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Kakkmaddafakka: de regreso al indie pop de 2011

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Kakkmaddafakka

Kakkmaddafakka

Concierto en Ochoymedio Club, Madrid

(Noviembre 28, 2019)

Desde que por primera vez lees su nombre, Kakkmaddafakka transmite la vibra de ser una banda que solo quiere divertirse. Cuando los ves en directo, te das cuenta que la palabra “divertirse” se antoja corta para lo que de verdad hacen.

Directo desde Bergen, Noruega, el ahora quinteto del norte de Europa, liderado por los hermanos Axel y Pal Vindenes (ambos guitarra y voz), aterrizó en la Sala But de Madrid para iniciar la gira soporte de Diplomacy (2019), su sexto larga duración, junto a sus cómplices: Stian Sævig (bajo), Sebastian Emin (teclado) y Kristoffer Van Der Pas (batería).

La noche arrancaba con un enérgico intro con la pieza “In the Hall of the Mountain King”, del compositor Edvard Grieg, sucedida por una acrobática entrada de cada miembro del grupo, que adhirieron al performance de “Touching”, uno de los tracks más recordados de Hest (2011), el disco que dio a la formación el estatus de promesas del indie rock europeo y que parecía tener control sobre cada articulación de los asistentes, pues ni pudimos resistirnos a movernos a partir de los primeros acordes y hasta que terminó el show.

Tras eso, la banda procedió a tocar temas como “Galapagos”, “Neighbourhood”, “Someone New” y “Young”, sencillos de los discos KMF (2015), Hus (2017) y los últimos dos de Six Months Is A Long Time (2013), respectivamente, que dilataron la espera para escuchar finalmente la enérgica “Moon Man”, primera probada de Diplomacy, donde el grupo dejó ver hacia donde ha virado su música a lo largo de estos años, manteniendo su esencia juvenil y dance-oriented y el filo de sus riffs.

Sin, la -para mí- mejor canción de su más reciente material discográfico, siguió el setlist del grupo, que agradecía entre track y track el hecho de poder volver a Madrid tras poco más de dos años sin pisar suelo español, además de interactuar con el público con un rudimentario español.

Entre coreografías y finales de canciones atropellados con transiciones un poco toscas, KMF rendía al público con los performances de “Get Go”, “Frequency”, o “Is She?”, antes de dar paso a “Gangster”, un animado track con cierta reminiscencia ska, durante el cual Sebastian Emin, teclista del grupo, desenfundó una bandera enorme con el nombre de la banda que terminó siendo fracturada durante su intento de ondearla.

Al ver el fracaso, la lanzó al público, pero allí Axel Vindenes pidió que la devolvieran, a lo que su público respondió dando el objeto a uno de los roadies.

Heidelberg”, otro track de Hest (2011), daría a los asistentes una probada del sonido más crudo y pesado del grupo, siendo el único instrumental que los del suroeste de Noruega brindarían a la audiencia, para así dar paso a “The Rest”, otro de la misma etapa musical de Kakkmaddafakka.

Young You”, una composición del KMF, de 2016, se abría paso en el set y dejaba que “My Name”, otro punto alto de Diplomacy, devolviera al repertorio y al público a la actualidad.

De esta forma, se allanaba el camino para que Kakkmaddafakka interpretara tres de sus canciones más queridas por los fans: “Runaway Girl”, “Your Girl” y “Restless”, luego de las cuales el quinteto se despidió de la tarima por primera vez, pero un público con la boca sedienta de más los llamó de nuevo al escenario coreando el mítico riff de “Seven Nation Army” de The White Stripes.

Así las cosas, los cinco volvían a tarima un poco refrescados para ofrendar tres temas al público. El primero fue “Naked Blue”, uno de sus más recientes sencillos.

Luego, tras una introducción donde hablaban de sus cualidades con los dedos, Stian Sævig, bajista del grupo, mostró sus dotes como cantante interpretando un divertido cover de “Dragonstea Din Tei”, clásico del eurodance, original del trío moldavo-rumano O-Zone.

Con “Restless”, su tema más importante, la banda daba por terminado un show que, en líneas generales, dejó muy buen sabor de boca pese a que los más detallistas pudimos notarle ciertas costuras.

Excusando que es el inicio de la gira, la banda se mostró inconexa a ratos, repercutiendo, en especial, en la forma en que terminaban las canciones o arrancaban la siguiente del repertorio.

Avanzada la noche, las interacciones de Axel se volvían más repetitivas y no por un tema de lenguaje, sino que siempre decía lo mucho que les gusta Madrid y lo especial que es dicha ciudad para ellos. Pese a esto, siempre fue carismático y desenfrenado, dando un buen espectáculo como showman.

Sin embargo, Pal, su hermano con quien comparte la voz en varios temas, no es un tipo tan extrovertido como él y sus dotes de frontman dejan mucho que desear, al menos para alguien que debe prepararse para cantar el 50% de las canciones de la banda.

Kakkmaddafakka nos llevó de nuevo a 2011, y eso está bien, porque fue un año bonito para la música y, en especial, para el tipo de música que ellos hacen. Muchos nos sentimos como cuando les escuchamos por primera vez y aunque ya haya pasado casi una década, nuestras rodillas recordaron cómo era bailar.

Pero, en honor a la verdad, y pese a lo divertido y enérgico del show, uno quisiera ver hacia qué nuevas fronteras musicales puede llegar Kakkmaddafakka, como lo hicieran otras bandas de la época que han mutado su sonido y tomado grandes riesgos. Habrá que ver si ellos quieren lo mismo.

Alejandro Fernandes Riera

Fotos: Joe Codallo