Ganador del Grammy Latino, entre otros galardones, el pianista y compositor venezolano Kristhyan Benítez decidió develar su otro yo artístico, un proyecto distinto a su conocida carrera académica
En su nueva producción discográfica, Telescopio, con su otro yo en el que prescinde de su nombre para usar solo el apellido, se manifiestan lo lúdico, festivo, divertido, sensorial y caribeño
Mercedes Sanz
@clavemercedes
El canto de un gallo rompe el silencio y se convierte en la introducción del tema que inaugura una aventura. La pieza se llama “Licra”, un híbrido que coquetea con el contagioso disco music y el groove del funk, y es la llave de acceso a Telescopio.
El primer EP de Benítez, una producción independiente de este año, no es solo música; es un manifiesto de pura efervescencia vital. Disponible en las plataformas digitales y en vinilo, este trabajo es una concentración destilada de verano: un cúmulo de energía que contiene el resplandor del brillo, la vitamina D del sol y la inmensidad del mar, ingredientes esenciales para la buena vibra.
Escuchar estas ocho piezas es activarse. Es devorar kilómetros sobre el asfalto salino de un malecón o ser abrazado por el horizonte desde la cubierta de un crucero. Telescopio es el pulso rítmico que acompaña, celebra y cincela todo aquello que se atreva a ser movimiento.
Kristhyan Benítez es el nombre real del artista, quien posee una sólida formación musical académica. En 2021 se alzó con el Latin Grammy por el disco Latin American Classics, y en 2023 fue nominado por Afro-Cuban Dances.
Pianista, compositor, arreglista y productor, Benítez es un músico precoz y virtuoso con mucho más potencial por demostrar. El artista ofreció más detalles sobre su labor a Ladosis, incluyendo esta nueva faceta creativa.
¿Tus inicios fueron en la música académica? ¿Cómo empezaste?
Empecé a los cuatro años de edad. Soy de la parroquia El Hatillo. Nadie de mi familia es músico, pero siempre había una inclinación porque yo tuviera algún acercamiento con la música. Y entre esas expectativas que tienen los padres, mi mamá siempre quiso que yo tocara guitarra, que me la podía llevar a todos lados.
Entonces, me llevaron a la escuela de Olga López, en El Hatillo, y con cuatro años, la subdirectora me hizo escoger. Mi mamá le aclaró que yo tocaba guitarra, pero la subdirectora le dijo: “¡No, un momento! Él tiene que ver los instrumentos y va a escoger el que él quiere; y después le vamos a hacer una prueba a ver si tiene aptitudes para tocar el instrumento”.
Yo siempre digo que entré a ese salón que recuerdo muy bien y que lo vi durante muchísimos años, porque pasé toda mi vida estudiando allí música, y el instrumento más grande era piano. Y quizás, ese niño de cuatro años, por esa ambición, escogió el más grande.
Y mi mamá decía: “¡Bueno!, ¿y ahora? Tenía pensado comprar una guitarra, no un piano” (risas). Hice una prueba de admisión y pasé, y tres meses después gané un premio para tocar en el Teresa Carreño, que fue un concierto dedicado a José Antonio Abreu y no tenía piano en ese momento. Me habían comprado un pianito eléctrico.
Estudiaba en casa de una maestra de piano que también daba clases en la escuela. Ella se llama Mercedes Calcaño. Y me prestaba su piano en su casa para poder estudiar hasta que mis papas dijeron: “Bueno, esto como que sí es más serio”. Luego, más de seis meses tocando, me compraron mi primer piano. Fue un amor a primera vista que todavía sigue, y que se transforma y evoluciona, y con el que no he tenido ningún tipo de peleas. Siempre ha sido muy orgánico. Siempre digo que me siento más yo cuando estoy frente al piano. Es como lo más auténtico de mi ser, cuando estoy sentado frente al instrumento, ya sea tocando o componiendo, haciendo música.
Y bueno, le agradezco a mis padres que, aunque no son músicos, entendieron que era lo que yo amaba. Ellos no entendían mucho, pero fueron aprendiendo conmigo. Mi mamá se metía conmigo en mis clases como para escuchar y poder ayudarme, porque ya desde chiquito se hizo parte de mi trabajo.
Con cinco años me gané un concurso nacional. Fue un aprendizaje para mi familia también, el adaptarse a tener a un músico en la casa. Fue muy lindo porque, a pesar de no ser músicos, me apoyaron mucho.
Y sí, comencé estudiando solfeo, coro, armonía. Estudié en conservatorios. Luego, gané una beca para estudiar en Nueva York, en Manhattan School of Music, y empecé carrera universitaria.
¿Llegaste a componer para piano?
Sí, todavía compongo para piano, con conciertos, discos, actividades. Esto de estar con Benítez no es una sustitución de un mundo por el otro, sino, más bien, es una integración de un pedazo que faltaba de mi ser creativo. Y sí, cuando estaba chiquito componía a manera de juego, para liberarme de esa estructura de la música académica. Y mis aventuras eran componer e improvisar.
Dos sensaciones, un mismo sentimiento
La producción de Telescopio fue elaborada en su totalidad por el propio Kristhyan Benítez a través de su sello KB Music. Al escuchar con atención se percibe que los cuatro primeros sencillos irradian un pulso bailable.
“Rouge Naturel” se encarga de guiar esa transición hacia la segunda fase de la obra, más calmada e introspectiva. Esta estructura doble se hace evidente en el formato vinilo, con un lado A festivo y un lado B dedicado al relax.
En este trabajo conviven géneros como house, disco music, funk, chill out, french pop, soul, son, entre otras corrientes electrónicas y populares. En conjunto crean ambientes acogedores que invitan directamente al goce y a la tranquilidad, reafirmando la naturaleza dual de la obra.
¿Qué piano usaste para este disco?
Utilicé mi piano acústico, un Steinway de 1917; Fender Rhodes, Yamaha SK-10 y Komplete Kontrol.
Utilizaste un piano acústico y dos electrónicos, y un teclado controlador
Así es.
De 1917. Es un piano de colección
Sí, una maravilla. Un piano que me gané en 2020, que fue tocado por Frank Sinatra y Leonard Bernstein, entre otros. Soy el tercer dueño. Es un piano con alma.
¡La historia que debe tener ese piano!
Sí, realmente la historia del piano es impactante. Tenía un registro que no lo tengo, se lo quedó el hijo del dueño anterior con las fotos de los artistas que tocaron el piano. Es una cosa mágica haber ganado ese piano.
¿Qué tiene de especial en cuanto a su sonido?
Utilizar mi piano acústico también representa, de alguna manera, mi origen en la música clásica. Para mí es muy importante tener ese elemento presente en mi música. A veces, se oye directamente o en el fondo, pero siempre está. Utilizar este piano de 1917, además, evoca sonidos de una época donde el piano se hacía completamente a mano. Este piano se hizo a la medida del comprador, con una madera específica y teclas de marfil. Todo esto recrea un momento dorado en la creación de este instrumento.
Es un sonido muy noble, grande y envolvente. La utilización de estos instrumentos —el Steinway, el Fender Rhodes, el Yamaha y diferentes teclados— se enfoca siempre en ese tema de la nostalgia, de lo de antes, de lo que se hacía desde cero, a mano, como un trabajo más laborioso.
Entonces, estos instrumentos me llevan a una época y a un sonido que me gustan mucho recrear. Es usar como ese sonido nativo de estos teclados, y así traerlos al presente, actualizando la nostalgia de alguna manera.
El debut de un personaje
La voz de Kristhyan Benítez refleja más el lado B del disco: pausada, con una leve cadencia a lo bossa nova. Con él se puede entablar una conversación muy natural. Aunque a veces se tiene la idea de que un músico galardonado con el Latin Grammy es inaccesible, no es el caso del pianista venezolano, quien sigue trabajando en sus propuestas personales.
La necesidad de diversificar la labor creativa lleva a muchos artistas a desdoblarse en dos o más personajes. Cada rostro es una faceta nacida de esa exploración y del impulso irrefrenable de expresar su propia esencia. Este fenómeno en el arte es similar a los diversos roles que cada ser humano desempeña en la vida diaria dentro de un mundo plural y en constante desarrollo.
¿Y cuándo apareces como Benítez?
Es un proyecto de alter ego de música electrónica, producción y es un poco más libre, pero yo sigo en la música clásica, no la he cambiado. Es para que la gente no confunda: Kristhyan Benítez es música clásica y Benítez es lo que no es música clásica. Como Kristhyan, saqué un disco este año de música clásica latinoamericana.
Benítez aparece formalmente en 2023, cuando empiezo a hacer música a manera de diario y esas páginas para mí fueron esas primeras canciones que iba sacando, iba componiendo y, luego, ahí podía ver la evolución de lo que estaba haciendo y cómo podía mejorar el estilo de lo que estaba haciendo y cómo iba experimentando con los sonidos.
Empecé con música más cinematográfica y dos tracks, que se llaman “Requiem” y “Time”, donde estuve experimentando con el tema de la acústica. En “Requiem” rebotaba el sonido como si estuviera haciendo una pieza de Bach pero en electrónica. Y en “Time” utilicé un poco la metodología del compositor Steve Reich, de superposición de un mismo motivo como a manera de mantra y de ahí se fue expandiendo el universo de Benítez.
¿Desde cuándo vienes experimentando con otros géneros?
Vengo experimentando desde hace bastante tiempo. Hice un disco, que es Nosotros, que es un homenaje a Venezuela, y fue cuando me atreví por primera vez a hacer distintas fusiones con diferentes artistas y llevar música popular venezolana al piano.
Hay un primer acercamiento con la música electrónica de una obra del maestro Vicente Emilio Sojo, que era originalmente para guitarra. Entonces, hago una pieza de piano y junto al productor venezolano Sunsplash hicimos todo un experimento electrónico.
El tema de experimentar con los géneros siempre era algo que yo hacía en mis tiempos libres, a manera de juego, hasta de secreto, incluso, prohibido en la música clásica, hasta que salió este disco honrando la música venezolana donde hice arreglos y me mostré con otra faceta.
Sunsplash, Alberto Stangarone, de Todosantos. Ya que lo mencionas, ¿crees que este grupo tuvo alguna influencia en tu disco?
No sé si Todosantos me influye directamente. Si bien, aún los escucho, pero Alberto ha sido una pieza en el desarrollo de este proyecto porque ha sido una especie de guía, además de inspiración. Ha sido uno de los artistas que ha querido colaborar conmigo en el proyecto de Benítez. Originalmente, con Kristhyan Benítez, con una obra clásica venezolana que la transformamos en electrónica, que te comenté. Alberto ha estado muy interesado en mi proyecto, y es una persona que utilizo de referencia, de guía. Cuando tengo algo y le digo: escucha esto a ver qué te parece, y me ha dado buenos feedback, y yo lo llamo coloquialmente mi sensei de música electrónica (risas).
Dijiste que es otra faceta, diferente a la música académica. ¿Telescopio es tu primer disco en esta etapa?
Sí, Telescopio es el producto de esta primera etapa que empezó en 2023, y quise crear un viaje sonoro por este universo que se ve a través de un telescopio. Es cómo uno percibe este universo y cómo uno vive el viaje.
¿Hay samples?
El único track del disco que tiene samples es “Guarachita”, donde empecé a experimentar un poco con un sample de soul y lo fui transformando en son, un poquito más salsoso, más bailable. Es un poco también el final del recorrido del viaje, es como mi firma personal dentro de todo este viaje: de dónde vengo y adónde quiero ir.
Es la única que tiene sample, las demás son sonidos originales, la composición. Para mí es como componer una sinfonía clásica con elementos electrónicos. No tengo nada en contra de los samples, me parecen una herramienta importante, que existen, que están allí, que hay que saberlos utilizar y aprovecharlos bien.
¿Hay colaboradores?
No hay colaboradores en este álbum. One man show, como dicen por ahí, (risas).
La portada, muy pop art, es un cubo de patilla. ¿Quién la diseñó y qué representa conceptualmente?
Benítez tiene una particularidad y es que todo se hace en casa, in house. La portada la diseñé yo. Para mí, la patilla cúbica es como el final del destino de este recorrido. Lo ves a través del telescopio y todo lo que vas viendo son estos espacios, estas galaxias de diferentes ritmos de cosas que no necesariamente van conectadas, pero forman parte de este universo que es este viaje.
Y el lugar final, esa meta del viaje, esa llegada es este objeto. Para cada persona representa algo diferente, pero la idea es que sea un lugar seguro, un lugar refrescante, donde te sientas tú, únicamente tú: único, colorido, representado y resguardado.
Para mí, la patilla representa eso: la hidratación, el sabor refrescante, el color vivo, la vida, el sol, esa llegada después de todo un recorrido. Siento que cada recorrido tiene un punto de partida y un punto de llegada, y bueno cada persona lo puede interpretar de una manera diferente. Y hay muchos recorridos que uno hace en la vida y este primer recorrido que estoy mostrando es este Telescopio y quizás vengan otros recorridos, con otros nombres.
¿Qué más significa Telescopio para ti?
Es tal cual: un viaje. Es un momento, una fuerza vital. Son esas ganas del ser humano de explorar, de recordar sonidos, momentos. Son etapas donde uno se sentía bien y se traen al presente para transformarlas, y utilizar lo que existía antes y ver ahora hacia dónde vamos a través de este recuerdo.
El álbum está hecho de tal manera que empieza con fuerza, con sonidos naturales y, luego, a partir de “Rouge Naturel” cambia el mundo, es más meditativo, más ambiental, es más reflexivo. Como que la primera parte es exterior y la segunda parte es interna. En cuestiones de ese descubrimiento y redescubrimiento, es abrir esa caja de Pandora que cada uno tiene, sin desconectarse del sentir, de los ritmos, y poder llevar a las personas agarradas de la mano a través de este viaje, a través de esa música que sea amable, que no necesita traducción, sino que simplemente sea un sentir y que ese sentir se vaya transformando en este viaje que es visto a través del Telescopio.
Disco completo:





