pieza cuando finalmente Yorke decide hacer referencia al incidente de 2012. “Queríamos tocar en Toronto en el 2012, pero el escenario colapsó y unos de nuestros colegas falleció en el incidente… han pasado seis años y quienes deberían haber sido hechos responsables aún no han sido hecho responsables… el silencio es jodidamente ensordecedor”.

Tras decir esto se retira del micrófono y todos los músicos se quedan estáticos haciendo un momento de silencio. Los gritos del público poco a poco van cediendo hasta que el grueso de la gente entiende que la banda quiere que nos unamos en el momento de silencio, y la cosa va bien encaminada hasta que empiezan algunos idiotas que no se pueden quedar callados y que con el silencio masivo se notan más: algún borracho grita alguna estupidez, otro le grita al borracho que se calle, otro grita (quizás con buena intención, pero completamente inapropiado) “we love you”… en fin, que la cosa no se respetó de un todo, aun considerando lo difícil que es manejar a un animal de 20000 cabezas. Ha debido quedar mejor (y algunos medios se hicieron eco de eso al día siguiente).

Finalmente Yorke se cuelga la guitarra acústica, Jonny Greenwood se vuelve a sentar al piano y escuchamos aquello de “Karma Police, arrest this man, he talks in math, he buzzes like a fridge, he’s like a detuned radio»… Cuando la pieza llega al punto de «This is what you get… when you mess with us» el coro es masivo.

Al terminar “Karma Police”, ya con el resto de los músicos abandonando sus instrumentos y haciendo los acostumbrados gestos de agradecimiento, Yorke se deja la guitarra al cuello se acerca al borde frontal de la tarima y sigue tocando los acordes finales mientras el público continua cantando cada vez a mayor volumen y a todo pulmón la última frase de la canción, esa que dice “I lost myself, I lost myself”… esos últimos segundos mágicos con Yorke y el público en sintonía total redondean el mejor cierre posible para irnos a casa tranquilos y satisfechos.

El asunto legal del accidente no está aún resuelto (y luce que aún falta mucho para ello) pero queda el «feeling» satisfactorio del desahogo que produce expresarse en voz alta.

Gabriel Pérez


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