El prolífico cantautor inglés publicó su maravilloso tercer disco solista el 8 de febrero de 1974, en la primera pausa de Van Der Graaf Generator
Peter Hammill
The Silent Corner and The Empty Stage
Charisma. 1974. Inglaterra
El tercer disco solista del prolífico cantautor inglés fue editado en medio del período de silencio de la emblemática banda que lideraba (y aún lidera): Van Der Graaf Generator. Paradójicamente, todos los integrantes de la banda, a pesar de haber anunciado su separación, participaron en este disco, sin duda alguna, el primer gran clásico en la vasta discografía en solitario de Hammill.
El año 1974 arrojó importantes discos dentro del rock progresivo, corriente a la que siempre ha estado ligado Hammill, aunque a decir verdad en su faceta solista ha transitado varios terrenos. Aquel año fue publicado también In Camera, cinco meses después de éste trabajo.
The Silent Corner and The Empty Stage contiene varios de sus composiciones más representativas y que le dieron personalidad a su distintivo sonido lleno de drama y romanticismo.
El disco comienza con “Modern”, pieza llena de dramatismo en la que Hammill se encarga de las guitarras eléctrica y acústica, bajo, mellotron y las varias voces, ayudado por Hugh Banton en el órgano y David Jackson en los saxos. Probablemente sea uno de los temas más representativos de toda su carrera, con pasajes instrumentales llenos de tensión, altos y bajos.

Sigue “Wilhemina”, una de esas composiciones de gran belleza a las que Peter nos ha acostumbrado desde el primer año de su carrera. Aquí el piano, la guitarra acústica, él mellotron y el bajo, todos tocados por él, acompañan a su sentida interpretación vocal. Entre las particulares baladas que ha compuesto, ésta sin duda está entre las mejores.

“The Lie (Bernini’s Saint Theresa)”, cuyo texto está inspirado por «El Éxtasis de Santa Teresa» del escultor italiano Gian Lorenzo Bernini, posee una fuerza telúrica salvaje, tanto por el piano como por la desgarradora vocalización.

El lado A lo cierra la maravillosa “Forsaken Garden”, con la flauta de Jackson, el bajo y teclados de Banton y la batería del gran Guy Evans, lo cual equivalía a la formación completa de Van Der Graaf.
La pieza, evidentemente, podría ser parte de cualquier disco de la banda, pero dada su inactividad, terminó siendo parte de este disco.

El lado B es iniciado por “Red Shift”, cuyo tramo inicial podría presagiar lo que un año después haría la renacida banda, con la batería y el órgano en roles protagónicos, mientras la voz de Hammill con ecos y reverberos aportan el componente psicodélico.

“Rubicon”, es un tema acústico de prístina belleza, otro de los necesarios escogidos para cualquier selección de baladas. Es el tema instrumentalmente menos complicado, aunque no por ello exento de detalles, como el oscilador que se cuela en la segunda mitad.

El tema que cierra el disco, “The Louse is Not a Home”, es el más largo y complejo, entendido originalmente para ser parte del álbum que sucedería a Pawn Hearts (1971) de Van Der Graaf.
Sus doce minutos contienen todos los elementos que enamoraron a muchos jóvenes de los años 70 de la música de Hammill y su banda, vale decir, pasajes llenos de intensidad, cambios de estados de ánimo, escalas, bajo distorsionado, ritmos sincopados y jazzeados, varias voces de Hammill, saxos a veces exquisitos y en otras frenéticos.

La portada diseñada por la alemana Bettina Hohls, ex integrante de la agrupación de space rock Ash Ra Tempel, es quizá una de las más reconocibles de la vasta discografía de Peter Hammill.
A ella se le debe la introducción de la firma característica que desde el disco anterior, Chameleon in The Shadow of The Night (el primero de los dos que diseñó), ha usado Peter por décadas.

Juan Carlos Ballesta
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