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The Coral y su breve pero sustancioso paso por Madrid

The Coral

La agrupación de Liverpool pasó por Madrid con su exquisito pop psicodélico como parte de la gira de su nuevo disco Move Through the Dawn

The Coral

Sala Changó, Madrid

(Noviembre 16, 2018)

 

Aunque se formó a finales de los 90, la actividad discográfica de The Coral comenzó con el siglo 21, publicando su primer single en 2001 y un año después su homónimo disco debut. Rápidamente se convirtió en una de las nuevas promesas de Liverpool, junto a The Zutons, una banda con la que compartían sello disquero, productor y amistad.

El impacto de aquel disco de pop psicodélico con aroma sesentero se ratificó con Magic and Medicine (2003), un segundo álbum más premiado y exitoso aún que el primero.

Desde entonces,  a pesar del abandono de los dos guitarristas fundadores (Bill Ryder-Jones en 2008 y Lee Southall en 2015), The Coral ha mantenido el interés y el nivel.

Su reciente noveno disco, Move Through the Dawn (2018), ha traído a España a la banda conformada por los fundadores James Skelly (voz principal, guitarra rítmica y principal compositor), Ian Skelly (batería, coros), Paul Duffy (bajo, coros) y Nick Power (teclados), y la reciente adición del fantástico Paul Molloy, ex guitarrista de The Zutons y por tanto viejo amigo del grupo.




Los acompaña el percusionista Marcus Prince, una fantasmal figura escondida detrás del amplificador de bajo y que poco aporta al sonido grupal.

El concierto fue corto, pero sustancioso. Apenas una hora y cuarto, tiempo en el que tocaron 17 canciones, obviando la versión de “Heart Full of Soul” de The Yarbirds que venían tocando en todos los conciertos anteriores.  Comenzaron con “Sweet Release”, que posee un sonido de guitarra que recuerda al George Harrison de Revolver.

Fue el primero de cinco temas del nuevo disco, el más repasado como era de esperarse, junto al anterior Distance Between (2016), del que escogieron cuatro, comenzando con la poderosa “Chasing the Tail of a Dream”, la primera señal de la gran noche que ofrecería Molloy, sin duda una adición sinérgica para The Coral.

La pegadiza “Something Inside of Me”, de The Invisible Invasion (2005), fue el primer viaje a sus primeros tiempos, muy bienvenido por el público. Skelly agradece con sobriedad. Es Duffy el simpático. Realmente no hicieron falta muchas palabras.

Siguieron con “Outside My Window”, otro tema que reafirma lo estupendo del nuevo álbum, con unas armonías vocales destacables. El teclado estuvo algo relegado de la mezcla y no siempre pudo escucharse bien, siendo aquí una de las excepciones.




Uno de sus éxitos, “Jacqueline”, con su melodía nostálgica, ritmo saltarín y aroma a The Byrds, fue uno de los momentos álgidos. James Skelly se colgó entonces la acústica para interpretar dos temazos de Magic and Medicine (2003), comenzando por “Pass it On”, una especie de country rock beatlesco y byrdesco, que fue seguido por “Bill McCai”, un psychobilly gentil.

Luego, el reconocible teclado anunció uno de los temas esperados, “In the Morning”, que hizo feliz a muchos de los presentes.

Algunas nuevas influencias se ha traído consigo Molloy y le han dado libertad para extender algunos temas con pasajes guitarreros más zeppelianos o incluso a lo Jack White o John Squire (Stone Roses), como pasó en “Holy Revelation”, que aquí sonó realmente soberbia, con un teclado emulando a un mellotron que le otorga el aroma psicodélico.

De los tres minutos que dura en el disco, pasó a seis. Siguieron sin pausa con otros dos intensos temas del disco anterior, “Miss Fortune” y “Million Eyes”, elevando el tono del show, en especial por la densidad guitarrera.

La única canción escogida de Butterfly Home (2010) fue “1000 Years”, con las estupendas armonías vocales de Duffy y los hermanos Skelly en plan Crosby, Stills and Nash, y la guitarra que recuerda a Jeff Beck con The Yardbirds.




La parte final se la dedicaron al nuevo disco, comenzado con dos composiciones infalibles, en las que despiertan el espíritu de The Kinks, The Zombies, The Beatles, The Moody Blues y otros íconos de la primera invasión británica.

Sin duda, “Reaching Out For a Friend” y “Eyes Like Pearls”, son dos de las joyas pop de 2018, con especial mención a Nick Power en el exquisito sonido mellotron. Por su parte, “Stormbreaker”, es un tema más cinematográfico, con un trabajo vocal y guitarrístico de alta factura.

Apenas una 57 minutos después de haber comenzado se despidieron. No estaba llena la sala, pero los presentes eran todos seguidores y nadie se movió.




Regresaron para interpretar dos temas de su debut, una versión extendida de “Goodbye” en la cual Molloy se desata con su guitarra Fender Jaguar, mientras James Skelly hace lo propio con su Gibson, mientras su hermano mantiene un ritmo tribal y el espíritu de jamming con una batería Ludwig vintage.

El resultado no estuvo lejos de las improvisaciones de The Doors, Ten Years After o el primer Black Sabbath. La última canción fue la recordada “Dreaming of You”, que dejó a la audiencia bailando, con ganas de más.

Nunca mejor aplicado el refrán: de lo bueno, poco.

Juan Carlos Ballesta