La cantautora Miren Iza aka Tulsa lanza su séptimo álbum, Amadora, una obra intimista en la que reflexiona sobre el rol de las mujeres
Amadora es el emotivo nuevo disco de la cantautora vasca afincada en Madrid, un nombre que da pistas sobre su contenido y orientación.
Tulsa es Miren, Miren es Tulsa. Con una y con la otra conversamos sobre este nuevo paso en su carrera que sube el listón de su atractiva trayectoria como cantautora, tanto por el disco en sí como por la puesta en escena de la mano de la dramaturga María Velasco.
Juan Carlos Ballesta
Mucho tiempo ha pasado desde que en diciembre de 2007 conocí a Miren Iza en Caracas, invitada por la Oficina de Cooperación Internacional de la Embajada de España y como parte de la Gira Rock en Ñ (iniciativa conjunta de la SGAE y Fundación Nuevas Bandas con la que estaba involucrado, y que llevó a Caracas a varios grupos y posibilitó a proyectos venezolanos tocar en varias ciudades de América).
En aquella oportunidad presentaba las canciones de su para entonces único álbum solista, Solo me has rozado, el cual fue sorpresivamente nominado al Grammy Latino en la categoría Nuevos Artistas, a cuya ceremonia Miren y los músicos que conformaban la primera formación de Tulsa, no pudieron viajar por falta de presupuesto.
Aquella primera etapa se cerró con Espera la pálida (2009), bajo la producción de Karlos Osinaga de Lisabö, tras el cual viajó a Nueva York al aceptar un trabajo en psiquiatría, profesión que sin querer alimenta su verso.
El regreso en pleno al mundo del disco se produjo en 2015 con el magnífico La calma chicha (Gran Derby Records), y enseguida la banda sonora de “Los Exiliados Románticos” de Jonás Trueba, Premio Especial del Jurado, Mejor música del Festival de Málaga en 2015.
Con el sello Intromúsica publicó Centauros (2017) -más electrónico que su antecesor- y Ese Extasis (2011), el disco producido en tiempos de pandemia.
Dentro del variopinto panorama de la canción de autor española, Miren Iza se ha ganado un puesto con todo merecimiento. Desde que decidió emprender una carrera solista abandonando el inglés que usaba para cantar con Electrobikinis -parte del llamado Getxo Sound-, su carrera dio un giro cuando creó el concepto de Tulsa, nombre inspirado en la ciudad estadounidense de Oklahoma donde se creó la famosa Ruta 66, que une Santa Mónica, California, con Chicago, Illinois, pasando por nueve estados, y que da nombre a la canción mil veces versionada (Nat King Cole, Bing Crosby, Chuck Berry, The Rolling Stones…)
Tulsa recorre esa extensa carretera donde el dolor, la soledad, la incomunicación, el amor y el desamor, el rol de la mujer, las certidumbres, anhelos y querencias, cohabitan y conviven. Y a través de ese recorrido nos lleva de privilegiados pasajeros, dejándonos entrar a ese mundo rico en matices. Lo de Tulsa es una road movie emocional.
Su más reciente disco, Amadora (Matxitxako Records), el primero post pandemia, es una joya, un trabajo intenso en el cual Miren explora el mundo femenino, reflexiona y pone en cuestión las cargas que la mujer lleva tácitamente consigo, aguantando estoicamente los designios sociales de décadas y siglos.

Acompañada por Alex Moreno (batería) y Clara Collantes (guitarras), bajo la producción y grabación de Alex Luján, en Amadora, Miren se mueve por la canción folk, y se atreve con pinceladas krautrock, post punk, electro pop y las baladas en plan Lana del Rey o Angel Olsen. Sin duda, uno de los grandes álbumes del indie pop español de 2023.

Una tarde otoñal nos vimos con Miren en un bar de Madrid para conversar un rato sobre este nuevo disco, Amadora, y otros aspectos de su carrera.
– Henos aquí 16 años después de nuestro encuentro en Caracas. ¿Recuerdas aquella visita?
Tulsa: Fue un inolvidable viaje. Estaba muy nerviosa porque fui sola y toqué con músicos de allá (Oswaldo Grillett, Raúl Fonseca y Yátu). Mi concierto fue corto y también canté con Yátu.
– Las entrevistas no deberían comenzar con una confesión propia, pero debo decir que Amadora me ha encantado. Entiendo que tiene que ver con el rol de la mujer, del sacrificio de las madres.
Tulsa: Yo creo que la madre es la máxima expresión de esta especie de mandato que se hereda de generación en generación de abnegación a los demás.
Pero no solo la madre, porque hay muchas mujeres que no son madres y que también son las encargadas en el núcleo familiar de cuidar a los mayores, a los sobrinos a los dependientes en general.
Amadora no solo apela a las madres, es una cosa que va muy en el rol femenino
– ¿Abordar y desarrollar ese tema obedece a algo en particular de tu vida o es porque es un tema recurrente en la sociedad, o ambas cosas?
Tulsa: Yo soy psiquiatra y lo veo mucho en la consulta. Percibo que hay un dolor crónico en las mujeres, de una prevalencia que sobrepasa cualquier posibilidad de alivio por parte del sistema, y cuando indago siempre me encuentro mucho con esta historia de sobrecarga, doble jornada laboral, cuerpos desgastados por tareas domésticas repetitivas y una especie de silencio de ese grito, de esa queja.
Hay un cansancio y la negación no existe sin coste. Es una gran trampa porque si hay un mandato de santidad también se neutraliza la queja. Entonces la queja no tiene salida y se queda como se dice en psicología, atrapada en el cuerpo, atrapada en los músculos, en la espalda y entonces aparece como síntoma de dolor.
– Con seguridad es una herencia de cuando la mayoría de las mujeres estaban solo en casa y por lo tanto tenían la responsabilidad de las labores del hogar, de cuidar a los enfermos. Ahora una buena cantidad de mujeres trabajan fuera de casa, pero sigue existiendo esa responsabilidad tácita heredada.
Tulsa: Sigue existiendo y hay un conflicto muy fuerte en muchas mujeres en este sentido porque en un plano más consciente ya no están destinadas a ser ángel del hogar, pero en el fondo sí que tienen esa última responsabilidad y sí que son el último sostén emocional de todos los demás, lo siguen siendo.
Entonces, claro, la sobrecarga quiebra los cuerpos.
– ¿No crees que ha cambiado el porcentaje de hombres que también han asumido un poco ese rol?
Tulsa: El feminismo nos está ayudando tanto a hombres como a mujeres a identificar más estas cosas y los hombres más frecuentemente son capaces de ver a su alrededor si una hermana está sobrecargada por el cuidado de los padres, entonces dan un paso al frente.
Muchas veces no hay una mala intención, no hay una negación de auxilio porque sí, simplemente hay un mal entendido muchas veces familiar ya que parece que las mujeres lo hacen a gusto como que ‘déjame que yo lo voy a hacer mejor’ y entonces muchas veces los hombres se inhiben porque piensan que la mujer está ahí a gusto.
– Es un poco el condicionamiento de la sociedad por mucho tiempo
Tulsa: Es una herencia muy católica también, claro.
– ¿Cómo te las arreglas como psiquiatra y cantautora?
Tulsa: Ahora estoy de excedencia, así que me dedico a ser cantautora. Siempre han estado las dos. Bueno, yo no tengo hijos y tengo tiempo libre para poder hacer las dos carreras (risas)
– Te entiendo, las cosas cambian mucho teniendo hijos, sobre todo cuando son pequeños. El gran reto es equilibrar las cargas.
Tulsa: Yo creo que se ha equilibrado un poco y lo que pasa es que muchas veces veo a amigas que son madres y que no delegan, no acaban de soltar del todo esa última responsabilidad de los cuidados.
La última responsabilidad sigue siendo de ellas en lugar de compartirse, la responsabilidad tiene que ser la misma.
– ¿Cuánto tiempo estuviste dando vueltas a esta idea hasta plasmarla en el disco? También hay una puesta en escena
Tulsa: Bueno, esto estaba tan pegado a mi día a día que constantemente me hacía preguntas, conversaba con mis compañeros y hablábamos de esto, del origen social y cultural.
También muy ayudada yo misma por el feminismo a ver esa perspectiva, que desde la psicología estás viendo al individuo todo el rato en relación a su contexto de comunidad, social y de país.
Debo haber estado años, no lo sé, dando vueltas a eso y cuando decidí que le iba a dedicar el nombre Amadora, que le tenía apuntado desde muchos años también, por la ciudad portuguesa al lado de Lisboa, y me encantó.
Lo apunté y me dije ‘me gusta mucho ese nombre porque está asociado a la que ama”. Y lo dejé un poco ahí. No se cuando ocurrió que se juntaron las dos cosas. Cuando ya tuve un personaje que se llamaba “Amadora” y las ganas de desarrollar este tema del dolor y ponerlo en relación con mi propia vida, con mi madre, ver alrededor qué tenía, pues busqué a María Velasco y nos pusimos a trabajar. Ha sido todo bastante rápido en realidad.

– Has desarrollado una historia completa y cada canción es un trozo. ¿Cómo la habéis convertido en la puesta en escena con músicos y actrices, estrenada en los Teatros del Canal con aforo completo?
Tulsa: Ahí si que yo le pasé el testigo a María Velasco que es la dramaturga a la que le conté lo que te estoy contando a ti y le interesó. Ella lo lleva a otro ámbito, con su pulsión, sus preguntas vienen casi más de lo personal porque ella escribe muy de lo experiencial y entonces lo quería conectar con su propia vivencia, su universo que es muy poderoso.
Entonces ella primero lo escribió e iba escribiendo cosas que me las mandaba y yo le enviaba canciones y vamos haciendo así una especie de diálogo de ideas. Ella es la que ha decidido que sean tres Amadoras, un personaje desdoblado en tres y eso es muy bonito porque las actrices son diferentes, el personaje es el mismo pero como las actrices tienen temperamentos, voces diferentes, ahí vislumbras esas diferentes dimensiones que tiene cada uno en realidad, que tiene todo el mundo.
Hay una que es más punky, hay otra que es más cínica y hay otra que es más abnegada que es como más la santa.
Cuando me dijo que eran tres yo dije ‘no sé no se’, no me convencía del todo.
– ¿Y con cual te identificas más?
Tulsa: Yo con la punky, con la que tiene la rabia. Si, si, con Celia Bermejo (la actriz que la interpreta), porque además yo siempre pensaba en un final violento, que el final de la narración del relato fuera sangriento, que fuera una venganza (risas)
Pero tampoco me empeñé mucho en eso, me he dejado guiar completamente por María y ella ha tomado todas las decisiones de escena prácticamente. Yo no tengo esa visión, una humildemente tiene que saber que terrenos está pisando.
– Tu escribes canciones que son relatos, y todos hilados se convierten en una historia que puede dar pie a películas u obras de teatro
Tulsa: Ahora que estás diciendo eso, me acuerdo que al principio María me decía que las canciones tenían tanto contenido ya que no sabía donde entrar. Esa era una de las primeras fricciones que había y me decía ‘si las haces más poéticas, más líricas o más prosaicas, yo voy a poder entrar de una u otra manera’
Eso me fue perfilando porque no tenía todavía todo el disco compuesto cuando yo le llame a ella, entonces nos fuimos casi complementando en el lenguaje, al final hay muchísimo texto y mucha historia preciosa.
María le ha dado un vuelo que me emociona mucho y ver que las conversaciones que tuve con ella y aunque el tema no nace de ella lo cogió con tanto interés y lo ha comprendido, es tan inteligente que lo ha hecho suyo y lo ha profundizado de una manera que que llega a un sitio que yo no habría llegado.
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En la nota de prensa, María Velasco comenta:
“¿Se puede ser maldita y pop? Amadora es una respuesta afirmativa. El lirismo de este nuevo disco de Miren Iza (Tulsa) procede del malditismo y del realismo sucio de las excluidas que estuvieron más cerca. Y tiene chispa. Y tiene aromas surreales. Es un suceso profundamente original dentro del indie. Escapa a la música de consumo rápido con composiciones que hacen pensar en la literatura de Lucía Berlín, Otessa Moshfegh o Eider Rodríguez.
La poesía trepana, indistintamente, lo intimista y lo bailable, dando muchos nombres al dolor, que es uno de los temas indiscutibles del disco, y que recibe en él muchos nombres (a menudo de lo animal -y de lo animal agazapado-). La música es la prueba de que podemos reinventarnos a pesar de la pesada carga de la herencia y del daño”.
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– Vayamos un poco hacía atrás, a 2019, cuando asistí a un concierto tuyo en Sala El Sol (al día siguiente ibas a México) en el que estrenaste varias canciones de Ese éxtasis, que luego fue lanzado aún en pandemia.
¿Cómo afectó a esta etapa creativa post-pandemia todo aquel tiempo de confinamiento, soledad, incertidumbre… siendo tu psiquiatra?
Tulsa: Bueno, yo no dejé de trabajar, tuve que seguir yendo al centro, al hospital donde hacía guardias antes, y sí que fue bastante fuerte. Fueron mis últimos coletazos de tener contacto con la vida de hospital, que es muy frenética.
Obviamente estuve mucho en tiempo en casa, y no podía hacer mucha música. En los primeros meses estaba un poco obsesionada con el tema del COVID, estaba muy alerta, con la cabeza que me costaba pararla. No era capaz de hacer otra cosa, y hacía muchas cosas mecánicas, ejercicios de francés, sabía que era incapaz de ponerme a hacer una canción. Mi cabeza estaba secuestrada por todo este dolor.
Y poco a poco empecé a componer y grabé Ese éxtasis en julio de 2020 cuando ya nos dejaron salir de Madrid, y tardé en sacarlo porque me daba pereza
– También había una especie de miedo a sacar discos en una etapa en que la gente estaba pensando en otras cosas. Así pasó con muchos que lo fueron posponiendo. Hubo unos pocos que se atrevieron
Tulsa: Yo no era por miedo a no poder girarlo, sino que caí en una especie de nihilismo de ‘qué sentido tiene haber hecho el disco’. Pero fue una grabación super feliz porque alquilamos una casa con amigos, la grabación fue redentora.
Salir de esa pesadilla y estar ahí unas tres semanas en ese ambiente fue de lo más feliz de mi vida, lo recuerdo fantástico. Y luego dije, bueno, a lo mejor este era el sentido del disco y lo guardo en un cajón, no pasa nada.
Yo creo mucho también en esas cosas, al final tengo mi propio sello y nadie me manda a hacer cosas que no quiera.
También en un contexto en el que se saca tantísima música constantemente y dices ‘joder tiene sentido que yo ponga este disco fuera con el trabajo que supone que luego hay que defenderlo’
– Lo que ocurrió fue esa dicotomía entre ‘si lo saco ahora no lo voy a poder tocar en directo’ pero al mismo tiempo en ese período ‘la gran mayoría de la gente está confinada y consume mucha música’.
Tulsa: Claro pero consumiendo de manera que no reporta mucho
– ¿Impactó esa etapa de alguna manera tu proceso creativo posterior?
Tulsa: Se nos atravesó completamente y claro que ha afectado.
– ¿Influye en tus canciones tu labor como psiquiatra? ¿Se te ha ocurrido alguna canción en plena consulta?
Tulsa: Normalmente lo tengo separado, casi siempre han sido departamentos separados y eso me ha ayudado. Pero en este disco quizá si hay algo. Me he enterado hace poco que Morricone quería ser médico y su padre quería que fuera trompetista, una cosa insólita que suele ser al revés.
– De todos tus discos anteriores que rescatas? ¿Son una fotografía de cada momento o forman parte de un hilo conductor?
Tulsa: Son fases diferentes. Una etapa es la de Solo me has rozado (2007) y Espera la pálida (2009), y todos los demás es otra época. De momento lo tengo dividido así. Me fui a Estados Unidos antes de La Calma Chicha (2015), allí me cargué las pilas muchísimo, cambié mi cabeza. Fueron dos años que son cruciales en la historia vital de alguien.
Al regreso vinieron La Calma Chicha, Centauros (2017) y Ese Éxtasis (2021), y quizá con el tiempo veré una diferencia entre los que se hicieron antes de la pandemia y después porque el impacto es de suficiente envergadura como para que se note algo distinto, pero de momento no lo percibo.
Pero sí, antes de irme a Estados Unidos era una persona que tendía mucho a la solemnidad y a la gravedad, muy metida en mi misma.
– A mi me gusta mucho La Calma Chicha
Tulsa: Ese disco está hecho muy despacio, fue una grabación de un año y medio. Es una obra de orfebrería con Carasueño, que fue quien lo produjo. Trabajar con el en las sesiones durante todo ese tiempo permitió agregar muchas capas y no existía la variable de tiempo y eso me permitió disfrutarlo mucho.
– ¿Qué artistas te gustan? ¿Qué oyes habitualmente?
Tulsa: Pues mira, tengo gustos súper amplios, o sea, me puede gustar desde Bad Bunny a Portishead.
¡Sí, lo siento, me interesan los dos! ¿Sabes? Antes en otra entrevista me dijeron que ‘¿cómo que me gusta el reguetón?’ y digo, pues es que yo no lo odio para nada
No haría reguetón pero quizá Bad Bunny me interesa especialmente por sus estructuras, que yo nunca haría así las canciones, pero entonces digo, ‘anda ¿Qué ha hecho?’
Te puedo decir también Karen Dalton y Nina Simone son muy importantes para mi.
Justo antes de apagar la grabadora, Miren suelta “¿Te ha quedado alguna pregunta?”
La respuesta que ella misma dio al ver mi expresión fue: “Sí”.
Pero las dejaremos para un próximo disco. Ahora toca poner atención y disfrutar Amadora, que lo merece.





