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Jaga Jazzist: el magistral equilibrio entre jazz, electrónica y rock

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Jaga Jazzist

El colectivo noruego dirigido por Lars Horntveth ha construido una seductora discografía con una mezcla de jazz, rock y electrónica

Entre el amplio catálogo que ofrece la música actual, hay pocas opciones como Jaga Jazzist, un colectivo noruego cuyo sonido se encuentra emparentado con el jazz, la música electrónica y el rock de vanguardia. 25 años de auténtica renovación del lenguaje del jazz.

Juan Carlos Ballesta / Gabriel Pérez

La iconoclasta visión del jazz de Jaga Jazzist ha mantenido a los puristas del género en jaque, mientras el resto agradece su arriesgada propuesta. Intentos como el del trompetista Nils Peter Molvaer -también noruego-, Tortoise o el grupo alemán Tied & Tickled Trio ya no son intentos aislados.

El caso de Jaga Jazzist representa un genuino redimensionamiento de las estructuras del jazz menos ortodoxo, respetando al mismo tiempo las tenues fronteras que en muchos casos existen con el rock y más recientemente con la electrónica (acid jazz, electro-jazz, drum’n bass).

Su música suena como si legendarios grupos del jazz-rock progresivo de los años 70 pertenecientes a la escuela de Canterbury (Inglaterra) como Soft Machine, Hatfield and The North y National Health hubieran reencarnado en el siglo 21.




El origen de Jaga Jazzist

La banda fue formada en 1994 por varios adolescentes encabezados por el saxofonista y principal compositor Lars Horntveth, junto a sus hermanos Line Horntveth (tuba, flauta, percusión, voz) y Martin Horntveth (percusión, batería, programación), Andreas Mjøs (guitarra, percusión, glockenspiel, marimba, vibraphone) y un año después, Even Ormestad (bajo, percusión, glockenspiel, teclados).

Este núcleo se ha mantenido como la base del sonido de Jaga Jazzist, con una serie de otros 23 músicos a lo largo del tiempo, entre los cuales están los de la formación actual: Erik Johannessen (trombón, marxophone, percusión) (desde 2005), Øystein Moen (teclados, percusión) (desde 2008) y Marcus Forsgren (guitarra, efectos) (desde 2009)

Los primeros experimentos cristalizaron en el disco Jaevla Jazzist Grete Stitz (1996) y el EP Magazine (1998), dejando la puerta abierta para lo que vendría.

A Livingroom Hush, 2001

El gran salto ocurrió con A Livingroom Hush (2002), una sorprendente hibridación de jazz y ritmos electrónicos, a partir del cual el sello inglés Ninjatune, dedicado al mundo del breakbeat, drum’n bass, abstract hip-hop y downtempo, apostó por el novedoso sonido del grupo.

Gracias a ese acuerdo de distribución mundial los oyentes de la BBC lo declararon mejor disco de jazz de 2002. Con solo escuchar la primera pieza, “Animal Chin”, quedaba clara la vanguardista naturaleza del grupo, mientras que otras composiciones como “Going Down” y “Airborne” se adentraban en el terreno del post rock desarrollado por Tortoise.




The Styx, 2002

Jaga Jazzist continuó su aventura con otra desbordante manifestación de creatividad con mayor acento en los riffs melódicos, comedidas improvisaciones, ambientes cercanos a las bandas sonoras y al bossanova futurista.

A las propias ideas desarrolladas por el colectivo, se sumaron los ecos de Gil Evans, Charles Mingus, Don Cherry, Talk Talk, Isotope 217 y las arquitecturas electrónicas cercanas a Aphex Twin, Squarepusher o incluso Autechre.

Kitti Wu, da una idea precisa de la dirección de este disco desde el mismo comienzo: instrumentos de viento, vibráfonos, guitarras, loops de ruidos percusivos, sintetizadores y poliritmos de batería, ensamblan una pieza compleja que se expande y se contrae sonoramente para destacar apropiadamente cada uno de los elementos mencionados. National Health y Bruford vienen rápido a la mente como referencias sonoras.

Day incorpora un ritmo «drum ‘n’ bass con arpegios de guitarra como base a una melodía doblada por el vibráfono y la trompeta con inclinación hacia el «lounge», mientras “Another Day” mantiene el ritmo drum ‘n’ bass, pero añadiendo solos de trompeta (a la Miles Davis) y de guitarra (a la Alan Holdsworth).

Los efectos de ambiente se hacen mas notorios al comienzo de “Suomi Finland para servir de fondo a una melodía base de piano, a la que se le sobreponen arpegios de vibráfono que recuerdan a Tortoise, pues además la batería adquiere el golpeteo patentado por John McEntire.

Samplings y «glitches» se suman a la pieza en las partes que baja la dinámica, a modo de textura para los arreglos orquestales.

Este acercamiento es usado también en piezas como “Aerial Bright Dark Round”, con un arreglo orquestal flexible sobre ruidos y samples y “Reminders con sonidos de ambiente sampleados y un ritmo «cut&paste» estilo Squarepusher que es complementado de manera genial por la batería de una forma que suena integrado y orgánico.

Toxic Dart” sube el tempo de esta mezcla rítmica en donde lo electrónico y lo acústico de confunden, sugiriendo primero la melodía con el sintetizador, luego con el saxo y finalmente con la sección de metales completa. El efecto cuando entra la banda completa es arrollador.

«I Could Have Killed Him In The Sauna«, con un título por demás sugerente, nos devuelve al ritmo basado en samples, a un tempo mas cercano al trip-hop, poco a poco los músicos entran y salen del centro sonoro, dejando pinceladas de tono a su paso, que se complementan con ese juego de pasarse el relevo.

Aquí se produce una extraña visión futurista en torno a Charles Mingus y su célebre álbum célebre Tijuana Moods (1957) como si éste hubiese sido grabado en el siglo 21.

El comienzo de “Doppleganger recuerda de nuevo los experimentos abstractos de Squarepusher, ligados con descargas llenas de ganchos melódicos a la Medeski, Martin & Wood, con fantasmales sonidos de Theremin y campanas reminiscentes del Vespertine de Bjork.

The Stix” cierra el disco en la misma línea de las dos piezas anteriores, con un «cut&paste» rítmico, piano eléctrico distorsionado y los clarinetes tratando de crear una línea melódica sobre el caos de fondo, línea que luego es complementada por los saxos y las trompetas, con una orquestación que le debe mucho a Carla Bley.




What We Must, 2005

La continua búsqueda por ampliar las fronteras musicales prosiguió con la edición de What We Must, según ellos, su “obra más rock”, lo que equivalía a transitar por un terreno medio que imbrica lo mejor del rock progresivo, el post rock de Chicago y Montreal, el folk-jazz nórdico y el electro-jazz moderno.

El hecho de ser parte del sello Ninjatune erróneamente hacía que en muchas discotiendas fuera ubicado en la sección dance, dentro de Electrónica.

Cualquiera que comprara este disco por la etiqueta “dance” probablemente se llevó una gran decepción, pues la banda colocó los elementos que cuadran con dicha clasificación (samplings, scratchs, etc) muy al fondo de la mezcla, decantándose por destacar las orquestaciones y produciendo un disco que si tenemos que etiquetar tendríamos que orientarnos a una especie de «rock-jazz instrumental» de cámara.

Los diez integrantes en la alineación de aquel momento conformaban un sólido “ensamble” en el cual los arreglos orquestales son la nota destacada. Guitarras, saxos, flautas, clarinetes, trombón, euphonium, trompeta, tuba, bajo, batería, piano fender, piano wurlitzer, mellotron, sintetizadores, solina, theremin, lap steel, glockenspiel, marimba, tamboura… la lista de instrumentos que aparece en los créditos da una idea de los colores y timbres que decoran las siete composiciones.

La firma que mas aparece repetida es la de Lars Horntveth (guitarras, clarinetes, saxos, mellotron, etc), aún cuando varios integrantes de la banda tienen su cuota de participación en la autoría de las piezas como el teclista Andreas Hessen Schei, el trompetista y multi-instrumentalista Mathias Eick y el guitarrista Andreas Mjøs.

Si nos viéramos forzados a usar alguna referencia del sonido de Jaga Jazzist en este disco el nombre que primero nos viene a la mente es el de la agrupación canadiense Do Make Say Think, aunque el trabajo de los noruegos posee texturas mucho mas elaboradas y arreglos que suenan mucho mas “abiertos”.

Los alemanes de Tied and Ticked Trio también pueden servir como una comparación sonora válida y hasta los mismos Tortoise se cuelan como una influencia por momentos.

La única ocasión en que escuchamos un sonido electrónico en primer plano de forma destacada es en el tema 6, “Mikado”, en donde un arpegio metronómico abre la pieza antes de ser arropado por el resto de la banda.

La batería de Martin Horntveth ancla las cosas de manera sólida mientras una cascada de instrumentos sale de los auriculares.

What we Must es un trabajo en equipo, y aquí tendríamos que incluir a los dos co-productores: Kåre Christoffer Vestrheim (que además colabora con algunos teclados, theremin y percusión) y a Marcus Schmickler, a quien conocemos por su proyecto Pluramon. Ambos co-productores son además co-arreglistas de las orquestaciones junto a los miembros de la banda.

Una parte importante de la propuesta de Jaga Jazzist gira alrededor de los cambios de dinámicas, tempos y texturas, esto es evidente desde el inicio con “All I Know Is Tonight”, tema que muestra pasajes con la banda en pleno intercalados primero con un interludio de guitarras de efectos y luego otro de trompeta, saxo, trombon y mellotron.

Este tema es seguido por “Stardust Hotel”, en donde escuchamos guitarrazos de diversos calibres, trompetas distorsionadas, orquestaciones tipo big band y puntuaciones de teclados que se cuelan por las rendijas de manera extraordinaria.

El único tema que no supera la marca de los cinco minutos es “For All You Happy People”, un delicado poema sonoro llevado por diversos instrumentos de viento sobre guitarras acústicas arpegiadas y mas al fondo un mar efectos y sonidos de origen indeterminado.

Este tipo de capas de sonido en los que varias cosas suceden a diferentes niveles es uno de los atractivos fundamentales de este disco. El tema mas largo, “Swedenborgske Rom”, es la mejor muestra de este enfoque.

El inicio es un contrapunto de metales con colchones de sonidos sintetizados al fondo, a los dos minutos un coro casi-celestial (cinco miembros del grupo aparecen en los créditos como vocalistas) se une a los metales, hacia la marca de 3:45 el tema se desvía con una cadencia de piano, guitarras con feedback y distorsión y poco a poco entra el resto de los instrumentos en un crescendo controlado un poco a la Sigur Ros o GYBE, desarrollando el tema por mas de 8 minutos.

Con poco mas de 45 minutos el disco está muy medido, el séptimo tema, «I Have a Ghost, Now What?”, llega muy rápido: de nuevo guitarras de formas inesperadas, sonidos acústicos procesados de formas no convencionales, deslizantes cascadas de instrumentos de viento y en general una imaginación delirante para llevarnos por paisajes sonoros llenos de microscópicos detalles que provocan una inusitada adicción.

¿Jazz? ¿Rock? ¿Experimental? ¿Electrónica? ¿Post-Rock? olvídense de eso, Jaga Jazzist hace música…¡de la buena!




La escasa pero jugosa producción reciente de Jaga Jazzist

El ritmo de ediciones a partir de 2005 no ha sido demasiado prolífico, a un álbum cada lustro.

Tras cinco años de ausencia la banda noruega regresó en 2010 con One-Armed Bandit, reclutando para la ocasión a John McEntire (Tortoise, Sea and Cake) como ingeniero de sonido.

Con un núcleo de nueve músicos (más algunos invitados) las orquestaciones impecables de este trabajo, con una rica paleta de más de 20 instrumentos (acústicos, eléctricos y electrónicos) generan un sonido expansivo y en continuo movimiento con elementos de jazz, rock, electrónica y música académica contemporánea.

Lars Horntveth firma todas las piezas y la banda completa se acredita los arreglos junto al invitado (y coproductor) Jørgen Træen. Nota aparte merece el trabajo de McEntire ya que el disco suena inmenso y sólido, con la batería y los loops electrónicos soportando como columna vertebral una elaboradísima arquitectura sonora que se mueve en una dirección diferente cada 10 o 20 segundos. ¡Simplemente impresionante!

One-Armed Bandit” y “Bananfluer Overalt”, piezas que abren el disco, sientan el precedente de esa intrincada estructura. Ciertamente la presencia de McEntire no pasa desapercibida.

220 V / Spektral” es una delicia. Empieza delicadamente y a medida que se desarrolla se van incorporando diversos instrumentos sobre una sólida base rítmica,

El tema más largo es “Toccata” empieza con sosiego y va adquiriendo un aire sinfónico, recordando al disco Incantations de Mike Oldfield.

El disco transcurre atrapando sin remedio. “Prognissekongen”, “Book Of Glass”, “Music! Dance! Drama!” y “Touch of Evil” son muy diferentes entre si. A veces nos hacer recordar a The Sea and Cake o Tortoise, pero otras veces es como una reencarnación en el siglo 21 de Hatfield and The North. Y entre ellos ecos de soundtracks de los 70. Una maravilla.

Precediendo al siguiente trabajo de estudio Jaga Jazzist emprendió la grabación de dos conciertos realizados en junio de 2012 en The Barbican de Londres, y Rockefeller Music Hall de Oslo, con la presencia de la fantástica orquesta Britten Sinfonia, bajo la dirección de Christian Eggen. En 2013 se publicó Jaga Jazzist Live With Britten Sinfonia

Las presentaciones formaban parte de la gira de One-Armed Bandit, por lo cual el material principal que tocaron fue de ese disco, con maravillosos arreglos que imbrican magistralmente las cuerdas, vientos, loops, sintes y percusiones.

Starfire (2015), grabado en los Pooka Studios de Lars Horntveth (quien de nuevo fue el compositor de todos los temas), significó un giro brutal hacia sonoridades más electrónicas, gran presencia de teclados y secuencias, con la presencia del jazz en segundo plano.

El trabajo de Øystein Moen (quien había ya sido parte de One-Armed Bandit) en sintetizadores, piano, órgano Hammond y programaciones resulta sensacional, formando una telaraña intrincada con los otros siete músicos que se reparten una impresionante cantidad de instrumentos (algo nada nuevo).

Lo relevante es que casi todos contribuyen con varios instrumentos, pero especialmente con sintetizadores.

Solo cinco piezas componen el disco, destacando los largos desarrollos de “Big City Music” y “Oban

Starfire”, es un potente tema con una batería en rol protagónico y un intrincado juego de sintetizadores. En cambio “Shinkanses” es una pieza atmosférica, en el que la rítmica hace su aparición de la mitad en adelante

El otro gran tema es “Prungen”, que cuenta con fantástico vídeo dirigido por Trista Namo y Fehl Roch

En 2020, Jaga Jazzist, volvió con Pyramid, quizá su trabajo más reflexivo y sosegado, esta vez con menos presencia de loops en favor de sonidos más orgánicos y paisajistas. El disco forma parte de nuestra lista de Los 100 mejores discos de 2020 alrededor del mundo

Solo cuatro piezas lo componen, una de ellas, “Tomita” de casi 14 minutos y las otras tres por encima de los 8 minutos.

Tomita” posee un video de unos cuatro minutos dirigido y animado por Jengo

Noruega se ha erigido como epicentro de la vanguardia musical planetaria y Jaga Jazzist forma parte de la punta del iceberg.