El 11 de septiembre de 2015 el cantautor inglés publicó su reflexivo octavo álbum, volviendo a sus distintivas sonoridades
Richard Hawley
Hollow Meadows
Atlantic. 2015. Inglaterra
Cada disco del cantautor británico es un certero flechazo a las emociones. Tras el guitarrero y más psicodélico Standing At The Sky’s Edge (2013), Richard Hawley regresa a un terreno más conocido, el de las canciones que hieren y al mismo tiempo enamoran, las baladas para cortarse las venas o flotar.
Como ha sido su costumbre, el título está relacionado con su amada ciudad Sheffield -en la que su familia ha habitado desde la edad media-, en este caso referido a una histórica edificación en las afueras de la ciudad que funcionó como escondite de los soldados británicos durante la segunda guerra mundial y ahora como hospicio psiquiátrico. Quizá una metáfora sobre su mundo interior, reflejado en sus canciones con poesía y a veces crudeza.
Hollow Meadows es probablemente el disco más personal de su carrera como crooner, que comenzó con este siglo, luego de su paso como guitarrista de la banda Longpigs en pleno apogeo del britpop en los 90.
Una convalecencia que lo mantuvo encerrado en su casa con una pierna fracturada, se tradujo en un tiempo reflexivo e introspectivo que lo llevó a abordar temas como el de su hija yéndose de la casa en “What Love Means” (en la que dice cosas como “Hija mía desamparada / Nunca olvidaré el día que te fuiste”), cavilaciones poéticas sobre la vida y el amor en “Sometimes I Feel”, deseos de salir del encierro en “Welcome the Sun” o reconocimientos a la amistad en “Nothing Like a Friend”.

En temas como “Which Way” suena entre Morrissey, Pulp y The House of Love, en la estupenda “Tuesday pm” podría recordar a las baladas más románticas de Nick Cave, mientras en “I Still Want You” se desgarra de desamor con una voz premeditadamente ronca.


En la siniestra y al mismo tiempo cautivadora “Long Time Down” es acompañado por Martin Simpson en el banjo y slide guitar.
Hawley también rinde homenaje a la cantante folk Norma Waterson en la eléctrica y emotiva “Heart of Oak”.

Por su parte, “Serenade of Blue” es una de sus distintivas baladas, con la aterciopelada voz en su plenitud.
Uno de los discos del año, sin duda, y una de las obras maestras de Hawley, el último de los románticos.
Juan Carlos Ballesta
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