A los 71 años y una carrera sumamente influyente, prolífica y ecléctica, fallece uno de los más grandes e internacionales músicos japoneses de la historia
Pocos músicos de nuestro tiempo han desarrollado una carrera tan atractiva como la de Sakamoto, la cual ha habitado con éxito diferentes ámbitos: synth pop, soundtracks -con más de una docena de premios-, música para piano, world music, minimal techno, art pop, jazz, bossanova, funk, producción, actuación.
21 álbumes en estudio como solista, 11 en directo, cerca de 50 bandas sonoras, nueve en estudio y 15 en vivo con la Yellow Magic Orchestra, incontables colaboraciones con músicos como David Sylvian, Alva Noto, Fennesz, Hector Zazou, Caetano Veloso, Aztec Camera, Marisa Monte, Arto Lindsay, Jaques Morelenbaum, Paula Morelenbaum, Arca y muchos más, modelaron una carrera ejemplar y única.
Juan Carlos Ballesta
“Ars longa, vita brevis” (El arte es duradero, la vida es breve), solía ser una de las frases favoritas de Ryuichi, la cual tomó especial relevancia cuando descubrió que padecía de cáncer. Su lucha se extendió por varios años, durante los cuales nunca dejó de crear, siguiendo su ritmo de trabajo de siempre.
Sakamoto es, sin duda, el músico japonés más conocido en Occidente, y ello no es solo por la cantidad de bandas sonoras que realizó para importantes directores europeos y americanos, sino por su acercamiento a la música según los cánones occidentales, es decir, ritmo, melodía y armonía.
Él mismo reconocía que el componente asiático era menor, dado por las atmósferas y ciertas sonoridades. Sin embargo, ese elemento japonés es facilmente reconocible en muchas de sus obras.
Sakamoto estuvo expuesto a la cultura desde niño, no solo porque comenzó a tocar piano a los 6 años, sino porque su padre era el editor de grandes personajes de la cultura japonesa como Kenzaburo Oe y Yukio Mishima.
Siendo muy joven sintió adoración por la música del francés Claude Debussy y más adelante se acercó a los modernistas Karl-Heinz Stockhausen, Georg Ligeti, Ianis Xenakis y Pierre Boulez, pero también al jazz contemporáneo, a Brian Eno, Kraftwerk y otros grupos alemanes que exploraban la música electrónica desde otros ángulos.

La gran proyección con la Mágica Orquesta Amarilla
Cuando la Yellow Magic Orchestra publicó su homónimo primer disco el 25 de noviembre de 1978, ya Ryuichi Sakamoto se había aventurado con su álbum debut, Thousand Knives, un mes antes. Tenía 18 años.
Era el comienzo de una nutrida carrera discográfica que dejó bastantes joyas y que llevó a Sakamoto a convertirse en uno de los más valorados y cotizados músicos de nuestro tiempo.
Sus compañeros en YMO, Haroumi Hosono y Yukihiro Takahashi -fallecido en enero de 2023- ya tenían una historia previa importante, el primero con bandas psicodélicas y folk rock como Apryl Fool y Happy End, y como solista, y el segundo como baterista de Sadistic Mika Band y The Sadistics.
De ese encuentro surgió una poderosa asociación sinérgica que dio como resultado uno de los capítulos claves de la música pop japonesa, pionera del synth pop.
Sakamoto, Hosono y Takahashi siguieron trabajando sus carreras solistas mientras YMO publicaba una seguidilla de discos que desde Tokyo competían con las agrupaciónes británicas que dominaban el panorama synth pop (The Human League, OMD, Soft Cell, Ultravox, Depeche Mode, Yazoo, Gary Numan…), al tiempo que se nutrían tanto del legado de Kraftwerk e Isao Tomita, como de las producciones disco de Giorgio Moroder.
El uso de secuenciadores, vocoder, cajas rítmicas y baterías electrónicas, sintetizadores de todo tipo, primitivas computadoras/ordenadores, y los primeros samplers, hicieron de YMO un grupo pionero en el plano tecnológico que transitó el final de la era analógica a los primeros tiempos de la era digital.
También, YMO fue fundamental en la creación de historias distópicas, contribuyendo a la cultura cyberpunk.
Sus discos Yellow Magic Orchestra (1978), Solid State Survivor (1979), ×∞ Multiplies (también conocido como Zoshoku, 1980), BGM (1981), Technodelic (1981), Naughty Boys (1982) y Service (1983), conforman un cuerpo de trabajo sólido e influyente, realizado en apenas 5 años.





Sakamoto y su ecléctica y prolífica carrera solista
Thousand Knives fue la puerta de entrada en un momento en el que su atención estaba puesta en el inicio de la Yellow Magic Orchestra.
Durante casi 45 años, Sakamoto hizo practicamente de todo. Y como es lógico en una producción tan nutrida, siempre hay discos absolutamente imprescindibles y otros que quizá no revistan tanto interés. De los discos netamente pop a los más minimalistas hay todo un universo en el que caben decenas de bandas sonoras, colaboraciones notables, discos académicos, electrónicos, ambientales, experimentales y más.
Durante los años 80, Sakamoto vivió un ascenso vertiginoso, para luego consolidarse en los años 90.
Discos como Left-Handed Dream (1981), Neo Geo (1987) o Beauty (1989), en los que claramente se sumerge en los ritmos funk con toda la tecnología de punta de la época y la participación de grandes músicos occidentales como Bill Laswell, Sly Dumbar, Bootsy Collins, Iggy Pop, Arto Lindsay, Robert Wyatt, Nana Vasconcelos, Pino Palladino, David Sylvian, o el senegalés Youssou N’Dour, contrastaban con sus elaboradas bandas sonoras que comenzaron en 1983 con la fenomenal “Merry Christmas, Mr Lawrence” -con David Bowie en rol estelar; Mejor Película según BAFTA- y que tuvieron en “The Last Emperor” (Bernardo Bertolucci, 1987) el gran momento de repercusión planetaria al recibir el Oscar , el Golden Globe y el Grammy como Mejor Banda Sonora Original.


A partir de allí le llovieron propuestas en ese ámbito y no las desaprovechó, aunque no todas hayan sido premiadas y ni siquiera nominadas. Sakamoto compuso música para dramas, comedia, horror, animaciones, documentales, series de TV, y más, para directores de Estados Unidos, Italia, India, Japón, Francia, Corea, México, Inglaterra…
Destacan las nominadas “The Sheltering Sky” (Bernardo Bertolucci, 1990), “Little Buddha” (Bernardo Bertolucci, 1994) y “The Revenant” (Alejandro G. Iñárritu, 2015), que compartió con Alva Noto y Bryce Dessner de The National, así como “The Handmaid’s Tale” (Volker Schlöndorff, 1992), “Tacones Lejanos” (Pedro Almodovar, 1992), “Emily Brontë’s Wuthering Heights” (Peter Kosminsky, 1992), “Snake Eyes” (Brian De Palma, 1998), “Poppoya” (Yasuo Furuhata, 1999), “Femme Fatale” (Brian De Palma, 2002), “Silk” (François Girard, 2007), “Women Without Men” (Shirin Neshat, 2009), “Living With My Mother” (Yoji Yamada, 2015), “Rage” (Lee Sang-il, 2016), “The Fortress” (Hwang Dong-hyuk, 2017), “The Sttagering Girl” (Luca Guadagnino, 2020), entre muchas otras.



Sakamoto también grabó varios discos minimalistas de electrónica ambiental, experimental y arte sonoro, así como de world music, tanto solo como con Alva Noto, Cristopher Willits, Fennesz, Taylor Dupree, David Toop y otros






La lista de colaboraciones es inmensa, y entre ellas hay que destacar las que hizo con David Sylvian y Hector Zazou, dos de los músicos que a su vez mas lo admiraron.



El arte de Sakamoto será para siempre.



