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Moonmadness: el cierre magistral de la primera etapa de Camel

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Camel Moonmadness

En marzo de 1976 la emblemática banda inglesa de progrock publicó su magnífico cuarto álbum, tras el cual se produjo el primer cambio en la formación

Camel
Moonmadness

Decca. 1976. Inglaterra

La primera y emblemática formación de la banda inglesa Camel alcanzó la plenitud de su sonido con Moonmadness, el cuarto disco. El grupo, conformado entonces por Andy Latimer (guitarra, flauta, voz), Andy Ward (batería), Peter Bardens (teclados, voz) y Doug Ferguson (bajo, voz), llevaba una linea ascendente que había comenzando con el homónimo debut de 1973, y seguido con el fantástico Mirage (1974) y el álbum conceptual instrumental, The Snow Goose (1975), inspirado en la historia del mismo nombre de Paul Gallico.

Si bien el embrión de Camel data de 1971, su apogeo ocurrió cuando las más importantes y reconocidas bandas del rock progresivo y sinfónico habían publicado ya sus trabajos más paradigmáticos.

Para el momento en que vio la luz Moonmadness en marzo de 1976, el panorama musical ya daba signos de cambios trascendentes. Sin embargo, Camel supo desarrollar su sonido sofisticado y elegante como para construir su nicho, que incluía tanto a fanáticos del progrock más intrincado como a amantes del rock más melódico. Ahí en ese terreno medio y bastante fértil se desenvolvió Camel, surfeando las tendencias ligadas al punk, disco y el hard rock.




Moonmadness lo tuvo todo para convertirse en una obra capital para Camel y para el progrock, desde pasajes pastorales hasta otros de estructura más ágil, desde momentos melódicos a otros más intensos.

La llamativa ilustración azulada realizada por el artista visual y diseñador John Field en la que se muestra a dos jóvenes de espalda, abrazados a la luz de la luna, es la puerta de entrada al cautivador universo de Moonmadness. La obra de arte se visualiza mejor con la portada desplegada, siendo así posible disfrutar al completo del idílico lugar donde se encuentra la pareja.

Bajo la ingeniería y producción de Rhett Davis, conocido en aquel momento por sus trabajos con Brian Eno y Roxy Music, supo interpretar a la perfección el sonido de Camel, logrando que el resultado fuese un trabajo cristalino y emotivo.

La corta “Aristillus”, una especie de viñeta instrumental compuesta por Latimer pero basada en los teclados, abre el disco con delicadeza, dando paso a la exquisita “Song Within a Song”, uno de los grandes clásicos del grupo, con el sintetizador de Bardens copando protagonismo y una batería estupenda.

Es uno de los pocos temas en los que la voz principal fue de Ferguson, con Latimer secundándolo.

La guitarra es en cambio la protagonista de la instrumental “Chord Change”, una composición -como la anterior- de la dupla Latimer-Bardens y que destila cierta influencia de Focus, en especial en el segmento sosegado en el que la guitarra de Andy recuerda la melancolía de Jan Akkerman en ese tipo de pasajes con la banda holandesa.

El lado A lo cierra la subyugante composición de Bardens, “Spirit of the Water”, una de las piezas más nostálgicas de toda la historia de Camel, con la voz procesada de su creador.




La briosa “Another Night” -con Latimer como vocalista principal- abre el lado B, pasando a una dinámica muy distinta al final de la primera cara.

Guitarra y órgano conducen la pieza, dando espacio para que Ferguson también se luzca. Es la única del repertorio cuya composición es acreditada a los cuatro músicos.

Luego hace su aparición “Air Born”, que inicia la delicada flauta de Latimer, dando paso a un ritmo medio tempo sobre el que se desplaza el Solina String Ensemble, famoso teclado de aquellos años analógicos que pretendía emular el sonido de un ensamble de cuerdas.

Tras la primera estrofa en voz de Latimer, surge la guitarra acústica, que junto a la flauta recuerdan a los primeros años de Genesis. El piano eléctrico contribuye a crear una atmósfera de placidez, distintiva de Camel.

Sin duda, una de las piezas más logradas del grupo inglés.

El instrumental tema final, el más largo con 9 minutos, es “Lunar Sea”, sin duda el que refleja a la perfección lo que era Camel en aquellos primeros años.

El Solina vuelve a tener protagonismo en el minuto inicial, hasta que desde el fondo emerge Andy Ward con su peculiar y ágil estilo de cierto aire jazzístico, con Ferguson construyendo con una línea de bajo poderosa que incluso suena al mismo nivel de la guitarra.

Hacia la mitad del tema, Bardens -primero- y luego Latimer hacen sendos solos, subiendo notablemente la intensidad. Es uno de los temas que en directo siempre ha cautivado, tal como lo comprobamos en la gira 40 aniversario (Moonmadness Tour) en Madrid, con Latimer como único sobreviviente de aquella formación (Leer crónica aquí).

El minuto final de la pieza transcurre con el sonido del viento (quizá lunar) y en algunas primeras copias del LP el prensaje permitía que el brazo del tocadiscos regresara al punto inicial, manteniéndose en un loop infinito.

Meses después de la publicación de Moonmadness se produjo la salida del bajista co-fundador Doug Ferguson, optando el grupo por afrontar los siguientes dos discos (Rain Dances, 1977; Breathless, 1978) con una formación ampliada que incluía a Mel Collins (flauta, saxos) y Richard Sinclair (bajo, voz), nombres de gran peso específico que venían de ser parte de bandas como King Crimson, Caravan y Hatfield and The North.

Aunque entre los muchos seguidores de Camel hay siempre discusiones sobre cual es su mejor disco, hay consenso en que Moonmadness es un de los primeros tres.

Juan Carlos Ballesta


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