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Within the Realm of a Dying Sun: el sombrio y solemne tercer disco de Dead Can Dance

Dead Can Dance Within The Real of a Dying Sun

El 27 de julio de 1987 el dúo australiano de Brendan Perry y Lisa Gerrard publicó su tercer álbum, ahondando en lo sombrío y místico

Dead Can Dance
Within the Realm of a Dying Sun

4AD. 1987. Australia

Luego de los dos discos iniciales lanzados en años consecutivos, Dead Can Dance (1984) y Spleen and Ideal (1985), los australianos Lisa Gerrard y Brendan Perry se tomaron algo más de tiempo para conceptualizar su tercer álbum.

El dúo había sido acompañado por algunos músicos invitados y otros de sesión, lo que para este trabajo fue ampliado dada la orientación que se buscaba. Ya sin Scott Rodger y James Pinker, y solo con Peter Ülrich en el redoblante militar y tímpani, Within the Realm of a Dying Sun se adentró en terrenos más sombríos y oscuros que los ya de por sí densos de sus inicios con varios cellos, trombones, trompeta, tuba, oboe y violines

La foto de portada capturada por Bernard Oudin en la tumba de la familia de François-Vincent Raspail en el cementerio Père-Lachaise en París, es una más que elocuente puerta de entrada que adelanta el carácter solemne y señorial del contenido.




Bajo la impecable producción de John A. Rivers, con quien Dead Can Dance estableció una fructífera relación de trabajo, ocho temas componen este disco, cada uno con su propio peso específico pero obedeciendo a una estética envolvente y casi mística.

Un sencillo teclado inicia “Anywhere Out of the World”, al que rápidamente se unen los cellos de Gus Ferguson y Tony Gamage, y la voz de Brendan Perry. Es un comienzo prometedor que sienta las bases del sonido

De nuevo un teclado, esta vez emulando cuerdas, sirve de colchón a “Windfall”. Un delicado oboe y densas capas de teclados, dan cuerpo a esta maravillosa pieza instrumental

Sobre pizzicatos de cellos y un teclado sedoso de aroma nocturno, Perry canta “In The Wake of Adversity”. Avanzado el tema, un teclado algo más luminoso hace su aparición para completar un exquisito entramado de gran influencia para muchísimas agrupaciones surgidas en Europa dentro de la corriente darkwave.




El lado A lo cierra “Xavier”, con la trompeta de Mark Gerrard y los trombones de John Singleton, Richard Avison y Andrew Claxton, sumando el componente lúgubre. De nuevo es Perry el encargado de ser la voz principal, cerrando así sus intervenciones como líder vocal.

Sin duda, es uno de los temas de mayor profundidad de DCD en el cual Perry detalla los juicios de Roseanna Xavier, una mujer ficticia que es injustamente perseguida por razones no especificadas (pero sutilmente implícitas). Xavier se convierte en una trágica heroína feminista subyugada por una sociedad dominada por hombres.

El lado B lo inicia la corta “Dawn of the Iconoclast”, en la que hace su esplendorosa aparición la impresionante voz de Lisa Gerrard. Un tema lleno de misterio que nos traslada al medioevo.

Uno de los temas centrales del disco y de toda la discografía de DCD es “Cantara”, que de alguna manera anunciaba tiempos por venir, en especial por la sonoridad de teclados y percusión.

De sigiloso desarrollo durante el primer tercio, da paso a una especie de danza con unos fenomenales fraseos vocales de Gerrard que pudieran trasladarnos a Europa oriental.




El redoble de campanas, un contundente timpani, la densidad de teclados y la voz de Gerrard hacen de “Summoning of the Muse” un tema espiritual envuelto en un manto litúrgico.

Concluye el disco con el tema más extenso, “Persephone (The Gathering of Flowers)”, de seis minutos y medio.

De nuevo Gerrard nos conmueve con un performance de altísima belleza estética, al que contribuye especialmente una cuidada instrumentación con los vientos creando un aura sacra, unos delicados teclados y un oboe final ejecutado por Ruth Watson que es el broche de oro.

Magistral.

Este tercer paso de Dead Can Dance puso el listón muy alto, y tal como era previsible, Perry y Gerrard siguieron explorando este territorio con resultados memorables en los dos siguientes discos.

Juan Carlos Ballesta


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