Inicio Archivo discografico 40 años de Tangram, gran comienzo de una nueva etapa de Tangerine...

40 años de Tangram, gran comienzo de una nueva etapa de Tangerine Dream

207
Tangram

En mayo de 1980 la agrupación alemana abrió una nueva etapa coincidiendo con la llegada de los años 80 y del nuevo miembro Johannes Schmoelling

Tangerine Dream
Tangram

Virgin Records. 1980. Alemania

El décimo álbum de estudio de la emblemática agrupación berlinesa de música electrónica fue un muevo punto de inflexión en su larga carrera.

Entrando en una nueva década, todo parecía diferente. La electrónica había permeado a la música pop y una nueva generación ligada con el punk y el sonido de Kraftwerk cambiaba el panorama.

El fundador Edgar Froese y su más longevo compañero a la fecha, Chris Franke, venían de una etapa de transición con los discos Cyclone (1978) y Force Majeure (1979), que siguieron al abandono de Peter Baumann.

En esos dos trabajos el sonido de la clásica etapa anterior que había arrojado discos esenciales como Phaedra (1974), Rubycon (1975), Ricochet (1975), Stratosfear (1976), Encore (1977) y la primera banda sonora, Sorcerer (1977), sufrió notables cambios con la inclusión de voz, flauta y batería acústica.

No por ello esos dos discos dejan de ser fantásticos, pero a la postre sirvieron para recibir una nueva época.

Con la inclusión de un nuevo integrante, Johannes Schmoelling, el trío volvió a su configuración totalmente apegada a los teclados y secuenciadores, así como la ocasional guitarra de Froese.

En Tangram, Tangerine Dream exploró, como ya había ocurrido anteriormente en Rubycon, la idea de un solo tema dividido en dos largas partes, una por cada lado del LP.

Algunos segmentos habían sido presentados en concierto (tal como quedó documentado en el disco en directo publicado en 1981 como Quichotte y rebautizado Pergamon en 1986).

Para este nuevo disco el trío incorporó nuevos teclados polifónicos y novedosa percusión electrónica, sonoridades que caracterizaría su sonido los siguientes años.

Hubo, por tanto, una especie de “upgrade” en la tecnología, lo que se tradujo en que pudieron elaborar un repertorio más controlable en directo, aunque quizás más predecible y con más dominio de los aspectos más inestables que caracterizaban a los mellotrones y sintetizadores de primera generación.

Schmoelling resultó ser una incorporación muy valiosa, contribuyendo al carácter cósmico e hipnótico de Tangerine Dream, pero también con una mayor presencia melódica, un equilibrio que en Tangram se logró de manera brillante y por ello se convirtió en el más exitoso disco del grupo, permaneciendo por cinco semanas en el Top 40 británico.

Luego de 40 años, Tangram sigue cautivando y permitiendo placenteros viajes.

Juan Carlos Ballesta