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Love and Theft: los mitos, misterios y el folklore sureño de Bob Dylan

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Love and Theft Bob Dylan

El 11 de septiembre de 2001, el mismo día de los atentados al World Trade Center, el famoso cantautor publicó su disco 31 en estudio, 12 temas en los cuales nos describe una buena parte del sur estadounidense mezclando política, negocios y luchas con blues, rock, jazz y country, sin dejar el amor a un lado

Bob Dylan
«Love and Theft»

Columbia Records. 2001. EE UU

 
Para esta ocasión el reflexivo músico de Duluth, Minnesota, reunía a Larry Campbell en la guitarra, violín, banjo y mandolina; al acordeonista y organista Augie Meyers; la sección rítmica de Tony Garnier, David Kemper y Clay Meyer, bajo, batería y bongó, respectivamente; y Charlie Sexton, como segundo guitarrista, para que le acompañaran en esta entonces nueva aventura, la primera del siglo 21.

El álbum, considerado por algunos como el mejor de Bob Dylan, generó cierta controversia a causa de un posible plagio de parte del norteño compositor quien tomó algunas ideas del libro Confesiones de un Yakuza, escrito por Junichi Saga. El hecho no generó mayor alboroto.

Esta obra musical, ganadora de un Grammy por “Mejor Álbum Folk Contemporáneo”, grabada bajo la audio ingeniería de Chris Shaw (Public Enemy), comienza con la movida “Tweedle Dee and Tweedle Dum”, tema donde el autor emplea el título para abrir o cerrar algunas de las estrofas en la que describe una escena carnavalesca al mejor estilo New Orleans.

“Viven en brazos de Morfeo / y se ponen en manos de Dios / van pasando en silencio / Tweedle Dee, Tweedle Dum”

Las guitarras destacan en este primer encuentro.




“Mississippi” es la segunda canción. Menos dinámica que la anterior, Dylan nos da una dosis de country en esta pieza versionada por Sheryl Crow para su tercer álbum bajo una interpretación más movida.

“Cada paso que damos pisamos la raya / tus días están contados y los míos también / el tiempo se acumula, luchamos y sufrimos / estamos acorralados, no hay vía de escape”.

Suena una discreta mandolina da las últimas notas.

Suena entonces “Summer Days” un sencillo rock and roll lleno de recuerdos a lo largo de breves estrofas de tres versos donde Bob nos habla de autos, chicas y mucho más.

“Me iré por la mañana cuando las nubes se disipen / me iré por la mañana cuando las nubes se disipen / perforaré el tejado y te regalaré un incendio de despedida”




Con un feeling de jazz de lounge, “Bye Bye” es la cuarta pieza que, con un cálido órgano y una limpia guitarra, nos atrapa.

Tarde o temprano suspiro enamorado / seré puntual porque estoy sobre el reloj / canto al amor con rima edulcorada / tarde o temprano pondré el ojo sobre ti”

Luego, un solitario Bob Dylan nos sorprende con un poco de blues en “Lonesome Day Blues” donde recuerdos tristes van hilvanando una estrofa con otra.

Aparece de inmediato “Floater (Too Much to Ask)” donde otra dosis de jazz, con Campbell al violín, se cuela entre los versos que en parte dicen: “Por la ventana entran / los deslumbrantes rayos del sol / en los callejones en las persianas / otro día sin fin”

“High Water (For Charley Patton)” es la cancion más enraizada en el folklore hasta este punto del repertorio.

Larry se hace del banjo para recrear, en el sureño imaginario, historias misteriosas y míticas.




El repertorio sigue con una desesperanzadora, triste y romántica “Moonlight” para continuar con una contrastante y movida pieza en “Honest With Me”: “Estoy varado en la ciudad que nunca duerme / algunas mujeres me dan escalofríos /  evito al máximo la zona sur /  mis recuerdos podrían estrangular a alguien”

Las tres últimas piezas son la dulce “Po’ Boy”, el blues “Cry A While” y “Sugar Baby”

La primera, aunque no explícitamente, tiene un importante elemento racial narrado a través de los contundentes versos de Dylan: “como un burro trabajé en el ferrocarril / es el mismo juego pero a diferente nivel / pobre diablo vestido de negro / con la poli a sus espaldas”

En la segunda, Dylan desgrana varios episodios de aparente mafiosa naturaleza: “Tuve que ir a ver a un tal Mister Goldsmith / un cerdo hipócrita, traidor y repugnante / con quien no quería trato alguno / pero lo hice por ti / sólo me diste una sonrisa  / ahora te toca llorar un poco”




“Cada instante de la vida es una treta / la felicidad va y viene como un rayo / la burbuja puede estallar cada minuto / procura hacer algo por alguien…”, son parte de los versos de “Sugar Baby”, tema que culmina este excelente álbum que tras dos décadas de haber sido lanzado al mercado discográfico reluce entre la pletórica discografía dylaniana.

Debo decir que de su dilatada discografía, este disco representa un planteamiento temático tan atractivo como muchos otros, pero la forma como acá lo conjuga con el elemento instrumental, pareciera más cohesionado.

Una gran obra, sin dudas, producida por Jack Frost (Bob Dylan)

Leonardo Bigott


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