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Tomates Fritos dio inicio a sus segundos 20 años (Centro Cultural BOD, Caracas) (Ago 5, 2016)

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Tomates Fritos

Tomates Fritos

Centro Cultural BOD, Caracas

(Agosto 5, 2016)

Desde que fue liberado digitalmente el nuevo disco y anunciada la fecha de bautizo, muchas expectativas se crearon con este concierto de lanzamiento del homónimo quinto álbum de la banda de Puerto La Cruz, muy en especial porque su sonido es muy distinto al que habían practicado hasta el disco anterior. El reto, sin duda, era exigente.

Los teclados ahora copan buena parte del escenario. Al frente un Roland DX-3P y un sintetizador análogo Moog Little Phatty, la nueva estación de trabajo del vocalista Reynaldo Goitía aka Boston Rex, quien vuelve a sus remotos orígenes cuando tocaba teclados en bandas pre-Tomates. El bajo Fender Jazz Bass colgado a su hombro ya no es una imagen tan habitual. Compartiendo el medio de la tarima, Carlos “Kike” Franco, ahora desdoblado en guitarrista y bajista, el único de la banda que se mueve y gesticula con energía durante el show, cumplió con creces con esa alquimia guitarrera que arropa los temas y que lo lleva en fracciones de segundo de la quietud a la fiereza. Al fondo, arropado por la luminosa pantalla, Tony Maestracci y su maravillosa batería Ludwig Vistalite de plexiglass de sonido  contundente, muy parecida a la que usaba John Bonham de Led Zeppelin, lanzada al mercado en 1972.

Tomates Fritos
Reynaldo Gotía.
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Kike Franco
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Tony Maestracci

A ambos lados del escenario se ubicaron Chino Agreda, hasta hace dos años integrante regular y ahora solo temporal, quien tocó guitarra en varios temas nuevos y en todos los de discos anteriores. Su ubicación esquinada, era muy lejana para la audiencia del lado derecho de la sala. Lo mismo ocurrió, pero al contrario, con el teclista Ricardo Chigne, quien desde el lado más oscuro del escenario hizo un gran trabajo a pesar de tener poco tiempo montando los temas.

Tras la adecuada presentación de la conocida periodista y locutora Mariana Gómez (hasta hace poco parte del staff de Globovisión), amiga de la banda, el sonido de baja frecuencia del Moog anunciaba el comienzo de “Multicolor”, el estupendo tema que abre el disco. No hizo falta nada más para cerciorarnos que iba a sonar soberbio, sólido y balanceado, gracias al gran trabajo de Armando Iriza en la ingeniería de sonido. Sin pausa lanzaron “Me cuesta” y tras un saludo corto, tocaron “Calma” (uno de los más ochenteros), es decir, las primeras tres canciones del disco, las cuales sirvieron no solo para que la propia banda se asentara y ganara confianza sino para que el público se adentrara en esta nueva sonoridad.

Goitía entonces habló, en su tono confianzudo y afable, que con el paso de las canciones se hizo cada vez más relajado y gracioso, tal como se expresa fuera de un escenario. Presentó “Sven” como su tema favorito, haciendo la salvedad de lo extraño que pudiera sonar esa afirmación. Ciertamente es un tema distinto y ello lo hace atractivo. Es uno en los que Franco toca el bajo Rickenbaker, cuya sonoridad es única. “Mitad dual” posee una melodía de sintetizador analógico en plan The Cars que la hace pegadiza, contrastando con “Ya estaba mal”, tema más sosegado.

Reynaldo (quien por cierto también luce un aspecto más saludable y un corte de pelo distinto) introdujo el siguiente tema, “Hospital”, que trata sobre la industria de la música, en específico del porqué canciones malas suenan tanto. Es sin duda, una de las canciones más propias para sonar en radio, valga la paradoja, con esa guitarra darkosa a lo Echo & The Bunnymen.

Continuaron con la más tranquila “Yo no sé” y luego con “Me cansé”, una de las más cortas, de espíritu saltarín new wave, y en la que se notó más el recurso del falsete de Boston Rex. El repaso por el disco terminó con la fantástica “Me veo sin ti”, su primer single que, extrañamente, no fue colocado en todas las radios en la que habitualmente Tomates Fritos ha tenido presencia. Aquí sonó potente y la gente la cantó como si la conociera de toda la vida, lo que sin duda pone en entredicho ese tipo de decisiones, casi una falta de respeto con una banda de este calibre.

Dejaron fuera los dos últimos temas del disco, “Volver atrás” y “Huyendo de la tempestad”, los más densos. Salvo un par de momentáneos lapsus de Goitía en los que titubeó con las letras, no parecía que era la primera vez que tocaban estos diez temas en vivo, lo cual habla a las claras de la cantidad y seriedad de los ensayos previos. Tomates Fritos pasó esa prueba con alta calificación. Las visuales de Héctor Gil contribuyeron grandemente a hacer del show un espectáculo muy profesional.

El bautizo del disco (que se vendió en formato “jacket” y una edición especial que merece la pena), se realizó con ron patrocinante y algunos de los involucrados, entre ellos Ricardo Martínez (ingeniero del disco) y Ricardo Parra (diseño de sonido de baterías).

 

Tomates Fritos
Bautizo del disco

Pero, aún faltaba. La banda decidió complacer a su público con un selecto ramillete de media docena de canciones ya pertenecientes al inconsciente colectivo del siglo 21. Las tres primeras, “Tripolar”, “Granola” (que compusieron durante un tiempo en el que vivieron en El Marqués y amanecían viendo el Ávila) y “Eterna soledad”, pertenecientes a Hotel Miramar (2012). Las tres últimas, “Mientes”, “Mi cura, mi enfermedad” y “Nadaré hasta llegar”, del disco Hombre Bala (2010), demostraron cuán profunda ha llegado la música de esta banda, que no ha cejado en su empeño de recorrer Venezuela y dejar un legado de canciones honestas, muy bien compuestas, grabadas y ejecutadas.

Ahora es cuando comienzan los segundos 20 años de Tomates Fritos.

Juan Carlos Ballesta