El talentoso cuatrista venezolano, miembro de la agrupación C4 Trío, presentó su show solista, impresionando y divirtiendo a una agradecida audiencia
Jorge Glem
Concierto en Sala Villanos, Madrid
(Octubre 16, 2024)
Nadie en este planeta debería dejar pasar la oportunidad de disfrutar de Jorge Glem en concierto. Lo de este músico venezolano es sencillamente único.
Su trayectoria ha ido en imparable ascenso desde que irrumpió hace casi 20 años con el explosivo proyecto C4 Trío. Su horizonte, que duda cabe, es infinito. Glem, como parte de C4 Trío junto a Edward Ramírez y Héctor Molina –a quienes conoció en la Siembra del Cuatro, una plataforma de promoción del cuatro venezolano y sus ejecutantes que organiza Cheo Hurtado de Ensamble Gurrufío- no ha parado de evolucionar.
A ellos se unió poco después el extraordinario bajista Rodner Padilla (y por un tiempo el tristemente fallecido Gustavo Márquez), dando forma a una de las más atrevidas e innovadoras agrupaciones de la historia de la música popular venezolana y también del variopinto universo de la “world music”.
Con C4 Trío, Glem ha desarrollado una carrera notable, pero como cabría esperar de talentos fuera de serie, cada uno de ellos ha desarrollado sus propios proyectos paralelos.
Glem ha construido una carrera paralela al grupo realmente impresionante, invitado de Paquito D’Rivera, Jordan Rudess, Rubén Blades, Pacho Flores, Alexis Cárdenas, Carlos Vives, Calle 13, Natalia Lafoucarde, Guaco, Desorden Público, Ensamble Gurrufío, Gualberto Ibarreto, Etienne Charles, el proyecto Rock and MAU, entre muchos.
Recientemente tocó con el cuatro el himno nacional de Estados Unidos en el Comerika Park de los Tigres de Detroit- , un auténtico hito en el mundo del deporte de primer nivel.
Glem ha llevado adelante su particular carrera solista que pudiéramos ubicar en un interesante terreno de difusión del cuatro en el mundo a través de presentaciones en las que, además de impresionar con sus ejecuciones, se encarga de explicar de manera didáctica y divertida a la vez las posibilidades sonoras y expresivas que él ha encontrado en el cuatro -que son muchísimas-, además de contar anécdotas de todo tipo relacionadas con su carrera y situaciones derivadas de su condición de migrante.
Gracias a la promotora Glocal Sessions que comanda la cantante venezolana Norma Madrid, Glem aterrizó en España, y esa oportunidad lo acercó también a Alemania, donde Norma vivió nueve años antes de mudarse a Madrid.
Coincidiendo con una nueva edición de JazzMadrid, Glem se presentó en la programación de la Sala Villanos (donde estuvo la recordada Sala Caracol), acompañado de su estación de “loopers”, el cuatro, un micrófono y algunos invitados puntuales que hacen vida en Madrid como el cantante Luis Ernesto Gil, el gran cuatrista Miguel Siso, la cantante tinerfeña Nalaya, así como la cantante guatemalteca Gaby Moreno, quien también forma parte del cartel de JazzMadrid.
Con unos minutos de retraso salió Glem al escenario ante los aplausos de todos los presentes. Enseguida arrancó con el simpático joropo oriental “El Matapalo” de José Julian Villafranca, demostrando de entrada que además de su talento como cuatrista también puede cantar con solvencia.
No es que Glem tenga un registro particularmente memorable, pero en varias canciones dejó claro que puede llevarlas adelante con naturalidad, conociendo sus posibilidades.
Tras el joropo saludó al público presente, agradeció a Madrid y a todos los españoles en general por acoger a tantos venezolanos. Y pasó a contar con su simpatía natural anecdotas sobre su papá, en especial por su forma de hablar acelerada muy típica de los cumaneses y orientales en general.

“Yo soy de Cumaná, el Silicon Valley de Venezuela porque todo el mundo habla como el 2x de Whatsapp. Y la persona que conozco desde niño y habla más rápido, es mi amigo, mi confidente, mi psicólogo…mi papá”, confesión que provocó suspiros de muchos.
Y a él le dedicó esa fantástica composición llamada “Bily”, que es como le llaman sus amigos. La pieza originalmente apareció en el segundo disco de C4 Trío, Entre manos (2009) y regrabada para su debut solista, En el cerrito (2013), con lo cual se ha transformado en un clásico infaltable de su repertorio.
Con el tiempo, Glem ha ido incorporando segmentos de improvisación dentro de la estructura de este merengue venezolano, que aprovechó para ilustrar en su forma usando el ejemplo de “Compadre Pancho”.
A lo largo de la pieza Glem nos hizo pensar en Al Di Meola y Paco de Lucia, y la verdad es que es el equivalente de estos maestros en el cuatro. Al finalizar aprovechó para comentar sobre su sueño: lograr que el cuatro esté cada vez más presente en diversos géneros musicales en todo el mundo y ver a grandes de la música tocándolo.

Su mamá también hizo su aparición desde temprano en el repertorio y para ello contó sus recuerdos de infancia, los cuidados, y fantaseando también de cuando estaba en el vientre. La siguiente anécdota estuvo referida a cuando se le ocurrieron unos acordes que mostró a un amigo y le dijo que se parecían a una canción de Guillermo Dávila, y su mamá le dijo que era uno de los que escuchaba cuando era más joven.
El tema lleva por nombre “Lesbia” y a pesar de esas pocas notas parecidas a “Cada cosa en su lugar”, es una composición muy sentida, que apareció por vez primera en el disco de Glem con el pianista César Orozco, Stringwise (2018).
El bolero como género universal, pero muy en especial latinoamericano, estuvo muy presente en el repertorio. Haciendo uso del “looper”, Glem creó un ritmo metronómico sobre el cual interpretó en cuatro y voz los clásicos “La Mentira” de Álvaro Carrillo y “Todo y nada” de Vicente Garrido. Sin embargo, lo mejor fue cuando emuló el solo de trompeta con su voz de manera magistral.
Un momento realmente especial y sorprendente fue cuando dijo que le gustaba complacer al público lo que motivó a muchos a lanzar sus peticiones, entre ellas “Viajera del río”, “Moliendo Café”, “Carretera”, “La Bikina”, “Caballo Viejo” e incluso “Let it Be”.
Lo que parecía muy improbable se fue haciendo realidad de una manera tan natural que la incredulidad colectiva se fue disipando cuando Jorge fue concatenando cada una de esas piezas sin que pareciera haberle costado memorizar las peticiones realizadas de manera atropellada.
Fue uno de los momentos más impresionantes del show por lo que conlleva de concentración, improvisación controlada y perfecta ejecución de los pasajes y melodías que hacen reconocibles esas piezas.
El primer invitado de la noche fue el cantante venezolano Luis Ernesto Gil, de quien Glem dijo había conocido ese mismo día, pero éste le recordó que ya se habían conocido en el pasado tocando con el Ensamble Carey con Cheché Requena y Chuito Rangel (eso fue en 1965, bromeó Jorge)
Gil hizo una gran interpretación del famoso valse acelerado del zuliano Heraclio Fernández, “El diablo suelto”, con Glem en plan estelar.

La siguiente invitada fue la cantante canaria Nalaya, quien interpretó con su potente voz en un estilo libre y personal, cercano al scat en el jazz, el famoso bolero del cubano César Portillo de la Luz, “Tu, mi delirio”.

La siguiente parte del show Glem la dedicó a un aspecto muy importante de su proceso de experimentación con el cuatro. Para ello contó con gracia que su primer acercamiento con la música fue con las ollas y sartenes de su mamá que utilizaba como batería. Jorge pudiera incursionar con éxito en el stand up comedy, y por supuesto, también en la docencia.
Su demostración de como se puede hacer sonar un cuatro como bongós, clave, redoblante, tambora, güira y otros instrumentos de percusión, fue sorprendente, y poco a poco los fue incorporando en simultáneo para tocar guaguancó, merengue dominicano… Y luego procedió a explicar y tocar los tambores culo e puya (prima, cruzao y pujao).
Y entonces se fue a Brasil para demostrarnos como un cuatro puede sonar como un tamborín brasileño, las campanas y todo lo necesario para tocar una samba.
“Voy a aprovechar al compadre looper para tocar una salsa. Voy a empezar con la conga”, y rasgando el cuatro creó el primer loop con sonoridad a conga y con un ritmo cercano al son montuno.
Incorporó los timbales, luego el güiro, la clave y el cencerro. “Nos estamos ahorrando un montón de real en músicos” (risas). Y finalmente incorporó el piano montuno y el contrabajo.
Ya con todos los loops sincronizados dijo: “Vamos a hacer un son de un grupo cubano que todos ustedes conocen: Nirvana” (risas). E increíblemente, a ritmo de guajira cubana, Glem tocó “Smells Like Teen Spirit”. Los aplausos fueron cerrados.
Su crónica de vida siguió con su llegada y estadía en Nueva York, ciudad en la que se escucha música de todas partes del mundo. Aprovechó para hacer una soberbia interpretación de la conocida composición de Luis Fragachán, el merengue venezolano “El norte es una quimera”.
Jorge presentó a “la gran gran cantante de Guatemala”, Gaby Moreno, quien hizo una interpretación fenomenal y muy sentida de “Alma Llanera”, demostrando que tiene una voz privilegiada, además de una simpatía natural. Hubo una emoción desbordante entre los presentes con una canción que es como el segundo himno nacional de Venezuela.

Con mucho cariño y admiración Jorge presentó a uno de sus cuatristas favoritos, recientemente mudado a Madrid, Miguel Siso, otro virtuoso surgido de La Siembra del Cuatro. Hicieron una muy atractiva revisión del clásico tema de Aldemaro Romero, “De repente”, complementándose de forma sorprendente como si tocaran juntos todos los días.

Luego de contar el origen de las canciones tristes de los navegantes que nunca saben si vuelven a tierra, cantó “Malagueña cumanesa”, una pieza de aire nostálgico.
La parte final del concierto fue de un nivel de ejecución solo para músicos dotados de un talento innato muy poco común. Glem explicó que cuando se trasladó de Cumaná a Caracas para estudiar, no conocía nada de música académica y los grandes compositores europeos.
Ya había hecho sonar el cuatro como diversos instrumentos de percusión, y aquí nos volvió a dejar atónitos haciendo que sonara como un laud e incluso un clavecín, dejando colar extractos de Bach, Orff, Bizet, Beethoven y otros grandes -además del Himno Nacional de Venezuela- insertos en un “Pajarillo”, una de las formas más populares de la música tradicional venezolana.
Jorge Glem no para de sorprender donde quiera que se presente, un talento que además está aderezado por su humildad y gracia.
Juan Carlos Ballesta



