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Still Life: la insuperable poesía existencial de Van Der Graaf Generator

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Van Der Graaf Generator Still Life

El 15 de abril de 1976 la fundamental banda inglesa de progrock liderada por Peter Hammill publicó su inmenso sexto álbum

Van Der Graaf Generator
Still Life

Charisma. 1976. Inglaterra

Pocos discos en la historia del rock son tan especiales como este sexto disco de la banda inglesa. Dentro del rock progresivo es una de las obras cumbres, publicado cuando ya el género  había dado sus principales referentes.

Still Life forma parte de la segunda etapa de Van Der Graaf Generator, que se había iniciado con Godbluff (1975) tras la ausencia de cuatro años que siguió al magistral Pawn Hearts (1971).

En ese período de tiempo, Peter Hammill -el motor del grupo- aprovechó para publicar cuatro maravillosos discos: Fool’s Mate (1971), Chameleon in the Shadow of the Night (1973), The Silent Corner and the Empty Stage (1974), In Camera (1974) y Nadir’s Big Chance (1975), todos con participación de sus compañeros de VDGG.




Bajo la ingeniería de Pat Moran, tres de los temas fueron grabados en enero de 1976, completando los dos que se habían registrado en junio de 1975 durante las sesiones de Godbluff.

La fotografía de la portada realizada por Paul Brierley muestra lo que es conocido como “figura de Lichtenberg”, una especie de imagen congelada de una descarga eléctrica de un generador Van Der Graaf.

Todo en este disco es perfecto. Peter Hammill (voz, guitarra, piano y composiciones), David Jackson (saxos, flauta), Hugh Banton (órgano Hammond, Mellotron, piano, bajo) y Guy Evans (batería, percusión), sin duda, estaban en un especial estado de forma para afrontar las cinco complejas composiciones.

El comienzo del álbum es “Pilgrims”, la única pieza cuya composición es compartida por Hammill y Jackson. Su delicado inicio con el órgano, la voz de Hammill y la batería, nos introducen con sutileza al universo único de VDGG.

Pero a partir del segundo minuto dos la intensidad comienza a crecer hasta desbordarse. “He estado esperando tanto tiempo / Solo para verlo al fin / Todas las manos fuertemente entrelazadas / Todos peregrinos / Caminando en silencio por la costa / Simplemente para viajar, aquí la esperanza es lo máximo / Simplemente para saber que hay un final / Todos nosotros, amantes, hermanos, hermanas, amigos”, es parte de la letra.

Los minutos finales sirven para que Jackson se luzca con ese doble saxo (tenor y barítono) que lo distinguió

Pronto emerge “Still Life”, uno de los temas más telúricos de la historia, con un texto existencial que Hammill susurra, recita, eructa, grita…

Peter y Hugh van llevando la pieza, hasta que explota con batería y vientos después de la estrofa: “Viviendo a través de los millones de años / Una risa tan cercana como una lágrima / Viviendo, si dices que todo lo que eso implica es respirar, comer, defecar, follar, beber, vomitar, dormir / hundiéndome siempre hacia abajo y hacia abajo / Y finalmente pasando el tiempo / Lo que ya no tiene sentido”

Es difícil no contener las lágrimas con un final tan apabullante emocionalmente en el que Hammill y toda la banda hacen unos silencios que desarman. Esa estrofa final es sencillamente única: “Pero ahora el lecho nupcial está hecho / Se ha pagado la dote / Los rasgos desdentados y demacrados de la eternidad / Ahora dame la bienvenida entre las sábanas / Para emparejar con su cuerpo marchito – mi esposa / Suyo para siempre / Suyo para siempre / De ella para siempre / En naturaleza muerta”

Los platillos y tambores del gran Guy Evans ponen el broche final con maestría




La Rossa” cierra el lado A y VDGG se las arregla para moverse tangencialmente entre el jazz (gracias a la increíble batería de Evans y el saxo de Jackson) y el rock más expresionista (cortesía de Hammill y su desgarrada vocalización). Y como vínculo está el órgano de Banton.

Esta es una pieza compleja e intrincada, una historia de amor contada de la manera más bizarra e inusual posible: “La Rossa, me conoces, lees mi pensamiento / Soy de vidrio / Aunque lo sé, no hay forma de que pueda / pasar / Aunque significa que terminarás mi historia / Finalmente cambiaría toda las charlas inteligentes / Las bromas, el tabaquismo y los sofismos / Todas las conversaciones de medianoche, toda la amistad / Todas las palabras y todos los viajes / Por el calor de tu cuerpo / El toque más vivo de tus labios”

El lado B lo componen dos piezas. La primera de ellas es una de las más poéticas de la historia de VDGG. Se trata de “My Room (Waiting for Wonderland)”, que es iniciada por el delicado saxo de Jackson al que pronto se une la voz Hammill en su más sosegada y romántica faceta.

El trabajo de Evans es de una impresionante finura y durante toda la pieza va construyendo una especie de manto sobre el que sus compañeros vuelcan sus dotes de prestidigitadores, llegando al punto culminante de poesía cuando Peter canta mientras se pregunta: “¿Cómo pudiste dejar que sucediera? /Sueños, esperanzas y promesas, fragmentos / Fuera de tiempo / Todas estas cosas se han dicho / Todavía no entiendes como se siente / Cuando estoy esperando a que se rompan”

Maravilla absoluta

Y si los cuatro temas anteriores nos habían llevado a otra dimensión, aún falta el más largo de todos: “Childlike Faith in Childhood’s End”.

Los dos primeros minutos sirven de preámbulo a la intensidad tormentosa que se desata y nos conmueve al extremo. Estrofas de alto contenido filosófico se entrelazan con pasajes instrumentales complejos.

“Como la anti materia chupa y pulsa periódicamente / el capullo se despliega, la flor está muerta / todo espacio es historia viva / Parece que el tiempo debe traicionarnos /sin embargo estamos vivos / y aunque no veo a Dios que nos salve / sin embargo, sobrevivimos / a través de los siglos de progreso / que no nos llevan muy lejos”.

Hammill, Banton, Evans y Jackson no paran de sorprenden a lo largo de la pieza, nos conducen por todo tipo de recovecos, claros y oscuros, nos elevan y nos sumergen, hasta hacernos delirar con el tramo final en el que todas las complejidades anteriores palidecen.

Poseído, Hammill, con la instrumentación en el clímax, nos escupe el último párrafo de uno de sus textos más increíbles: “Y aunque oscura es la carretera / y la distancia de la cumbre me rompe el corazón / porque nunca lo veré, todavía hago mi parte / creyendo que lo que nos espera / es el cosmos comparado con el polvo del pasado… /En la muerte de los simples humanos, la vida comenzará”

Luego de esto no hay nada más que decir ni que hacer, solo dejar un largo silencio de agradecimiento a estos cuatro excepcionales músicos que para el momento de grabar esta joya apenas rondaban los 25-26 años.

Juan Carlos Ballesta


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