La primera jornada del festival madrileño contó con la memorable actuación de Iggy Pop, sorprendente actuación de Geordie Greep, fabulosas actuaciones de Leon Bridges y Weezer, y la solidez garantizada de Muse
Mad Cool Festival (Día 1)
Iberdrola Music, Madrid
(Julio 10, 2025)
La edición 2025 del Festival Mad Cool podría haber salido a las mil maravillas, pero se atravesaron problemas técnicos que afectaron el desarrollo de varios conciertos, entre ellos el de Gracie Abrams, que a los 40 minutos sufrió un apagón, pero sobre todo el de Iggy Pop, cuyo comienzo se vio abortado varias veces por 20 minutos.
La organización no ha explicado bien las causas, pero algunas versiones difundidas extraoficialmente apuntan a que el excesivo calor afectó a los equipos y plantas.
Por otro lado, muchos asistentes mostraban cierta inconformidad con el volumen, aunque a decir verdad no nos pareció tan grave, dado que había conciertos en simultáneo.
La logística relacionada con la organización funcionó bien y ya parece haber quedado bien engrasado tras la experiencia mejorada de 2024 respecto a la complicada edición previa. Obviamente, factores externos como los retrasos que se produjeron en varias líneas de trenes de Cercanias, no son su competencia pero afectaron a muchos asistentes.
Según la organización, en esta primera jornada asistieron más de 49 mil espectadores. Nada mal, sin duda.
Hay veces que se dan las circunstancias para que en una jornada con más de 20 presentaciones agendadas, haya una que se convierta en la más especial. Y no se trata de que Muse, Gracie Abrams, Weezer y el resto del cartel no hayan lucido. Se trata de que un personaje, el más veterano de todo el festival, haya dado una clase magistral de lo que significa subirse a un escenario a darlo todo y establecer un vínculo umbilical con el público presente.

Iggy Pop: una clase magistral de resiliencia
Hablamos de Iggy Pop, ese garabato curtido en mil batallas, arrugado al extremo y con pliegos en la piel, rengo, pero que tiene la voluntad de hierro, el carisma intacto y una actitud de eterno joven rebelde. Iggy es al mismo tiempo una persona agradecida con su público con el que se comunica de todas las formas posibles.
No hay duda que es una rara avis dentro del rock. Iggy irradia energía, mucha más de la que su frágil cuerpo puede gestionar. Es un volcán. Iggy Pop es un modelo de resiliencia, no por haber vivido una vida limpia o convencional, sino precisamente por haber caído muchas veces y siempre vuelto a levantarse, sin perder su identidad ni su pasión por el arte.
Se mueve rengueando de un lado a otro del escenario, interactúa con el público, gesticula, enseña los dedos (pinta palomas / peinetas) y no escatima en nada, incluso aún se atreve a bajar al público.
Pero como todo lo de Iggy, las cosas más imprevistas y extrañas pueden ocurrir en uno de sus conciertos.
A las 21:35h salió la banda -un bandón realmente- compuesta por las sensacionales guitarras de Charles Francis Moothart y la española Ana Campos (cantante y guitarrista del grupo Las Nubes), Urian Hackney en la batería, Brad Truax en el bajo, Pam Amsterdam en la trompeta, Corey King en el saxo, y la sorprendente presencia en los teclados y coros de la gran Joan as Police Woman (Joan Wasser).
Enseguida apareció Iggy y como es costumbre (y mas con el calor sofocante en Madrid) se quitó inmediatamente el chaleco, tomó el micrófono y al comenzar a cantar no sonaba, con lo cual en un acto espontáneo lo estrello contra el suelo. Lo que siguió fue una eventualidad poco vista en un festival de esta categoria. Al principio pensábamos que era parte de una escenificación, casi una parodia de los minutos antes le había pasado a Gracie Abrams, pero a los minutos constatamos que era algo serio.
La escena se repitió dos veces más: la banda saliendo, Iggy intentando cantar y el micrófono sin señal. Iggy se quedó solo en el escenario por largos minutos, mostrando de qué madera está hecho. Bromeaba, pero estaba preocupado. Se sentaba cavilando, simulaba cantar (ganas le sobraban), y así por un tiempo que pareció una eternidad en medio de una programación que debe cumplir con unos horarios cuidadosamente programados.
¿Sería capaz la organización de recortar el tiempo a Iggy Pop? Era una pregunta que nos asaltó a muchos Pero, a Iggy Pop no se le puede hacer tal desaire. Ni a su público. Algunos medios han afirmado que el set quedó recortado, dejando en evidencia que no estuvieron ahí todo el concierto
Una vez resueltos los problemas técnicos, el inmortal James Newell Osterberg Jr alias Iggy Pop, nativo de Muskegon, Michigan, con 78 años cumplidos en abril pasado, comenzó la apasionada lección de rock que todos los presentes refrendamos.

La voz, a pesar de todo, la conserva, con algun que otro gallito que incluso le otorga más autenticidad a ese puñado de 17 canciones infalibles que nos regaló, entre las cuales 10 pertenecen a su etapa con The Stooges y el resto a sus discos como solista, muy especial los dos primeros de 1977 (The Idiot y Lust for Life).
Con “T.V. Eye”, “Raw Power”, “I Got a Right” y “Gimme Danger”, nos hizo recordar la raíz misma del garage rock y la inspiración de muchas bandas punk. Las piezas sonaron vitales e Iggy nos puso a reflexionar sobre la inmortalidad.
Asumiendo su timbre vocal más bajo y sombrío Iggy nos regaló las esenciales “The Passenger” y “Lust for Life” (que unos cuantos presentes reconocían haber conocido por la banda sonora de “Trainspotting”), piezas que pertenecen a la etapa berlinesa junto a su amigo y productor David Bowie. Más adelante también sonaron “Some Weird Sin” y “Nightclubbing” de Lust For Life
Uno de los momentos claves fue “I Wanna Be Your Dog”, la cual siguió a “Death Trip”, y que todo el publicó cantó, una estela que siguió con “Search and Destroy”, “Down on the Street” y “1970”.
Demostrando que a pesar del influyente pasado aun es capaz de ofrecer grandes discos, tocó dos del más reciente, Every Loser (2023), “Frenzy” y “Modern Day Rip Off”, que encajaron perfectamente en el repertorio.
Creo que a ninguno de los que estábamos allí le importaba mucho si Iggy Pop se pasaba del tiempo estipulado y se solapaba con el horario de Muse en el otro escenario principal, así que el final con la infaltable versión del clásico de Richard Berry & The Pharaohs, “Louie Louie” y “Funtime” del disco The Idiot concluyó un concierto irrepetible y sin duda histórico, que sin desmérito de los demás, fue el de mayor impacto emocional.


La exigente aventura de Geordie Greep
No siempre lo más publicitado y conocido resulta ser lo más interesante. Lo bueno de los festivales es que debajo de la primera línea de nombres, incluso de la segunda, hay propuestas fabulosas que muchas veces pasan desapercibidas para la gran mayoria y solo unos pocos tienen el tino -y el privilegio- de presenciarlas.
El joven inglés Geordie Greep llegó con su disco debut, The New Sound (2024), aún efervescente y su paso como cantante y guitarrista de black midi como referencia. Los que conocemos y habíamos visto a black midi en directo (leer crónica aquí), sabíamos que era ineludible ver a Greep.
Desde mi punto de vista, fue el mas sorprendente concierto de la primera jornada. Dentro de la carpa del escenario Mahou Cinco Estrellas, Greep congregó a un público que habia hecho 40 minutos de cola bajo el ardiente sol, y cuya juventud da esperanzas. Si black midi mezclaba referencias post punk (Gang of Four, Pere Ubu), prog (King Crimson, Frank Zappa) y funk rock (Primus), ahora en solitario se adentra en terrenos del más intrincado jazz fusión (Mahavishnu Orchestra, Brand X, Frank Zappa), sin olvidar el prog más intrincado y ciertas influencias de Benjamine Clementine. Y todo ello con una personalidad apabullante.
Resulta sorprendente lo aventurado de Greep y su increible grupo de cinco jovencísimos músicos, con un nivel de exigencia poco común en grupos actuales. El set apenas incluyó cinco temas, la mayoría largos y llenos de pasajes frenéticos e intrincados: “Walk Up”, “Terra”, “Bongo Season”, “Holy, Holy” y “The New Sound”.


Muse: grandeza y épica
Que duda cabe que el nivelazo que Muse demuestra sobre un escenario lo tienen pocas bandas. Es el tipo de puesta en escena que impresiona y atrae público.
Fue la última incorporación al Mad Cool tras la obligada cancelación de Kings of Leon, que en realidad, con todos los méritos de Muse, era nuestra preferida. Quizá Kings of Leon no tenga una presencia en escena tan apabullante como la de Muse, pero la calidez de su sonido nos llega más.
Muse ofreció un largo set de 22 temas, incluidos muchos de sus clásicos. La solidez de ese núcleo inamovible durante 30 años –Matt Bellamy en la voz principal y guitarra, Chris Wolstenholme en bajo y coros, y Dominic Howard en la batería- ayudan a que el engranaje sea perfecto. Los ayuda en directo el teclista y guitarrista Dan Lancaster.
Allí frente al escenario Región de Madrid se congregaron miles de personas, muchas de ellas apostadas desde bastante tiempo antes para lograr estar cerca del escenario -perdiéndose en el camino a Iggy Pop y otras propuestas- para disfrutar de uno de esos shows totalmente medidos, sin fisuras.
Muse se paseó por toda su trayectoria, cosa que suele ser la mejor decisión en los festivales, echando mano de buena parte de sus singles como “Unintended” (en versión acústica), “Time is Running Out”, “Hysteria”, “Supermassive Black Hole”, “Starligth”, “Knighs of Cydonia” (incluido el intro de Morricone “Man With a Harmonica”), “Map of the Problematique”, “Uprising”, “Undisclosed Desires”, “Madness”, “Compliance”, y el más reciente de 2025, “Unravelling”, que fue con el que abrieron el concierto.





Leon Bridges, Weezer y Bright Eyes
El estadounidense Leon Bridges fue la puerta de entrada para nosotros al Mad Cool 2025 y allí nos quedamos bajo el inclemente calor disfrutando de su fantástica propuesta que combina soul -como columna vertebral- con pop, blues, funk y country.
Es de este tipo de propuestas cuya cadencia te atrapa y te va aumentando los deseos de escuchar una canción tras otras. La banda que lo acompaña es magnífica.

La banda de Nebraska, Bright Eyes, comandada por el vocalista y guitarrista Conor Oberst y que desde 2006 cuenta con la importante presencia del multiinstrumentista Mike Mogis y el teclista Nate Walcott, ofreció uno de esos conciertos que pudiéramos catalogar como “correctos”, demostrando la capacidad innata para componer canciones sensibles y emotivas, aunque no lograron una conexión 100% del público.
Weezer, por su parte, una de las bandas sobrevivientes del sonido alternativo californiano de los 90, congregó a muchos seguidores que cantaron y se movieron a placer con un puñado de 21 canciones, muchas de ellas extraídas del recordado debut The Blue Album (1995) y su sucesor Pinkerton (1996), discos producidos por el recordado Ric Ocasek (The Cars), pero ninguna más removedora que “Island in the Sun”, que inevitablemente nos trasladó a comienzos de siglo y que fue el retorno de Weezer tras cinco años de ausencia discográfica.


Juan Carlos Ballesta




