La legendaria agrupación berlinesa ofreció un magistral e hipnótico concierto en Madrid guiada por el espíritu del fundador Edgar Froese
Tangerine Dream
Continuum Tour 2025
Teatro Circo Price, Madrid
(Abril 1, 2025)
Que en 2025 una agrupación formada en 1967 pueda aun sorprender y hacer gala de un sonido innovador, atractivo y seductor es una proeza. Más aún dentro de un universo tan competido y cambiante como el de la música electrónica.
No ha sido un camino fácil para Tangerine Dream. De ser un proyecto rompedor y convertirse en paradigma durante los años 70 y parte de los 80, su sonido se volvió anodino en los 90, justo durante la década de la gran masificación de la música electrónica y el surgimiento de muchos proyectos que, paradójicamente, presentaban deudas al sonido que había creado con discos como Phaedra (1974), Rubycon (1975), Stratosfear (1976), Force Majeure (1979) o Tangram (1980).
En parte esa desviación, que se extendió por más tiempo del debido, se debió a la inclusión en el grupo de Jerome Froese -hijo de Edgar-, aquel bebé que aparecía en los artes cuando su madre Monique era la diseñadora.
Jerome, dado de baja en el grupo desde 2006, nunca estuvo de acuerdo con que Tangerine Dream siguiera su andadura luego de la muerte de su padre en 2015, pero era claro que Edgar lo quería y su pareja y viuda, la artista Bianca Froese-Acquaye, ha estado detrás de esta continuidad, que ha resultado el mejor homenaje posible a su creador y alma motora.
Edgar Froese -el piloto cósmico-, desde una dimensión desconocida descansa en una hamaca sonriendo y viendo las estrellas, mientras oye y comprueba que su legado no solo no se extingue sino que florece.
Los artífices de esta actual encarnación de Tangerine Dream son Thorsten Quaeschning (teclados, sintetizadores, sistemas modulares, director musical y heredero del liderazgo de Froese desde 2004), Hoshiko Yamane (violín, looper, pedales de efecto) y Paul Frick (teclados, parte también del fantástico trío Brandt Brauer & Frick), quien sustituyó en 2020 a Ulrich Schnauss (quien era parte del grupo en el pasado concierto en Madrid en 2019)
A diferencia del concierto de 2019 esta vez el Teatro Circo Price fue un recinto ideal para desplegar la propuesta al completo, que incluye fantásticas visuales y juegos de luces, un sonido prístino en el que resaltaban todas las frecuencias, y una disposición de la parafernalia instrumental mucho más acorde, con Quaeschning ubicado en el centro, armado de dos paredes modulares al fondo, dos torres de teclados al frente y laptop a un costado, flanqueado por Frick y Yamane.
Las amables palabras introductorias de Thorsten nos sintonizaron con lo que estábamos a punto de vivir. Agradeciendo nuestra presencia, explicó que repasarían repertorio viejo y nuevo, y alguno muy antiguo, y que por las características acústicas del recinto habían escogido piezas en G, es decir, en Sol Mayor (tocando una nota sostenida en un sintetizador). Fieles a su tradición, cada concierto en España tuvo suficientes variantes en el repertorio.
Fueron dos horas y cuarto de viaje cósmico, como corresponde a la banda pionera del sonido cósmico de la electrónica (Kosmische Musik) y abanderada de la Escuela de Berlín junto a Klaus Schulze, quien tocó la batería en el primer disco
El comienzo no pudo ser más adecuando que con “Stratosfear”, la pieza que da nombre a uno de los discos claves de la discografía, esencial en los años con Virgin y el último en estudio con Peter Baumann. La versión actualizada sonó magnífica.
Y de esa época de la clásica formación Froese-Baumann-Chris Franke de la era analógica (durante la cual no acostumbran a tocar en vivo las piezas de los discos en estudio dada las limitantes de la tecnología), nos regalaron una adaptación de “Betrayal”, tema de la primera banda sonora publicada, Sorcerer (1977), el thriller de acción de William Friedkin que en muchos países de habla hispana se tituló “Salario del Miedo”.
Entre ambas tocaron “Dolphin Dance”, un atractivo tema de Underwater Sunlight (1986) -de la época con Paul Haslinger– que se ha vuelto recurrente en muchos conciertos.
Otra banda sonora presente fue Risky Business (1984), de la cual reinterpretaron “Love on a Real Train”, la cual sonó especialmente atractiva con unos sintes fantasmales y un gran solo emulando al sonido de la Gibson de Froese.
Especial atención recibió el que hasta ahora es el más reciente álbum de estudio, Raum (2022), el segundo tras la muerte de Froese, cuyas composiciones fueron realizadas por los tres miembros actuales y el propio Edgar ya que mucho se basa en sus archivos.
De ese álbum sonaron el largo e hipnótico tema título, “You’re Always on Time” -con unos muy interesantes patrones rítmicos-, la envolvente “Portico” y la pegadiza “Continuum” (de ahí el nombre del Tour), pieza muy alineada con el sonido de los primeros años 80, período del que escogieron “Choronzon”, del disco Exit (1981), con una percusión notable.

Una buena sorpresa fue la inclusión de “Horizon” (partes 1 y 2), composición que originalmente aparece en el doble álbum en directo Poland (1984), la cual recibió para el disco Recurring Dreams (2020) una especie de “update” que le vino muy bien, con secuenciadores a tope y el sonido de la guitarra distintiva de Froese de nuevo emulada. De ese disco también escogieron “Los Santos City Map”.

Hubo acercamientos al más fino techno con “It Is Time To Live When Everyone is Dancing” y “No Happy Endings” (tema compuesto para el videojuego “Grand Theft Auto”), con la cual se despidieron por primera vez, ante una gran ovación que los trajo de regreso.
El encore – que pudiéramos titular “Session in G”, fue una larga pieza principalmente improvisada -pero con lineamientos- de casi media hora en la que nos pasearon por toda la paleta sonora de Tangerine Dream, comenzando por varios minutos espaciales con voces pregrabadas y ciertos sonidos que podrían retrotraer a Rubycon o Epsilon in Malaysian Pale de Froese. El sonido de piano emerge y se mantiene como protagonista por unos minutos, mientras poco a poco se une una secuencia rítmica de baja frecuencia y lo desplaza.
Sonidos distorsionados, secuenciador y una gentil melodía en sintetizador llevan la pieza a otro estatus, con capas diversas, y como en un viaje cósmico los tres músicos ejercen de mediums. La pieza nos llevó a un estado de ingravidez realmente placentero que nos hizo dificil regresar al planeta Tierra y abandonar la sala.

La experiencia que nos hicieron vivir Thorsten Quaeschning, Hoshiko Yamane y Paul Frick fue literalmente galáctica.
Una selfie con el público fue el broche terrenal.
Juan Carlos Ballesta
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