En la novedosa modalidad de la edición 2025 del FIAS de juntar dos propuestas muy distintas, la banda granadina y el cantautor canario ofrecieron magníficos conciertos
Fajardo + Ramper
Teatros del Canal, Sala Roja, Madrid
FIAS 2025
(Marzo 20, 2025)
Uno de los mejores trabajos publicados durante 2025 en España fue, a nuestro juicio, Solo Postres (Humo Internacional), el arriesgado segundo disco de la banda granadina (parte de nuestra lista Los 45 mejores discos españoles de 2025).
La oportunidad, por tanto, era ineludible. Pero, además, en esta interesante modalidad de presentar a dos artistas -sin relación entre ellos- en un mismo escenario, pudimos sorprendernos con Fajardo.
Fajardo: la fuerza de un cantautor
El cantautor canario llegó al FIAS celebrando doce años de carrera y un nuevo disco: Trecho. Hemos de reconocer que nos sorprendió. No íbamos preparados y a veces es mejor dejar un espacio para la sorpresa, sea buena o mala.
José Antonio Fajardo posee una voz fuerte, potente y en ocasiones indómita. La usa con conocimiento de ese poder. Se acompaña de guitarras acústica y eléctrica, que también toca de manera poco ortodoxa, y esa combinación es la que hace precisamente que su propuesta impacte de manera certera en el oyente, y más aun cuando -como en este caso- se presencia en directo.
Solo hicieron falta 40 minutos para comprobar que Fajardo es un artista genuino, honesto, sus canciones son como diamantes en bruto que suenan mejor sin pulitura.
Rasgando la guitarra con furia pero con conocimiento de causa, y no exento de timidez y cierto candor, nos cautivó con cada una de sus canciones confesionales y crudas.
Ramper: explosiva languidez
Desde que descubrimos a Ramper con su autoeditado primer disco Nuestros mejores deseos (2020) en los difíciles tiempos de la pandemia (disco que incluimos en nuestra lista de favoritos españoles de ese año), supimos que estábamos ante una banda especial.
Granada, ya sabemos, es un semillero impredecible e inagotable, y Ramper es uno de los recientes grandes capítulos de una música que asume riesgos y no se apega a un formato. Cuatro años después de aquel debut, Solo Postres ha reconfirmado aquella promesa y la convierte en una realidad palpable.
Ramper llegó al FIAS a presentar al completo este ambicioso segundo álbum doble compuesto por siete temas, en su mayoría por encima de los 10 minutos. Parecía un escueto racimo de canciones, pero la extensión de cada una hizo que el concierto alcanzara la hora y media.
El cuarteto que conforman Álvaro Romero Sepúlveda (voz principal, guitarra eléctrica), Ángel Oreste Rodríguez (guitarra eléctrica, sintetizador), Antonio Martín Ruiz (bajo, coros) y José Alberto “Joserto” López Rosales (batería), se presentó acompañado de otros cuatro músicos que resultaron muy valiosos y necesarios para la consecución de un sonido paisajista, contemplativo, con comedidas explosiones instrumentales.
Fueron ellos Cipriano Montes Aranda (violonchelo), Ana Pérez Gallego (flauta), Miguel Ángel Robles Urquiza (trompeta) y Elvira Simancas Fernández (clarinete, saxofón y coros).
Ramper recoge influencias varias que pasan por el shoegaze, el post rock más preciosista y el slow core. Por su propuesta orbitan Low, Galaxie 500, Godspeed You! Black Emperor, Black Country New Road, Slint, Explosions in the Sky, Swans, Slowdive (sobre todo el disco Pygmalion), Pale Saints, Spoonfed Hybrid y más, todas referencias de peso y que indican un compromiso con la libertad creativa.
Aunque se supone que quien asiste a un concierto tiene una cierta idea de lo que va a enfrentar, ocurrió que en los primeros 15 minutos hubo una cuantas personas que abandonaron la sala a cuenta gotas, probablemente porque habían ido a ver solo a Fajardo o porque no fueron capaces de asumir el reto que presentaba Ramper.
Sin duda, no es una propuesta que cale fácilmente. Es de las que requieren un cierto esfuerzo intelectual en primer lugar, y luego ya las emociones vienen solas. Quienes están familiarizados con todas las refereferencias mencionadas pues lo tuvieron más fácil.
“Un miembro fantasma” -el primer tema- justamente estableció los parámetros, un tema que comienza casi fantasmal y explota con latigazos guitarreros, vientos y una ritmo circular, mientras la voz surfea sobre todo ello.
En “Día Estrellado” la tónica continúa, pero esta vez surge una cadencia del folclore difuminada entre flauta y electrícidad. Sin pausa, a través de un ritmo programado que se mantiene, se une con “Reina de farolas”, un slow core memorable entre Low y Swans, apuntalado por guitarras y la voz lánguida.
La disposición en el escenario ubicó al baterista casi solo en un costado, con los invitados en una sobretarima al otro costado, y delante de ellos bajista y guitarrista/teclista, con el vocalista en medio. Sin visuales y con poco movimiento de los músicos, el escenario lucía como una sabana.
Todos ellos destilaron candor y timidez, con una comunicación verbal con el público casi inexistente, pero con una notable entrega que se reflejaba en su concentración. Sin duda, estaban conscientes del compromiso.
Finalmente, después de 35 minutos, hubo una pausa y el público pudo aplaudir.
Y enseguida “En nuestros últimos días” sumió a toda la sala en una especie de trance, con una larga introducción alineada con la música drone que lentamente desembocó en un ritmo aletargado al que se fueron sumando capas de guitarras distorsionadas, al tiempo que Romero vocalizaba espaciando las estrofas, que alternadamente eran devoradas por la hiedra guitarrera, hasta llegar al wall of sound del tramo final. Fue un tema magistral.
La pieza que da nombre al disco, “Solo postres”, matizó la intensidad de los minutos previos, transcurriendo de manera gentil con ramalazos eléctricos y una voz que intentaba no ahogarse. La voz femenina de Elvira Simancas otorgó cierta luminosidad, pero la pieza se tornó salvaje como un río crecido.
El tramo final lo protagonizaron “Los ojos de los demás” -el tema más corto del repertorio- y la épica “Poderoso puño”, dejando a más de uno incrédulo y satisfechos a la mayoría.
Sin duda, una escogencia acertada para la programación de un festival ecléctico y siempre sorprendente.
Juan Carlos Ballesta







