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Mark Hollis y su emotivo y único testimonio como solista

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Mark Hollis
Luego de casi de una década marcando tendencia como líder de Talk Talk, Mark Hollis presentó el álbum en solitario con el que se despediría para siempre.

En el aniversario número 20 de su disco homónimo, analizamos el material musical que escogió como su último legado.

Talk Talk: pionero del Synth Pop

Como cantante y principal compositor de la agrupación Talk Talk, durante los años 80 operó uno de los más sorprendentes cambios estéticos, comenzando como uno de los protagonistas del synth pop para entonces convertir a la banda en abanderada del rock experimental.

De las canciones de corte pop de los primeros dos discos (The Party’s Over, 1982; It´s My Life, 1984) a las atmósferas lánguidas y de naturaleza introspectiva de los dos últimos álbumes (Spirit of Eden, 1988; Laughing Stock, 1991), hay todo un universo y menos de una década.

Durante los primeros años de Talk Talk, varios éxitos pusieron a la banda en primer plano, entre ellos “Talk Talk”, “It’s My Life”, “Such a Shame” y “Life’s What You Make It” (del transicional tercer disco, The Colour of Spring, 1986).

Sin embargo, ya en Hollis y en el resto de la banda se había producido la necesidad de emprender caminos separados y, por ello, el siguiente disco representó una ruptura conceptual y estilística notable, vía que se profundizó con Laughing Stock.

De las canciones de corte pop de los primeros dos discos de Talk Talk, a las atmósferas lánguidas y de naturaleza introspectiva de los dos últimos álbumes, hay todo un universo y menos de una década.

Aquel disco presagió lo que pronto sería denominado post rock, una manera de expandir las fronteras del rock.

La banda dejó de tocar en directo y dejó inconcluso el contrato de dos discos que habían firmado con el sello Polydor.

Mientras Paul Webb y Lee Harris formaron el extraordinario proyecto O.Rang, Hollis entró en una pausa que se rompió en enero de 1998 con la aparición de su primer trabajo como solista; el único de su trayectoria.

Luego de publicar Mark Hollis (1998), el músico decidió retirarse de la actividad pública y dedicarse a su familia.

Un espejismo sobre un posible regreso ocurrió con su participación en el álbum de la noruega Anja Garbarek, Smiling and Waving (2001), pero Hollis mantuvo su carácter reclusivo.

Mark Hollis
Polydor. 1998. Inglaterra

Su homónimo disco (con el título inicial de Mountains of the Moon), contó con la ingeniería de Phil Brown (el mismo de Laughing Stock y en cuyo minimalista disco del mismo año 98 tocó piano) y con él cumplió el contrato con Polydor.

Ocho maravillosos temas lo componen, comenzando con “The Colour of Spring”, título similar al tercer disco de Talk Talk pero que aquí adquiere un carácter melancólico, introduciendo la clave del mood de todo el álbum.

Watershed”, es un tema lánguido y minimalista, con instrumentación delicada en la que destacan los timbres de los platillos y la trompeta.

Es el primero de cinco temas en los que comparte composición con Warne Livesey, músico y productor quien había trabajado con Midnight Oil, The The, The House of Love y Julian Cope, entre otros.Extrañamente no participa en producción ni como músico.

Inside Looking Out” es tema de naturaleza nocturna que  atrapa sin remedio. Podría recordar a David Sylvian. La pieza que más retrotrae a Laughing Stock es “The Gift”, con la batería de Martin Ditchman en plan estelar.

El tema central del disco es “A Life (1895-1915)”, inspirado en la historia del soldado Roland Leighton, quien para el momento de su prematura muerte en la Primera Guerra Mundial, vivía una relación con la enfermera, escritora, feminista y activista Vera Brittain, quien escribió años después sobre aquellos horrores y pérdidas.

Es un extenso tema en el que destacan los instrumentos de viento (clarinetes, flautas, corno inglés, bassoon).

Es seguido por “Westward Bounce”, un austero tema en el que la voz quebrada de Hollis se imbrica con la guitarra acústica, creando un ambiente sosegado y bucólico.

The Daily Planet”, co-escrita junto al guitarrista Dominic Miller, está construida básicamente por los vientos y la base rítmica en la que se luce el contrabajo de Chris Laurence y la fenomenal armónica de Mark Feltham, con una presencia dosificada pero definitiva.

El disco lo cierra la nostálgica “A New Jerusalem”, que sin que nadie lo previera, se convertiría en el último nuevo tema con su reconocible voz.

En 2018 se cumplieron 20 años del único disco solista de Mark Hollis y, a pesar de los deseos de miles de admiradores, nunca volvió a los estudios.

Al año siguiente, en 2019, Mark Hollis murió en su voluntario retiro.

Queda este testimonio del talento y absoluto buen gusto de este creador que se arriesgó a ser sí mismo, para entonces cambiar los escenarios y el reconocimiento por una vida tranquila junto a su familia.

Juan Carlos Ballesta