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Roots to Branches: el coqueteo de Jethro Tull con la world music

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Jethro Tull Root to Branches

El 4 de septiembre de 1995, la legendaria banda británica publicó su décimo noveno disco, aproximándose al world music 

Jethro Tull
Roots to Branches

Chrysalis. Inglaterra. 1995

 
No temo en afirmar que Roots to Branches es el disco más exótico de la icónica banda británica que para los años 90 había experimentado con el folk, el progrock, el jazz, el blues, la electrónica y otras excentricidades.

Esta vez, Ian Anderson ampliaba su paleta tonal con exóticos acentos traídos de sus experiencias en India. La resultante es un álbum de hermosas piezas llenas de un cierto misticismo y algo de misterio a la vez.

A mediados de los 90, Jethro Tull estaba conformada por Martin Barre en las guitarras, Dave Pegg en el bajo, Andrew Giddings estrenándose en las teclas y Doane Perry en la batería, todos bajo la guía del sempiterno Ian Anderson en la voz y flautas. En esta oportunidad el flautista contó también con el talento del bajista Steve Bailey pues Pegg se despediría tras grabar solo tres temas de este disco.

Esta particular joya musical, producida por Anderson para Chrysalis Records, contiene una hora de música interpretada por el grupo en once canciones que inician con el tema titulo.

En la pieza, Anderson impregna de misterio la atmosfera bajo la cual nos canta: “Las palabras son escritas, son tergiversadas, los antiguos significados se mueven en el vagar del tiempo, alza las ardientes antorchas, observa las gentiles sombras cambiar, el perfil de los rostros…”




La pieza es un entramado de sonoridades con las que cada miembro ha contribuido para dar forma a estas raíces que nos conmueven desde el primer momento.

La tríada que sigue en el órden la conforman “Rare and Precious Chain”, “Out of the Noise” y “This Free Will”.

En la primera se desprenden tonalidades arabescas e indias mientras nos dice Anderson: “Rara y preciosa cadena, ¿debo decirte otra vez bajo las luces rojas en las suaves noches que todo retorna a ti…?

La segunda es una canción de hermosas tonalidades que entrelazan Barre y Anderson y que en parte nos dice: “Pegado a la acera, observando, con la señal de pare también congelada, viendo a esa loca mestiza suicida…”

En la siguiente pieza Ian y su banda aún mantienen el motivo de las piezas anteriores mientras nos canta sobre la fe y el libre albedrío.

Además del tema título, la hermosa “Valley” constituye un punto alto del disco con su intro de flauta y la guitarra acústica que bien avalan las palabras de Anderson que considera a este disco una suerte de Stand Up de los 90 por la variedad de sonidos, los riffs y la lírica.

Anderson cuenta un poco sobre la vida en “el rojo valle” para luego ceder espacio a “Dangerous Veils” (Velos peligrosos) con el flautista diciéndonos: “Candil del desierto, arrojando sombras sobre rostros cubiertos….”

La pieza no sólo está cargada de un hálito misterioso sino que dibuja en nuestra imaginación a exóticas damas bailando seductoramente.

Los Tulls tiñen la pieza con un poco de jazz y Barre destaca con un solo de guitara.

Luego sigue la hermosa “Besides Myself” y su intro de guitarra acústica y exquisito aire folk que retrotrae a la trilogía Songs From the Wood (1977), Heavy Horses (1978) y Stormwatch (1979).

El teclado, aunque de un modo más conspicuo, también se siente en esta embrujada pieza.

Wounded, Old and Treacherous” (Herido, viejo y tramposo) continúa con el repertorio de Roots to Branches, con Ian Anderson cantado de un modo casi hablado que nos atrapa.

En ella nos dice: “Un paseo por el lado calmo, al final del día, sin querer estar en el camino de alguien, los Dioses parecen dispuestos, el sol está en el cielo.”

Las frases de la flauta con las ambientaciones de fondo, provocan adicional interés.




Otras dos hermosas piezas, “At Last, Forever” (Finalmente para siempre) y “Stuck in the August Rain” (Atrapado en la lluvia de agosto) nos hipnotizan con sus cadenciosas melodías que Jethro Tull adorna con teclas, percusión y guitarra acústica.

En la primera Ian nos dice: “Por qué entonces sostienes mi mano esta noche, no intento ir más lejos, tan sólo me deslizo hacia la habitación trasera, te dejaré mensajes todos los días”

En la segunda, el afamado flautista escocés nos cuenta: “Trae té de jazmín en una bandeja pintada….”.

Los últimos seis minutos son de “Another, Harry’s Bar”, en los cuales Ian Anderson nos relata: “Viento húmedo sobre la acera, mientras fijo mi mirada en la lluvia caminando calle arriba, sí y bajándola de nuevo, pies cansados y cerebro adormecido, ves aquel letrero roto de neón que dice entra”

Esencialmente acústica y de aroma bluesero, es una buena historia para terminar.

Roots to Branches mantiene todos los elementos que definen la música de Jethro Tull, siempre llena de folk y progrock y que en esta oportunidad asumió grandes riesgos al adentrarse en las músicas árabe e india.

Tal vez por ello pasó un tanto inadvertido. Sin embargo, creo que es natural que Ian y sus muchachos se hayan aventurado a terrenos con elementos adicionales, dada la dilatada trayectoria de un grupo que ha hecho de todo y sobre todo historia.

Leonardo Bigott


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