Inicio Reportajes Paco de Lucía: cuando un maestro se va

Paco de Lucía: cuando un maestro se va

Paco de Lucia
Foto cortesía del Facebook oficial.

El 25 de febrero de 2014 un escalofrío recorrió el mundo con la noticia. Un ataque al corazón había acabado con Paco de Lucía, mientras vacacionaba en Playa del Carmen, en México


En 2024 se cumplen diez años sin la presencia física del gran y único Paco de Lucía. Su presencia, sin embargo, es eterna.

Los más puristas del flamenco culpaban a de Lucía por introducir elementos extraños a la tradición flamenca, como el bajo, la flauta o el saxo, y luego coquetear con el jazz, pero, probablemente, nadie en el mundo tocó el instrumento de las seis cuerdas mejor que Francisco Sánchez Gómez, el legendario hijo de Lucía, hijo de Algeciras, un gaditano inmortal, heterodoxo, que supo hacer cosas con infalible belleza.

Un genio.

Hugo Santaromita †

A Paco de Lucía† lo disfruté un par de veces: una en Caracas, en 1978, en el recordado Teatro París, de La Campiña, y la otra, unos 20 años después, en México, en el Teatro Juárez. Eran dos Pacos distintos. El primero, impactaba con su ejecución y disfrutaba del éxito de su rumba “Entre Dos Aguas” y, el segundo, era un hombre más curtido y pedagógico, que desde hacía tiempo ya había sacado el flamenco de las formas convencionales de Algeciras, su tierra natal.

El 25 de febrero de 2014 se marchó el maestro de la guitarra, el hijo de Lucía, uno de los más sorprendentes artistas del flamenco de toda la historia. Su corazón le jugó una mala pasada, casi sin darse cuenta, en Playa El Carmen, en estado de Quintana Roo, México, donde solía tener su retiro espiritual.

No pocas lágrimas se derramaron y se siguen derramando con la partida de este genio, respetado por músicos de jazz, rock o blues por su muy personal estilo. Hombre tímido, austero, poco amigo de multitudes, protector de su intimidad y la de su familia, se convirtió en uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos y en un defensor del flamenco, considerada “una música que nunca fue a la escuela, sino que viene de la emoción”.

Algunos de los recursos jazzísticos que usaba Paco de Lucía eran, por ejemplo, marcar la armonía con la púa mientras improvisaba, o tomar un recurso para su música de la pulsación del jazz, rodeando la nota que se quiere destacar por otras tocadas más rápido, añadiendo efecto rítmico, así reflejaba al típico cantaor y dejaba un colorido estilo auténticamente moro.




El legado de Paco de Lucía estuvo más cerca de la pedagogía que del espectáculo. Las primeras lecciones se las dio su padre, Antonio Sánchez, que le hacía practicar varias horas al día durante su niñez.

Paco y Camarón

Cuando conoció a Camarón de la Isla, se convirtió en su pareja artística, con quien firmó varios discos de notable éxito entre 1969 y 1979, que marcaron la historia del flamenco para siempre. Su sueño fue ser cantaor, al contrario que Camarón, que quería ser guitarrista. Paradoja del destino que sirvió para brindarnos la figura de Paco, el de Lucía, guitarrista excepcional ya eterno y universal, que cogió la guitarra a los ocho años y nunca la dejó.

Entre Paco de Lucía y Camarón de La Isla cambiaron el panorama del flamenco con su serie de diez discos entre 1969 y 1977, en los que expandieron lo que era un coto cerrado.

Aquello fue una sinergia sinigual, la cual se produjo en paralelo al desarrollo de su carrera solista.

De Sabicas y el Niño Ricardo

El flamenco que Paco de Lucía recoge de Niño Ricardo, una de sus primeras influencias, se le queda pronto corto, siendo muy importante la figura de Mario Escudero y, sobre todo, de Sabicas, a quien conoció en Estados Unidos en 1963 y de quien asimiló su técnica, destacando su limpieza de sonido y velocidad.

Agustín Castellón Campos “Sabicas”, nacido en Pamplona, se fue de España en 1936 para escapar de la Guerra Civil. Fue considerado maestro de la guitarra e impulsor de la internacionalización del flamenco, a quien se le debe la invención de la “alzapúa” en una cuerda y el rasgueo de tres dedos. Ya en vida, era una auténtica leyenda, paseando la guitarra por el mundo entero. Con 78 años, recibió su último homenaje en el Carnegie Hall de Nueva York, en 1989, ciudad en la que falleció.

Paco de Lucía hizo suyo el lenguaje de Sabicas, a quien pronto superaría en maestría, y comienza su propio camino con aquel primer disco, La fabulosa guitarra de Paco de Lucía (1967), en el que incorpora ya composiciones propias.




En 1973 graba su emblemático Fuente y Caudal, donde figura su famosa rumba “Entre dos Aguas”, tema que le catapultaría al estrellato. Lo novedoso en este disco es el uso de nueva instrumentación nunca utilizada en el flamenco: bongó y bajo eléctrico, aunque únicamente en este tema.

Esta sección rítmica y armónica le permitió a Paco de Lucía un mayor protagonismo como solista, llegando incluso a poder improvisar. El resto del disco mantiene la línea expresiva de un flamenco tradicional, pero lleno de virtuosismo y belleza, con piezas que hoy forman parte del repertorio de muchos guitarristas, incluso clásicos, como la taranta “Fuente y Caudal”. 

Paco y el jazz

Cuando De Lucia se presentó en el Teatro Real de Madrid en 1975, siendo el primer concierto de flamenco que se presentaba en el histórico teatro, hubo coincidencias en la percepción de las inflexiones jazzísticas que permeaban el estilo de Paco.

Ya para entonces, Paco había hecho contacto con el jazz norteamericano, principalmente con los guitarristas, razón por la cual surge Almoraima (1976), un disco de bulerías, similar al anterior, pero con la incorporación del laúd y el bajo eléctrico, algo muy similar a la experimentación que hacía Chick Corea en Return to Forever.

Pero algo muy importante ocurre: en esta época cambia la posición corporal de la guitarra, con una postura más horizontal, lo que le supuso muchas críticas de los ortodoxos del mundo flamenco.

A pesar de que su maestro Sabicas se rehusaba a introducir elementos modernos al flamenco, Paco de Lucía se atrevió a desafiarlo al formar su primer quinteto -luego sexteto- integrado por su más clásica formación: Carles Benavent, apodado ‘la Garza flamenca’, quien incorporó su bajo y su mandola (recomendado por Jorge Pardo); el percusionista brasileño Rubem Dantas; los dos hermanos de Paco, Ramón de Algeciras en la guitarra, y Pepe de Lucía en el cante, y más tarde, Manolito Soler en el baile y el cajón.




Este grupete se convirtió en un verdadero trabuco del flamenco y el cante jondo.

De esa época surgieron tres álbumes: Sólo quiero caminar (1981), Live… One Summer Night (1984), Live in América (1993), tres joyas cuyo sonido será muy difícil de emular. Sólo quiero caminar sentó los cimientos de esos esbozos que el sexteto había estado probando en los ensayos y en directo, porque en este trabajo apareció por primera vez, en un disco de flamenco, el cajón del Perú, que jamás se marcharía de su obra.

A Paco se lo regaló el gran cajonero peruano Caitro Soto, y fue Rubem Dantas quien le dio el bautismo y lo incorporó a su set de tumbadoras, bongós, darbucas y cortinillas.

Este álbum marcó también la entrada al flamenco del bajo, la flauta y el saxo, considerado entonces un sacrilegio para los más ortodoxos. Sin embargo, la fuerza interpretativa de Paco y el cante jondo de su hermano, Pepe, fueron determinantes para el éxito y la aceptación.

Live in America fue un gran hito en la carrera del guitarrista, grabado luego de una gran gira de Paco y su banda por los Estados Unidos, y en el cual se redimensionan temas emblemáticos como “Siroco” y “Zyrab”, más un cierre de antología con la rumba “Buana Buana King Kong”.

Ya Paco venía de trabajar, hacía varios años, con dos titanes del jazz contemporáneo: los guitarristas Al Di Meola y John McLaughlin, del que saldría un disco que vendió más de un millón de copias: Friday Night in San Francisco (1980), un trabajo de fusión total.

En este álbum y en Castro Marín, con los guitarristas John McLaughlin y Larry Coryell, grabado ese mismo año, aplica los conocimientos de la armonía del jazz al flamenco, manteniendo las estructuras y formas expresivas del flamenco sin alejarse de su esencia, pero ampliando los horizontes expresivos de la música flamenca.




En esa época, junto a De Lucía, surgieron muchos españoles haciendo jazz y blues de avanzada como el grupo Dolores y Jorge Pardo. También estaban los grupos Guadalquivir, los pioneros en fusionar flamenco con rock, Smash y Triana, Gualberto y Kiko Veneno, con una mezcla de rock, jazz y andaluz, lo mismo que Pata Negra, que hizo una versión de “How High The Moon”, con toques de jazz y recursos flamencos.

Paco querido e inmortal

Paco de Lucía cerró la década de los noventa del siglo pasado con Lucía (1998), un disco oscuro e íntimo, marcado por la muerte de su madre. En este disco podemos escuchar la propia voz del guitarrista en los temas más destacados: “Lucía, dedicada a su madre, y “Camarón”, dedicada al famoso cantaor.

En 2004, Paco de Lucía recibió el premio Príncipe de Asturias de las Artes, que quiso valorar a un creador que trascendió fronteras y estilos, y se consolidó como un músico de dimensión universal. A juicio del jurado, De Lucía profundizó en el repertorio clásico español, de Isaac Albéniz a Manuel de Falla, combinándolo sabiamente con bossa nova y jazz.

Ese mismo año, aparece Cositas buenas, su última publicación de temas originales con la producción de Javier Limón, en la que recupera un cante por bulerías inédito de Camarón de la Isla,  por el cual recibe el premio Grammy Latino.

En 2006, en el 30º aniversario del Festival de Jazz de Vitoria, Euskadi, el maestro De Lucía dio una de sus últimas actuaciones en el plano internacional, acompañado de Chick Corea, con quien ya había compartido tablas varias veces en el pasado, incluyendo la clausura de dicho festival cinco años antes.

Mucho se recordará el dúo que en esa oportunidad, además, hizo con el saxofonista Wynton Marsalis. Aquello fue apoteósico –el 17 de julio– en un festival que reunió, además, a músicos de la talla de Sonny Rollins, Sergio Mendes y Brad Mehldau.




En 2010, se convierte en el primer artista español investido Doctor Honoris Causa por el Berklee College of Music, en la Universidad de Boston, Massachusetts. Dos años después, en noviembre de 2012, fue galardonado con el segundo Grammy Latino de su carrera, por su producción En vivo conciertos España 2010, como mejor álbum de música flamenca.

Los más puristas del flamenco culpan a De Lucía de introducir elementos extraños a la tradición, como el bajo, la flauta o el saxo. Pero su trabajo aprovechó toda posibilidad sonora y, sin dejar de ser flamenco, sino más bien ampliando sus posibilidades.

No merece la pena adjetivar más sobre las capacidades musicales de Paco de Lucía. Probablemente, nadie en el mundo tocó el instrumento de las seis cuerdas mejor que Francisco Sánchez Gómez, el legendario hijo de Lucía, hijo de Algeciras, un gaditano inmortal, que supo hacer cosas con infalible belleza.

Paco De Lucía es irremplazable. Un genio de su tiempo.

 

Artículo anteriorDamo Suzuki: adios al contorsionista de la voz
Artículo siguienteBark Psychosis y Hex: germen e inspiración del post rock