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Pawn Hearts: la precoz obra maestra de Van Der Graaf Generator

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Van Der Graaf Generator

El 1 de octubre de 1971 fue publicado el cuarto disco de la banda inglesa, auténtica piedra angular del rock progresivo

Van Der Graaf Generator
Pawn Hearts

Charisma. 1971. Inglaterra

 
Van Der Graaf Generator ha sido una de las bandas con mayor densidad lírica y musicalmente la más dramática dentro de ese controversial subgénero del rock conocido como rock progresivo y todas las variantes que de éste se nos vengan a la mente.

Peter Hammill, descrito acertadamente por Robert Fripp -quien participa aquí– en su sentencia: “Peter Hammill es a la voz lo que Jimi Hendrix es a la guitarra”, literalmente nos lleva desde los más escarpados pasajes hasta los más bucólicos escenarios siempre teñidos de elementos oníricos y surreales.

En cada una de las tres composiciones que conforman esta obra maestra, su cuarto trabajo discográfico, VDGG nos desgarra y acaricia con la misma intensidad.

Con “Lemming (including Cog)” en los primeros once minutos, la banda nos dibuja la imagen de un hombre solitario en lo más alto de un risco quien, en un delirio, nos describe con surrealista narrativa lo que observa desde lo alto.

00Hammill parece describirnos su encuentro con la muerte en este tenebroso viaje donde en un verso nos dice “qué nos queda sino morir”.

El órgano Hammond de Hugh Banton le impregna un cierto aire sacro pero la verdad es aún más lapidaria. Destaca en esta composición esa dinámica característica de VDGG que nos abriga con dulzura y nos abandona con violencia.




Llegando al quinto minuto, la banda nos sumerge en una especie de angustioso trance donde el piano de Banton y la batería de Guy Evans nos llevan por un caótico episodio que parece irresoluto hasta el minuto ocho de la composición. Hammill nos acaricia junto a Banton haciendo de fondo.

El tema finalmente resuelve con los platillos de Evans. A lo largo de la composición destaca también la presencia de los saxos de David Jackson. El título bien pudiera traducirse como “Acure (incluyendo Muesca)”, ese pequeño roedor mascota favorita de los infantes y que nos llevaría algo más que una reseña para establecer el porqué de este título en un contexto tan oscuro como este.

El tema sin duda propone una libre interpretación que se estrecha en la medida que éste se desarrolla.

Este álbum que logró el primer puesto en las carteleras de Italia es corresponsable del éxito de este género, no sólo en ese país donde realmente floreció, sino en Inglaterra y eventualmente en el resto de Europa y el mundo.

Nursery Cryme de Genesis sería otra de esas obras maestras que aquel año 1971 proyectaría al género a la cumbre de un torrente creativo que se vio truncado por el surgimiento del punk hacia mediados de esa década.




VDGG con la dramática voz de Hammill, el desgarrador doble saxo de David Jackson, la pulsada batería de Guy Evans y el cuasi sacro órgano Hammond de Hugh Banton delinearon un estilo que si bien no gozó de la popularidad de Emerson, Lake & Palmer, Genesis o Yes, es sin duda una de las más representativas del género y éste álbum, junto a Godbluff (1975) y Still Life (1976), son excelentes ejemplos de una música con voz propia sobre la cual descansan los más poéticos versos del rock, si así podemos llamarle.

Van Der Graaf Generator

Van Der Graaf Generator

Man-Erg”, con el intro de piano, la voz de Hammill y el órgano, inicia con particular belleza pero contrastando con una lírica que evoca a Sigourney Weaver en “Alien”: “El asesino vive en mí, puedo sentirlo moverse / a veces duerme con ligereza en la quietud de su habitación / pero de pronto sus ojos se alzan y ven a través de los míos / habla por mí y troza el interior de mi mente / El asesino vive…”




Hacia el minuto tres, Hammill demuestra sus cualidades histriónicas y da un giro total al tema, pues ahora son los ángeles quienes habitan dentro de él. El saxo de Jackson es sencillamente de una dulzura evocadora que se va transformando para volver al tema en dos estrofas donde Hammill se encuentra con si mismo encarnado en asesinos, ángeles, dictadores, redentores…

La música bien recrea esos caracteres balanceándose entre la luz y la oscuridad.

El tema que en aquellos días de los LP ocupaba todo el lado B, representa el “Supper’s Ready” (Genesis) o el “Close to the Edge” (Yes) de VDGG, escrito antes de esos dos.

A Plague of Lighthouse Keepers” (Una plaga de fareros o faroleros, en el sentido literal). A lo largo de 23 minutos esta suite de diez partes es una de las más representativas de esta banda formada en 1967.

Con fragmentos que en ningún caso llegan a cuatro minutos, esta entramada pieza resuelve con agresiva pasión el concepto tras “los corazones del peón”. En el primer fragmento, “Eyewitness” nos habla de la realidad de su soledad con fantasmagórica actitud.

En la música hay un aire de trance que conecta con el segundo fragmento “Pictures/Lighthouse”, donde destaca el órgano de Banton. El tema central retorna en “Eyewitness 2”. Saxo y voz dan un mayor dramatismo en “S.H.M” y “Presence of the Night”, éste último la parte central de la suite donde el saxo de Jackson pareciera coquetear con el tiempo antes de desencadenar en un caos sónico que recobra forma hacia el minuto 14 donde Hammill es más angelical o, tal vez, menos demoníaco.

Tras “Kosmos Tour” y “(Custard’s) Last Stand” está el fragmento “The Clot Thickens” aún más dramático con Hammill cantando: “¿DÓNDE está el Dios que me guía? / ¿CÓMO pueden alcanzarme las manos de otros? / ¿CUÁNDO encontraré lo que a ciegas busco? / ¿QUIÉN me enseñará?…”




Tras un abrupto corte VDGG inicia los últimos cinco minutos con un hermoso pasaje en “Land’s End (Sineline)» / “We Go Now” que a piano y voz se va transformando. Acá está la guitarra eléctrica de Fripp llevándonos al final con un cierto aire de gloria.

Pawn Hearts, lanzado en octubre de 1971, fue en esa década el más ambicioso trabajo de VDGG. Tal vez sea osado decir que bien pudo inspirar incluso a Close to the Edge de Yes en 1972.

Hoy, como toda gran joya musical, es un álbum que merece ser escuchado y analizado en su entereza. Sobre todo ahora cuando muchos de aquellos adolescentes desconocíamos el idioma y estábamos limitados a sentir la música únicamente. Qué ya era mucho decir en aquellos días de gloria.

Leonardo Bigott



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