En septiembre de 1974, el excelso trío holandés publicaba su primer disco, una obra enmarcada dentro del progrock instrumental que ya mostraba su ambiciosa fórmula
Trace
Trace (debut)
Phillips Records. 1974. Holanda
En ese fascinante mundo del rock progresivo, llegan a nuestra memoria recuerdos de grupos como The Nice, considerados precursores del género, Brian Auger’s Oblivion, Emerson, Lake & Palmer y el que hoy nos ocupa para celebrar su 50 aniversario.
Ellos tienen en común el hecho de ser tríos, pero además su música tiene elementos donde el jazz, el rock y la música clásica conviven de un modo muy peculiar, generalmente con un peso importante en lo instrumental.
Trace fue fundada en 1974 por el teclista de la banda Ekseption, Rick Van Der Linden, quien reclutaría a la base rítmica del baterista Pierre Van Der Linden -proveniente de Focus- y el bajista/guitarrista Jaap Van Elk, quien había vivido su niñez en Venezuela.
En su breve paso por este mundo Trace dejó tres obras discográficas: Trace (1974), Birds (1975) y The White Ladies (1976). El trío gozó de cierta popularidad en Europa, pero del otro lado del Atlántico la historia no fue tan alentadora.
El trío inicia el repertorio con aires barrocos en “Gaillarde” de J.S. Bach y un sentimiento polaco con la interpretación de una danza tradicional del país de Chopin arreglada por Rick. La interpretación nos brinda la oportunidad de escuchar una interesante dinámica, muy emersoniana

Sin pausa disfrutamos de un tema original de Jaap Van Elk llamado “Gare Le Gorbeau”, donde el bajo es el principal protagonista de esta pieza de dos minutos.
El trío repite con “Gaillarde” título que en términos musicales nos refiere a una música y a una danza del período renacentista muy popular en Europa, por lo que tenemos una idea de lo que estamos por escuchar.
“The Death of Ace” es una lúgubre composición del noruego Edvard Grieg arreglada por Rick Van Der Linden en la que el teclista exhibe una parte de su arsenal de teclados desde los cuales emergen sonidos característicos de la época como el Moog.
Acto seguido escuchamos una marcha llamada “The Escape of The Piper” donde Pierre nos muestra sus talentos en la caja o redoblante.
Esta segunda tríada culmina con “Once” tal vez la pieza más sencilla del disco.
El lado B lo abre un clásico del grupo que lleva por nombre “Progression”. A lo largo de doce minutos experimentamos una serie de cambios en todas direcciones, sonidos, ritmos y los elementos que intrínsecamente conceptúan el lenguaje Trace
Luego nos dejamos llevar por los temas “A Memory – part 1” y la conclusión “A Memory – part 2”, y entre ellos “The Lost Past”. El primero es una sencilla melodía que se va desarrollando a partir de un sonido que emula al viento.
La segunda es una pieza de tres minutos y medio donde la batería es la total protagonista de la historia.
Cierra el disco con “Final Trace”, una cálida melodía donde piano acústico, sintetizador y órgano ponen el punto final.
Una serie de temas adicionales se grabaron, pero las limitaciones en la duración de los LPs obligaron a descartarlas, emergiendo dos de ellas en la reedición en CD de 1995, y en 2014 una reedición expandida incluyó otras más, incluida una larga pieza llamada «A Swedish Largo»
Viajemos a septiembre de 1974 para disfrutar de este fantástico disco debut de uno de los capítulos más recordados del rock neerlandés.
Leonardo Bigott



