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G-5 y Saint Levant: un descubrimiento y un sarao monumental en el Botánico

G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas

Una de esas jornadas inolvidables en las Noches del Botánico la protagonizaron los reconocidos músicos del G-5 y el sorpresivo joven con sangre palestina, Saint Levant

G-5 (Kiko Veneno, El Canijo de Jerez, Muchachito, Tomasito y Diego Ratón) + Saint Levant
Noches del Botánico
Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Universidad Complutense, Madrid

(Julio 22, 2025)

Saint Levant

Al llegar a los jardines lo primero que se advertía era la cantidad de pañuelos palestinos (kufiyas) que llevaban los asistentes, una señal inequívoca de que en el concierto de Saint Levant, encargado de abrir la noche, iba a asomar la solidaridad con Palestina.

El escenario, decorado con colores vibrantes, teteras, banderas palestinas, pañuelos, tapices e instrumentos de todo tipo, ya anunciaba el mosaico cultural del músico.

Como antesala a la aparición de Saint Levant, una potente percusión retumbaba desde la parte trasera del escenario, marcando el pulso de lo que estaba por venir. El concierto empezó con puntualidad, como es costumbre.

Era evidente que la audiencia, mayoritariamente muy joven, conocía muy bien al artista. Saint Levant fue recibido con auténtico furor. Desde el comienzo con “On This Land” y hasta el último acorde no hubo un momento en que el público no estuviera cautivado por el magnetismo indiscutible del artista, enfundado en un chándal rojo y moviéndose con soltura entre la música urbana, el pop y los matices musicales que dejaban entrever sus raíces

Los cinco bailarines que lo acompañaron durante todo el concierto son un elemento fundamental de su performance. Sus pasos fueron firmes, con la increíble intensidad del dabke en muchos momentos, pero también con los saltos, las acrobacias y la alegría que transmitían una complicidad contagiosa.

Saint Levant en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas
Saint Levant en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas

Saint Levant se mueve a su antojo entre contrastes: de la suavidad de una canción como “Comme C’est Beau”, coreada por todos, a la movida Let Her Go”, donde un estupendo solo de violín marca el pulso junto a la percusión magrebí que evocaba la herencia materna del músico. En este tema uno de los bailarines ondeó una bandera argelina paseando por el escenario con todos vibrando al ritmo de fiesta.

El músico es el resultado de un mosaico de influencias culturales: la herencia de su madre franco-argelina, la raíz serbio-palestina de su padre y su propia historia como rapero palestino nacido en Jerusalén. Pasó su infancia en la Franja de Gaza hasta que, en 2007, la familia se vio obligada a trasladarse a Jordania.

Canta con naturalidad en inglés, francés y árabe y su música está llena de las influencias que han marcado su intensa trayectoria, para alguien de apenas 24 años. Su nombre artístico es un guiño ingenioso entre la firma Yves Saint Laurent y el Levante Mediterráneo, la región a la que pertenece Palestina. Saint Levant vive en Los Ángeles desde que tenía 18 años, aunque va periódicamente a Amán.

Saint Levant en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas
Saint Levant en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas

Cuando sonó la canción “Allah Yimeeki” el ambiente se encendió: el público saltaba con el músico mientras sonaba la voz de Kehlani de fondo y Saint Levant interactuaba con la gente que coreaba junto con él “Free free Palestine”. Luego el violín y la percusión marcaron una atmósfera envolvente en “Galbi”, un tema pop suave con un ritmo muy agradable.

Se sentó a continuación con un laúd árabe y se dirigió al público de Madrid dando las gracias por estar ahí esa tarde. Contó que es su primer concierto en España y nos pidió que mantuviéramos a la gente de Gaza y Palestina en nuestros pensamientos.

Empezó a cantar suavemente y emocionado “Deira”, un tema emblemático de su repertorio que pertenece al álbum del mismo nombre, que a su vez es el del hotel que levantó su padre arquitecto y promotor cultural, Rachid Abdelhamid, en un lugar residencial de Gaza y que fue destruido por los bombardeos israelíes.

Tras esa entrada tranquila, se levantó y el sonido vibrante de la darbuka cambió el ritmo hacia una canción más movida que el público bailaba y coreaba… “Big dreams, heavy nights / Praying that my family could stay alive / Imagine tryna fly with no wings”, son versos que, unidos al dabke y a la intensidad de los pasos y saltos de los bailarines, se convierten en un símbolo de identidad y resiliencia.

Saint Levant en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas

Ya sea bebiendo un té sentado, rapeando con suavidad en canciones como “Very Few Friends”, tocando el saxo o el laúd árabe, o bailando frenéticamente, Saint Levant no pierde nunca el contacto con el público. Su dominio del escenario es total, siempre sonriente y cercano. Además de los bailarines, lo acompañaron seis músicos que tocaron violín, batería, teclados, bajo, ney y una paleta de instrumentos de percusión

Saint Levant se sentó nuevamente con el laúd en las manos y, con voz suave, se presentó con su nombre real, Marwan Abdelhamid, para compartir un momento más íntimo sobre Gaza.

Su discurso es claro y directo, pero también sereno, amable y reflexivo. Habló de la ocupación, de los gazatíes que mueren por inanición y expresó su desencanto con el derecho internacional que está permitiendo que masacren a la gente. El público aplaudió calurosamente y Saint Levant puntualizó que lo que ocurre no es una guerra ni un conflicto, sino que es un genocidio.

Luego, invitó a su padre a salir al escenario como DJ y arrancó un set movidísimo, alegre y lleno de energía con todos bailando con una fuerza increíble y el público entregado.

Se mezclaron temas tradicionales, pop y hasta un guiño a Shakira (“Hips dont lie”) en una avalancha de ritmo imparable. “Kalamantina” cerró de forma memorable con Saint Levant en hombros con la bandera palestina y la enorme ovación de la gente, que no dejó de bailar, saltar y corear todas las canciones durante el concierto.

G-5: Kiko Veneno, El Canijo de Jerez, Muchachito, Tomasito y Diego El Ratón

El año pasado tuvimos la enorme suerte de asistir al espectacular concierto de las Noches del Botánico del G-5, la banda que se reencontró en una actuación tras 19 años de la grabación de su disco “fantasma” Tucaratupapi, desaparecido y descatalogado. Luego se volvieron a juntar para editar el disco por primera vez en vinilo, acompañado con nuevas composiciones y la mano de Lele Leiva en la producción. El resultado, titulado El que quiera dormir que se compre una colchoneta, ha motivado una nueva gira y otro concierto en el mismo recinto.

Con los jardines del Botánico a rebosar, salieron primero dos de los músicos enjaulados (baterista y bajista), seguidos de los cinco integrantes del G-5, todos vestidos como presidiarios mientras sonaban sirenas. Sabíamos lo que vendría y que una vez más disfrutaríamos de una super banda compuesta por cinco músicos que son sinónimo de talento, libertad y mucho humor.

G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas
G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas
G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas
G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas
G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas

La fiesta arrancó con fuerza con “Helsinki” (“Cinco sinvergüenzas / en medio de una berza / Sacaron la guitarra / y empezó la fiesta”) y anunciando un “Bienvenidos a la rumba y al rock and roll”.

Luego siguieron con Money money. Desde esta canción se notaba que los visuales superaban incluso a los del año pasado, eran más elaborados y cargados de dinamismo.

Cada concierto es único y también depende mucho del lugar desde donde se viva.

En 2024 tuvimos la suerte de estar en primera fila, de pie en la pista junto al escenario. Este año desde las gradas la experiencia fue diferente pero igual de emocionante. Aunque es cierto que es maravilloso sentir la energía de los músicos de cerca, vivir la reacción del público desde arriba fue impresionante. La energía que se respiraba en cada rincón del Botánico era palpable.

Entonces llegó “La fiebre” a contagiarnos poco a poco con su ritmo, al comienzo más lento y luego cada vez más acelerado y pegadizo. “Para todos los pueblos del mundo”, dijo Muchachito. Definitivamente es una super banda compuesta por cinco músicos excepcionales, que encajan a la perfección sin perder cada uno su personalidad ni esa espontaneidad desbordante que los caracteriza.

La gente no paró de corear con el tema “Quitao” y gritan “Gracias familiaaaa”, desatando una nueva ovación.

G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas

El gran Kiko empezó a bromear con sus papeles de presidiarios: “estamos con la condicional… hay buenos porros”. “Mi moto” hizo que todos corearan sin parar y “Calla” se transformó en un ritmo acelerado lleno de palmas y rasgueos enérgicos de guitarra. La combinación de Muchachito, a mil por hora en la guitarra, y la presencia flamenca y contundente de Diego El Ratón es ideal.

La cadencia más pausada de “Badajoz” vino acompañada por un vídeo divertido de los “Amish” representados por Kiko “el predicador Stanly”, El Canijo, Muchachito, Tomasito y El Ratón.

Además del cachondeo sin fin de la letra de la canción (“Yo soy de Badajoz pero vivo en Huelva / Yo no sé por qué mi mujer vive en Badajoz y yo vivo en Huelva”) y un cierto aire psicodélico en los visuales, la música creó una atmósfera de mantra. La canción remató con un “Dedicado a la gente de Cáceres”.

El tema “G-5” irradiaba alegría contagiosa con luces parpadeantes y el zapateado del terremoto Tomasito. Desde las gradas se veía a la multitud moviéndose sin parar al compás de la canción.

Siguió “Amilele”, un tema que no estaba en Tucaratupapi al que Tomasito le añadió un toque electrónico con su teclado y Kiko la trompetilla gaditana. Siguió “Sancti Petri Boulevard”, un rock and roll ambientado en Chiclana con visuales hipnóticos.

En “Querido Javier” Tomasito tecleaba el ritmo en una máquina de escribir mientras leía la carta que se supone escribía.

G-5 en Noches del Botánico
Foto: Óscar Ribas

Tomasito anunció “¡A por bulerías!” y arrancó “Pitágoras”, una pieza genial con zapateados, palmas, guitarras de primera y mucho jaleo. “Perdío, tema en el que presentaron a Muchachito como el presidiario “Chapotín”, fue otro de los momentos clímax del concierto, aunque en realidad todo el espectáculo estuvo cargado de una energía brutal.

Con cada canción el público se volvía eufórico y seguía los bailes, los saltos o las improvisaciones surrealistas en torno a las letras, como la del “increíble hombre menguante que en vez de crecer echa raíces por los pies” o con el ingenio de El Canijo de Jerez jugando con la gente que respondía en coro a cada vocalización.

Luego dedicaron a Amaia Montero la rumba surrealista “La oreja baila sola”, otro temazo que enlazaron con “El porro” y su guiño “Vivan las porras de Madrid, que aquí son porras”. Se trata de una canción divertidísima que cuenta con la colaboración Pepe Begines (No me pises que llevo chanclas) y versos tan ingeniosos como “Y una cosa que da esa hambre no puede ser mala / Y una cosa que da apetito eso es bendito”. “El vino y el pescador” encendió aún más al público, que la cantó de principio a fin.

A continuación, presentaron a los músicos enjaulados, Teto·(Rafael Fontaiña) de Puerto Real, en la percusión y Juan Ramón Caramés, de Sevilla, en el bajo y anunciaron que “esta canción se la dedicamos a la gente que le gusta la repostería, a las que les gustan las galletas”. “Afectados por las galletas” es otro tema cargado de juegos de palabras y ocurrencias como “Llevo siete horas con el La bemol que alguien me rescate por favor”.

Foto: Óscar Ribas
Foto: Óscar Ribas

En la recta final aparecieron los “40 forajidos”. Muchachito y sus aceleradas descargas guitarreras son maravillosas, disparan la adrenalina de inmediato. El estribillo “Yo voy a luchar como los indios / Yo voy a luchar por to’ mis hijos / Yo voy a luchar, o por lo menos yo / Yo, yo, yo, yo lo voy a intentar” se queda tatuado en la mente desde que se oye por primera vez.

El final apoteósico se armó con un merecido homenaje a Peret con “El muerto vivo” y un sonoro ¡Viva Peret! Con todo el público de pie bailando sin remedio con “¡Vaya sarao!” terminó el espectáculo con colchonetas inflables volando sobre la gente y un remate acelerado con la frase que da nombre al disco: “y el que quiera dormir, que se compre una colchoneta”.

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Desordenados, gamberros, juerguistas, inteligentes y absolutamente irresistibles, el G-5 es ese tipo de banda que ha decidido pasarla bien haciendo música juntos y arrastrarnos a todos a su fiesta. Dominan el escenario y tienen una chispa que no se ensaya, se vive. Capaces de arreglarle un mal día a cualquiera y de mejorar lo inmejorable, el G-5 es de esos grupos que vale la pena seguir en cada sarao y en cada nueva locura.

Mariella Rosso

Óscar Ribas T. (fotos)