La primera edición del festival madrileño, puente entre Venezuela y España, fue vitrina para varias bandas emblemáticas, unas en gran forma y otras decepcionando
Huellas Music Fest
Autocine de Madrid
(Mayo 16, 2026)
La primera edición del Huellas Music Fest se anunció como un “festival boutique” y como un encuentro entre Venezuela y España. El concepto, a diferencia de los macro festivales, se entendió como un evento musical de aforo reducido, diseñado para ofrecer una experiencia íntima, priorizando la comodidad del asistente, la calidad en la producción, el respeto por el entorno y un ambiente de comunidad.
En realidad casi todo ello se cumplió, aunque la producción tuvo algunos lunares.
El cartel incluyó nombres de ambos países, con el firme propósito de convocar público venezolano residente en España y también españoles seguidores de las tres bandas incluidas: Modestia Aparte, Los Toreros Muertos y Seguridad Social, y para que éstos conocieran las propuestas de Venezuela.
Algunas circunstancias imposibles de prever hace meses cuando se escogió la fecha hicieron que la asistencia no fuera la esperada y se decidiera realizarlo al aire libre en lugar de en The Garage, el inmenso galpón que se yergue en los terrenos del Autocine.
La razón fundamental fue la coincidencia del doble concierto de la banda venezolana Rawayana, que llenó el Movistar Arena dos noches seguidas y “robó” a buena parte del público venezolano.
El festival, en todo caso, contaba con varios conocidos nombres de peso como para despertar interés y los que asistieron disfrutaron de un buen ambiente, relajado, y en el que se produjeron muchos reencuentros entre amistades y conocidos, y acercamientos con los músicos, muchos de ellos confundidos entre el público.
Dado que el festival solo contaba con un escenario, la espera entre grupos cortó un poco la dinámica, aunque solo fue grave antes de King Changó.
La montaña rusa de los performances
Ya nos habíamos enterado que la novel agrupación venezolana Bucle Lunar no pudo viajar por problemas con los pasaportes, una pena sobre todo para ellos.
Nuestro primer encuentro fue con Horacio Blanco y su proyecto solista, del cual acaba de editarse el disco OD Sessions – Otras Distorsiones, interpretaciones en directo del material del debut Otras Distorsiones (2023). Antes habían tocado Runin y Ramón Jacome.
El proyecto posee puntos en común con Desorden Público -como no podía ser de otra manera siendo el principal compositor- pero suficientes excursiones fuera del ska, hacia el rockabilly, el punk, la new wave y corrientes afines. Sonaron temas como “Sex Toy”, “Likes”, “No hace falta morirse tanto” y “Macho alfa”, al tiempo que Horacio escenificaba una especie de historia en la que el moriría
Blanco estuvo acompañado por una gran base rítmica conformada por el estupendo baterista Lerryns Hernández (Bongo Project) y el bajista Ray Marino, el conocido Víctor Morles en los teclados y la joven cantante Claudia Mercedes Rojas, una buena sorpresa que por momentos hacia recordar la dualidad entre Fred Schneider y las voces de Kate Pierson y Cindy Wilson en The B-52’s


Por razones no del todo entendibles, los tres grupos españoles fueron ubicados uno tras otro, comenzando por Modestia Aparte, un grupo de pop sin complicaciones que tuvo un período de éxito ubicado entre 1988 y 1993, donde se encuentra el grueso de su discografía y su mayor impacto.
Lamentablemente, hoy en día Modestia Aparte luce como un proyecto descafeinado y falto de personalidad, al mando del cantante Fernando López -único sobreviviente de aquella formación-. Ni la nostalgia les funcionó mucho, aunque algunas personas tararearon varias canciones como “Cosas de la edad”, “Es tu turno” o la versión del emblemático tema de Nacha Pop, “La chica de ayer”.
En contraste, Los Toreros Muertos sirvió de revulsivo y en este caso la nostalgia si funcionó. Con Pablo Carbonell al frente, el cuarteto salio a demostrar que rock, ska y humor siguen siendo un efectivo coctel. Sin prejuicio alguno, los cuatro salieron disfrazados con aspecto bastante mamarracho, lo cual los hace más divertidos.

Por supuesto, no faltaron temazos de los 80 y 90 como “Yo no me llamo Javier”, “Manolito”, “El último mono de la Nasa”, “Los toreros muertos” y “Mi agüita amarilla”, entre otras.
Era la banda adecuada para tocar antes de Desorden Público, responsable del cierre, por lo que no entendimos su ubicación temprana, la cual pudo ser aprovechada mucho más.


El turno siguiente fue para la banda valenciana Seguridad Social, formada hace casi 45 años y con una de las trayectorias mas consistentes en el panorama español. Liderada por el cantante José Manuel Casañ, el grupo hizo un repaso conciso por parte de sus mas representativos temas, un setlist que refleja los cambios de estilo a través del tiempo, desde sus inicios punk a lo Ramones, las influencias ska, y ya luego la rumba y la música mediterránea, incluida la adaptación de “Un beso y una flor” que popularizó Nino Bravo en los 70.
Por supuesto sonaron “Calavera”, “A tontas y a locas”, “A chi li pú”, “Acción”, “Comerranas”, “Chiquilla” o el internacionalmente conocido “Quiero tener tu presencia”.

Poco después apareció en escena la banda caraqueña Viniloversus, uno de los grupos esperados por el público. Veinte años después de su irrupción ganando el Festival Nuevas Bandas con un rock potente que sorprendió a todos por la precocidad de sus integrantes, la banda suena brutalmente engrasada y poderosa.
Viniloversus es una banda perfecta para festivales, su sonido puede llegar a cualquier público sin importar el idioma. Rodrigo Gonsalves -con su característica camiseta blanca- conduce con su voz poderosa y de excelente pronunciación, además de su guitarra líder, a un grupo a punto de lanzar un nuevo disco, el séptimo de su carrera discográfica que comenzó con El día es hoy (2008).

Gonsalves, Orlando “Mangan” Martínez, Juan Victor Belisario y Alberto Duhau soltaron dos estupendas canciones nuevas, algo menos frenéticas y salvajes que los clásicos “Directo al grano”, “Llámame y desaparezco”, “Dos secretos” o “Ares”, auténticos vendavales guitarreros que sorprendieron a unos cuantos que nunca habían visto a Viniloversus en directo, bien por haber salido hace años de Venezuela o por ser del grupo de españoles que asistió al festival.



El soberbio momento de VV se nos hizo corto y el buen sabor que dejó en todos fue destruido por King Changó, cuyo arranque -ya con la hora de clausura del festival en ciernes- se extendió por problemas técnicos (que apuntaban a la laptop, donde estaba toda la música).
Luis Eduardo Blanco alias Negrito Man, hermano del recordado cantante Blanquito Man (José Andrés Blanco) decidió seguir con el proyecto -del cual era parte y aportaba algunas composiciones- pero no sabemos si por falta de presupuesto la versión que se presentó en el festival no era una banda. Tampoco un Sound System. Era Negrito Man cantando sobre las pistas pregrabadas que disparaba un percusionista, que dicho sea de paso tuvo un discreto peso.
Aunque se había comido valiosos minutos y decir en el arranque que el set sería más corto, lo cierto es que se extendió como si nada. Muchos de los presentes fueron indiferentes, aunque algunos se impacientaron y pedían que terminara y saliera Desorden Público.
El retraso, la ironía barata sobre el formato sin músicos (van a tocar con nosotros los amigos invisibles) y la extensión (aquí la producción falló) se hubiera olvidado si realmente hubiera sido un performance memorable, pero fue en realidad un show muy pobre y totalmente anticlimático. La memoria de Blanquito Man no merece esta versión insípida de King Changó.

Y ya con el tiempo encima apareció Desorden Público que como siempre ocurre, es una garantía sobre un escenario. Horacio Blanco, Caplís Chacín, Danel Sarmiento y Oscar “Oscarello” Alcaíno, junto al resto de la banda, Miguelangel Tovar, Harold Quevedo, Víctor Morles y Eduardo Martínez, repasaron lo que pudieron de su extenso y muy conocido catálogo, entre ellas “Gorilón”, la versión de la emblemática pieza “El ratón” -incluida en su nuevo disco de version salsa-ska- “La tierra tiembla” y “Allá cayó”…
Montados en la medianoche se acabó la fiesta. No había tiempo para más.


La idea del Huellas Music Fest es estupenda y ojalá se repita, revisando algunos aspectos mejorables y porqué no, ampliando el rango a otros paises latinoamericanos.
Juan Carlos Ballesta
Fotos: Óscar Ribas T.



