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The Altogether: la llamativa entrada de Orbital al siglo 21

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Orbital The Altogether

El 30 de abril de 2001 el emblemático dúo de música electrónica inglés entró al siglo 21 con un estupendo sexto álbum

Orbital
The Altogether

FFRR / London / Sire. 2001. Inglaterra

Orbital, un clásico de la electrónica de los años 90, representa, junto a otros proyectos como Aphex Twin o Autechre, uno de los pilares del género IDM, también conocido como intelligent techno.

Un dúo cuyos comienzos están bastante ligados a la escena rave británica, partiendo de géneros foráneos como el techno o el house, a los cuáles añadieron un mayor grado de experimentación sonora.

Orbital, conformado por los hermanos Phil y Paul Hartnoll, debutó en 1989 con el single Chime, el cual alcanzó el puesto 17 en las carteleras de Reino Unido, habiendo sido grabado previamente de manera casera.

Su propuesta, comparada con muchos de sus contemporáneos, ya mostraba un mayor trabajo de composición, principalmente por el uso de ritmos más complejos y arreglos melódicos más sofisticados.




Son además uno de los impulsores de la llamada “invasión techno”, etiqueta mediática usada a finales de los 90 para incluir diversas tendencias electrónicas, las cuáles obtuvieron en ese momento bastante repercusión mundial. Por lo general, se trataba de propuestas provenientes de la música de baile más orientadas a la vanguardia que al pop, logrando seducir, incluso en países tan cerrados culturalmente como Estados Unidos, a un público tradicionalmente rockero.

La “invasión techno”, comercializada cómo una supuesta amenaza para la música rock, logró calar, en el ámbito masivo, precisamente por su conexión con éste último género. El sonido de Orbital, tan bailable como intelectual, había sido bien acogido a mediados de esa década en festivales como Glastonbury, a lo cual se sumaba su participación en compilados como el soundtrack de la película “Spawn”, en la cual hacían dupla con Kirk Hammet de Metallica.

Para comienzos del siglo 21 ya Orbital era un proyecto respetado dentro y fuera de la comunidad electrónica. Si bien, no había alcanzado el estatus masivo de grupos como Chemical Brothers (cuyo álbum Surrender había arrasado un par de años antes en el mundo), cada nuevo lanzamiento era recibido con fuertes expectativas, pues, se esperaba siempre algún tipo de evolución.

En esta ocasión su álbum dividió a la crítica. Medios como New Musical Express, generalmente halagadores con los trabajos de la agrupación, le otorgaron una puntuación de apenas 2 estrellas sobre cinco, ubicándola, sin embargo, en un rango superior al ranking de la página AllMusic.com .

No obstante en páginas como Discogs.com, dirigidas a coleccionistas, se da actualmente una puntuación cercana a cuatro.




El disco abre con la pieza “Tension”, un track lleno de mucha energía, tan rápido como un drum’n’bass y que podría encajar perfectamente en una escena cinematográfica de persecución.

Interesante el juego entre el bajo distorsionado y una frecuencia más aguda, semejante a un feedback de guitarra controlado. La muestra de voz sampleada (“Surfin’ Bird”, clásico de The Trashmen, en versión de The Bananamen, pseudónimo de la banda de psycobilly The Sting-Rays), de forma rítmica, es incorporada de forma ingeniosa, y nos recuerda un poco a los cantantes de dancehall jamaiquino.

Luego de la adrenalina de la primera pieza viene “Funny Break (One is Enough)” composición la cual nos remite al Orbital más clásico, con sonidos más cristalinos y melódicos, recordando a su emblemático In Sides (1996)

Sonidos acústicos que podrían ser sampleados, como el saxofón y la trompeta, usados discretamente para adornar la canción, son producto de la colaboración de dos instrumentistas, Mike Smith y Dominic Glover, respectivamente.

La voz femenina no pertenece en esta ocasión a Alisson Goldfrapp (asidua colaboradora del grupo) sino a la cantante folk Naomi Bredford, quién, sin embargo, no aporta mucho de su acervo musical, y se limita a servir como otro instrumento más.

El tercer tema, “Oi!” nos engaña con su título, pues, es más cercano al acid-house qué al punk callejero.

El omnipresente bajo sintético y secuenciado se mezcla con muestras de voz y sonidos de viento, asemejándola a una mezcla de DJ. Incluye samples de dos temazos indispensables del gran Ian Dury, legendario exponente británico del new wave: “Hit Me With Your Rhythm Stick” y “Reasons To Be Cheerful (Part Three)




Posteriormente viene “Pay Per View” una pieza menos eufórica, donde el electro-funk a lo Afrika Baambata se mezcla con el funk más orgánico, siendo enriquecido además con armonías más ambientales, en las fronteras del chill-out.

Destaca el bajo eléctrico golpeado, con la técnica del slapping, ejecutado por Andy James y la voz sampleada del actor Terence Stamp en “Poor Cow”.

Luego de esto vienen dos temas con base breakbeat, “Tootlet” y “Last Thing”, el primero bastante energético, el segundo más tranquilo.

Tootled”, con sampleos de bandas como Tool (“Sober”) y Crass (“How Does it Feel”), puede emparentarse con otros temas estridentes presentes en la discografía del dúo, mientras “Last Thing” presenta una composición más elaborada.

La siguientes piezas son “Doctor?” y “Shadows”. El primero es una versión del tema de “Doctor Who” compuesto por Ron Grainer, seriado clásico de la ciencia ficción británica, que aporta bastante frescura a la composición original.

El segundo es una creación propia, basada en capas de instrumentos que se van sumando paulatinamente, con varias melodías superpuestas, una fórmula muy utilizada por Orbital, la cual se puede considerar marca de la casa, y que siempre genera buenos resultados.

Luego viene “Waving not Drowning”, un tema con aires folclóricos europeos que recuerda un poco algunos trabajos de Kraftwerk. Cuenta con la voz de Kirsty Hawkshaw

Casi culminando el álbum viene una pieza bastante controvertida, la cual, sin embargo, merece ser reivindicada.

Se trata de la canción “Illuminate”, con la voz del cantante folk británico Daniel Gray. Una colaboración criticada en su momento por tener un resultado considerado convencional, siendo un claro precedente de lo que más de una década después harían cantantes como Ed Sheeran.

Se ha argumentado que suena más a una colaboración de Orbital con Daniel Gray que de Daniel Gray con Orbital, pero el resultado es tan armonioso como fluido, y podría funcionar, dos décadas después, como un exitoso sencillo.

Posterior a la atmósfera pop y digerible de “Illuminate”, el dúo decide culminar, de forma cíclica, con otro tema bastante movido.

Meltdown”, pieza de 10 minutos, se acerca también al drum´n´bass, y sirve para cerrar el disco con broche de oro. Quizá no sea una de las piezas más progresivas de Orbital, pero a pesar de su duración, no resulta para nada aburrida.

En su momento, The Altogether fue editado también en formato DVD, con vídeos no sólo alusivos a cada canción, sino con una mezcla en formato 5.1, lo cual lo colocó a la vanguardia en el aspecto técnico.

En Estados Unidos se editó en formato doble, con otro CD lleno de piezas adicionales consideradas, según algunos, superiores a las del disco principal.

Nuestro veredicto, dos décadas después, es que sin ser la obra más esencial en la discografía de Orbital, sigue siendo un trabajo muy interesante, repletos de buenas composiciones.

Ernesto Soltero


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