En el marco de Inverfest 2026 el músico de culto comenzó formalmente a celebrar 40 años de carrera discográfica presentando el fantástico material de su nuevo disco
Javier Corcobado
Teatro Eslava, Madrid
Inverfest
(Enero 30, 2026)
La gira celebratoria de los 40 años de carrera discográfica del alguna vez llamado poeta maldito del rock español, no podía empezar mejor.
Javier Corcobado es uno de esos artistas de culto cuyo discurso ha podido mantenerse vigente a lo largo de las décadas, contando con una legión de seguidores fiel que agradece que el artista no haya decaído en su empeño de cantar al amor, el desamor, la soledad y las angustias existenciales sin caer en tópicos y siempre acompañado de músicos de alta factura dispuestos a envenenar cada canción como lo amerita.
Así, Javier (voz y guitarra Tormenta) apareció acompañado de Jesús Alonso (batería, coros), el versatil Juan Pérez Marina (guitarras) -a quien hemos visto recientemente con L’Exotighost-, Gustavo Villamor (bajo) y su pareja Aintzane con G de Gloria (voz, theremin), a quienes avanzado el concierto presentó de manera pausada, acercándose a cada uno con mucho aprecio y agradecimiento, una manera que no suele ser habitual y que engrandece a Corcobado.
“Carta al cielo” abrió fuegos y durante su transcurso rápidamente se ajustó la mezcla. Sin pausa siguieron con la siempre recordada “La Libertad (es la carcel mas grande de todas las carceles)”, en la cual Corcobado mostró su primera carta de intensidad. Ambos temas y otros que siguieron forman parte del segundo LP de Solitud y Soledad, doble álbum compuesto por temas nuevos y revisiones de su discografía pasada que es parte de nuestra lista Los 30 mejores discos españoles de 2025.
“Desde tu herida” nos introdujo en el particular universo corcobadiense de los boleros enfermos de amor, preámbulo para “Solitud y Soledad”, la fantástica pieza que da nombre al nuevo trabajo.
El potente bajo distorsionado de Villamor dio inicio a otro bolero sensacional de nueva cosecha, “Que maravilla sería”, con una maravillosa guitarra de Pérez Marina, el ritmo repetitivo con mazos de Alonso, y la vocalización con esa especie de desgano que es marca de Corcobado.
El concierto siguió en ascenso con “No tengo remedio”, pieza que en su desarrollo
va adquiriendo intensidad con cierto aroma aflamencado, y en la que la guitarra tormento tuvo especial relevancia. Siguió otra magnífica, “Susurro”, tema cuya cadencia melódica y coro vocalizado son un tiro al piso. El solo de guitarra apuntala una canción fabulosa.
Canciones sobre amor se han escrito decenas de miles, pero son pocas las que realmente calan hondo. “Secuestraré el amor” es una de esas que desarma sin remedio. Sentado en la silla alta desde donde cantó varios segmentos de canciones, Javier vivió con introspección el desarrollo del tema, por momentos con los ojos cerrados. La estrofa final “Secuestraré al amor / Para que nunca escape / Y así estarás conmigo / Hasta que el tiempo acabe”, hizo que Corcobado se acercara a Aintzane y está le lanzó un beso al viento.
“Dicen que llevo 40 años de carrera discográfica (aplausos sonoros) y este es el primer concierto para celebrarlo. Quiero darle las gracias a muchas personas, pero esa lista la voy a dar después, porque tenemos a alguien invitada. No tengo epítetos calificativos… y es la inefable Alaska”. Fueron las palabras de Javier durante las cuales lució visiblemente emocionado y algo nervioso.
Del fondo, ante los aplausos de los presentes, surgió la figura icónica de Olvido Jara, la gran Alaska, protagonista de muchos grandes momentos del pop español desde aquellos ya lejanos primeros años 80 de la Movida Madrileña.
La primera pieza que abordaron fue la estupenda “Coches de choque” de Fangoria, en una adaptación obviamente más rockera y exenta de secuencias que dejó el terreno abonado para el que, sin duda, fue uno de los momentazos de la noche: “Dame un beso de cianuro”.
La pieza es una especie de blues ponzoñoso que aquí adquirió niveles épicos gracias a las guitarras y al magistral dueto vocal entre Javier y Alaska, quien sigue conservando toda la expresividad y potencia de siempre.



Antes de irse Alaska tomó el micro para decir: “La biografía cuenta que nos tocó vivir juntos. Menos relaciones sexuales nos tocó vivir las escenas más intimas que unas personas pueden tener. Las dos piezas que cantamos, una forma parte del presente -gracias Javier por invitarme – y la otra de aquel momento cuando Javier decidió explorar su lado femenino en aquel disco magistral que es Corcobator. Gracias por estar aquí”.

Tras un minuto de pausa, Corcobado procedió con los agradecimientos, empezando por Máximo Lario, siguiendo con la banda de manera muy emotiva, uno a uno, al ingeniero de audio, José María Rosillo. Y agradeció también a su madre, Pilar Corcobado, por haberlo parido.
Corcobado no olvidó mencionar al resto de los cantantes con los que hizo duetos en este nuevo álbum, justificando porqué no habían podido estar presentes Nacho Vegas (comenzando su gira el mismo día), Marc Gili de Dorian (en Asia), Jorge Martí de La Habitación Roja (en Noruega), Andres Calamaro (tomándose unas vacaciones en Uruguay).

A continuación tocaron “Cine de Verano”, aquella canción del disco Diminuto Cielo (1997) entre Corcobado y Manta Ray, cuando aún Nacho Vegas era parte de la banda. Y sin pausa abordaron “El mar es mi corazón”, una especie de balada metafórica sobre las profundidades del mar y el corazón, con especial participación de Aintzane.
“La siguiente canción es un homenaje a Nancy Sinatra, Lee Hazlewood y Sergio y Estibaliz”, fueron las palabras con las que Javier presentó esa especie de vals llamado “Inundaciones de amor”, a la par que pedia silencio al público para abordar esa dificil introducción en la que todos vocalizan. En ella se establece un dueto con Aintzane.

De inmediato tocaron la poderosa y poética balada “A nadie”, con un indudable toque dramático mexicano. “Estoy solo y reniego ahora mismo de ser Dios / En el hielo infinito del amor / Me arrepiento de haber nacido y de no poder morir / La luna, leucocito de mi sangre / Bombilla de los suicidas, es ahora una lágrima / Una tiniebla en mi piel”.
Sin dejarnos respirar, Corcobado emitió los reconocibles gemidos que dan inicio a la indómita y angustiosa “La navaja automática de tu voz”, reflejo inequívoco de la salvaje etapa junto a los Chatarreros de Sangre y Cielo a comienzos de los años 90. La pieza ya había sido solicitada por algunos del público y debo decir que la esperaba con ansias, a sabiendas que la versionó en Solitud y Soledad
Con toda la furia sonaron los versos: “Fumando espero la navaja automática de tu voz / horadando con mis ojos el terror del silencio / Fumando espero la navaja automática de tu voz / lanzando flechas de amor a los culos de los besos / Fumando espero la navaja automática de tu voz / con la negra voz de Dios escupiendo sucios versos / escupiendo sucios versos”. Corcobado terminó en el suelo del escenario.

“Cruz de respiración” mantuvo en alto la adrenalina, una pieza de aquellas ineludibles del período chatarrero, otra de nuestras favoritas, y que tiene dos partes perfectamente definidas, la primera muy en la onda de The Birthday Party y la segunda cercana al Nick Cave de The Good Son (1990). “Y se enciende la llama del amor / Tatuada, tatuada, tatuada / Tu tristeza y tu sonrisa en mi sueño”.
Otro latigazo bestial fue “En la sombra de una copa”, quizá la que tiende mas puentes con la etapa chatarrera, una especie de boogie oscuro y demoledor con ritmo trepidante, con guitarras desatadas y Aintzane enloquecida con el Theremin utilizando parte de su cuerpo, no solo sus manos.
“Agradezco con el corazón a cada uno de vosotros que hayáis venido” “Estoy seguro que alguien ha aprendido a hacer esto”. Se trataba del movimiento coreográfico de “Ying Yang Jung”, para el cual subieron al escenario dos chicas y un chico. Ellas lo hicieron bien -especialmente una-, mientras él lucía perdido.
Era la última canción, pero tras un tiempo prudencial volvieron a escena y Corcobado dijo que haría una excepción. La despedida no pudo ser mejor con “Caballitos de Anís”, con Javier interactuando con el público que no paró de cantar.

Desde aquella íntima presentación a modo de cabaret en 2007 en Caracas que me tocó presentar, no había vuelto a ver en directo a Javier Corcobado, un artista genuino y ajeno a tendencias, que se inspira en las muchas formas que adopta el amor.
Juan Carlos Ballesta



