En 1974 el legendario músico venezolano nacido en Alemania publicó el segundo de su imprescindible serie de discos en los años 70
Vytas Brenner
Hermanos
Gaviland. 1974. Venezuela
El lanzamiento del álbum debut La Ofrenda de Vytas en 1973 había cambiado las perspectivas con las que muchos venezolanos percibían la música tradicional y el rock, dos mundos en apariencia lejanos y con pocas afinidades.
Aquel disco fue, sin duda, un acontecimiento de amplia repercusión interna, tanto que luego de medio siglo aún es posible considerarlo un paradigma en la música hecha en Venezuela y sobre todo en la búsqueda de una identidad que arropara lo moderno-contemporáneo y la tradición.
Vytas Brenner (piano, sintetizadores, guitarra), acompañado de varios de los mejores y más atrevidos músicos del momento provenientes de ambos mundos, como Carlos Acosta (bajo), Pablo Manavello (guitarra eléctrica), Frank Rojas (batería), Jesús “Chucho” Chinchilla (percusión, batería), Alfredo Rosas (maracas), Ramón Hernández (arpa), Rolando Briceño (flauta) y Angel Melo (cuatro), con la producción de su hermano Haakon, concibió ocho temas instrumentales inolvidables, todos con títulos ligados a la fauna, la flora, la geografía y la cultura venezolana.
El impacto fue brutal. Las emisoras de radio juveniles y algunas más tradicionales le dieron cabida a temas como “Morrocoy”, “Ofrenda de Miguel”, “Frailejón” o “Tragavenado”.
Venezuela lograba darle una identidad a su rock, como pasaba en Argentina con Arco Iris o en Chile con Los Jaivas y Congreso, y por supuesto en Brasil con la camada que protagonizó la Tropicália. Eran tiempos de estabilidad democrática, y se vivía una transición sin traumas entre el gobierno de Rafael Caldera y el de Carlos Andrés Pérez, de partidos políticos diferentes.
A diferencia de lo que ocurría en Brasil, Chile, Argentina y otros países de la región con dictaduras militares o regímenes de marcada orientación populista, en Venezuela se respiraba progreso en medio de una democracia que parecía ya definitivamente instalada tras los difíciles años que siguieron a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez en 1958.
Vytas Brenner supo interpretar los cambios que se vivían, mezclando el rock progresivo en boga en esos años, con la música venezolana de diversas regiones, potenciando además su mensaje con títulos de canciones alusivos al país y con diseños de arte igualmente relacionados.
Para ello se unió con músicos que se sintonizaron en esa empresa, usando la tecnología de punta de la época, tanto instrumental como en grabación y en conciertos.
Con la propuesta de Vytas en boca de todos, volvieron a los estudios los mismos músicos del lado rockero (Acosta, Manavello, Rojas), con participación adicional de los bateristas Eliazar Yánez e Ivan Velázquez (quien sería el definitivo por el resto de la década), Rolando Briceño (esta vez en saxo), y la adición de Óscar Rojas (percusión), Jairo Zuleta (guitarra) y los tambores que acompañaban a la coreógrafa y bailarina Yolanda Moreno.
La colorida y psicodélicas portada realizada por Ramón Rojas es la puerta de entrada a un disco que presentaba algunas novedades notables respecto al debut. En primer lugar la inclusión de la voz en dos piezas ubicadas en los extremos, es decir, la pastoral balada folk “Agua clara” abriendo el Lado A, y el folk rock “Sentado en una piedra” cerrando el lado B.
Las dos canciones presentaban la faceta de Vytas Brenner como cantautor ligado al folk que recordaba quizá a sus primeros tiempos con Brenner’s Folk en España, a finales de los años 60.
Tanto una como la otra fueron una licencia que Vytas se tomó, rompiendo con la coherencia mostrada en el debut, y que no volvería a usar hasta Ofrenda (1978).
Las dos canciones sonaron en las emisoras de radio de corte juvenil de la época, con Radio Capital 710 AM al frente.
El resto de Hermanos posee, sin embargo, un nivel de aventura fantástico, con Vytas experimentando con los sintetizadores y las atmosferas.
“Madrugada” es un corto tema de un minuto y 40 segundos en el que los sintes se imbrican con el piano, mientras unas voces lejanas surfean con éxito. “Amanecer”, de la misma duración, es otro tema con protagonismo de los sintes, en este caso tornándose más cósmico, aún antes que Vangelis o Jean-Michel Jarre nos regalaran temas similares
“Danza con pájaros”, también corta, recuerda más a la Ofrenda de Vytas Brenner, aunque sin cuatro ni maracas, instrumentos que fueron dejados de lado en este disco.
La fusión de percusión con sintes y guitarra eléctrica es magistral.
Surge entonces “Gavilan”, uno de los temas centrales y el más largo de Hermanos con casi cinco minutos.
La percusión y la batería con aroma latino constuyen un groove ideal sobre el que los sintentizadores y la guitarra desarrollan una telaraña melódica muy atractiva.
Así se cierra el lado A.
El lado B inicia con “Pastos”, dos hipnóticos minutos de experimentación con el Solina String Ensemble y el mini Moog, que desembocan en “Ganado”, uno de los temas emblemáticos de Vytas Brenner, el cual había sido lanzado como sencillo el año previo y su paso por las radios lo hizo muy conocido.
La melodía realizada con el sintetizador y la guitarra eléctrica, entrecruzados maravillosamente, con el cuatro en segundo plano, fueron sello distintivo. La participación del piano también resulta clave
Enseguida emerge “Estampida”, otro corto tema experimental, en este caso con presencia de batería en plan protagónico, con el sintetizador creando sonidos en espiral, recordando al álbum en estudio del doble álbum Ummagumma (1969) de Pink Floyd
El temazo instrumental “Ana Karina Rote” es, sin duda, el más movido, con un ritmo llevado por la percusión afrovenezolana y el saxo de Rolando Briceño copando protagonismo. Perfectamente hubiera podido ser parte de cualquier pelicula del cine venezolano de entonces.
“Sentado en una piedra”, muy distinto a todo lo anterior, pone el sello final a un disco muy valioso, especie de bisagra entre La Ofrenda de Vytas (1973) y el fenomenal Jayeche (1975).
Pasan los años y las décadas y aquellos discos de Vytas Brenner siguen siendo paradigmas que definen de manera brillante la fusión del rock con la música tradicional
Juan Carlos Ballesta



