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El verano será eterno: maravillosa catarsis emocional de Sofía Comas

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Sofía Comas

La compositora, cantante y actriz de origen español/canadiense debuta con un sorprendente y emotivo disco basado en la dolorosa ausencia de su padre

Sofía Comas
El verano será eterno

Industrias Bala. 2020. España

Nuestro primer encuentro con la compositora, cantante y actriz de origen español/canadiense, Sofía Comas, ocurrió el 31 de marzo de 2019 en el Ciclo Músicas Infinitas dentro del Festival Internacional de Arte Sacro 2019  (crónica aquí).

No sabíamos bien lo que veríamos y por ello la sorpresa fue mayúscula. Desde entonces comenzó la espera del disco con el material que estrenó aquella noche.

La publicación de El verano será eterno durante la inédita situación de confinamiento, cobra especial significancia debido a la temática que en él desarrolla su autora, abordando la experiencia del duelo tras la pérdida de un ser querido, en este caso su padre.

En tres canciones los textos son fruto de la colaboración entre Comas y Sol Salama, cerebro de la editorial Tránsito, mientras que la música fue concebida junto al versátil multi-instrumentista, compositor y productor uruguayo,  Gonzalo Rivas Zinno (Gonzalo Bruno).

La experiencia de Rivas como compositor de música para teatro, danza y cine, así como la de Comas como cofundadora de la banda Tucán, directora musical de la compañía de danza Zuk, y participante de otros proyectos escénicos como compositora e intérprete, otorgan a este trabajo una exquisita estética que fluye de manera natural.

Sofía se mueve en un terreno de amplias posibilidades en el que los recursos electrónicos son la columna vertebral a partir de la cual se desprenden fantásticas percusiones y un tratamiento vocal que destaca en una estructura ligada con las estaciones como hilo conductor de un relato que comienza antes del desenlace fatal (en otoño) y se desarrolla a través de todo el proceso de duelo, aceptación y convivencia ritual con la ausencia.

La puerta de entrada es la imagen de Sofía sosteniendo un espejo, sentada sobre una tela que sirve de sencillo pero efectivo set ubicado en una localización desértica que transmite aridez y soledad. Un concepto del fotógrafo Xabi Tudela.

Dime papá (otoño)” abre el disco con una atmósfera de añoranza conmovedora y sienta las bases. Los teclados de inspiración celestial con cierto aroma a ciertos pasajes de Sufjan Stevens y la percusión que emerge avanzada la pieza, sirven de soporte para que Comas cante frases como: “…si tú me faltas, me perderé en mapas trazados con tiza / a tientas, temblando / copiloto de nadie por carreteras nuevas / si tú me faltas…”.

Un árbol desnudo (otoño)” inicia con una percusión repetitiva y una base de teclados en la onda darkwave recordando a grupos como Love is Colder Than Death o Dead Can Dance, sobre la que la voz de Comas se desdobla entre una cristalina vocalización y una criptica narración.

Un piano de carácter minimalista a lo Sakamoto da inicio y conduce  “El cuervo (invierno)”, con fantástico manejo vocal. Comas nos deja frases como: “El cuervo que cuida tus ojos, que cierra tus ojos que miran sin miedo hacia el techo / que quieto tu cuerpo solemne vacío de penas, lleno de sueños inertes”. Sin duda, un tema de inquietante belleza.

Tu nombre (primavera)” es, en cambio, un tema que a pesar de su dolorosa letra (“mis lágrimas caerán honrando tu memoria”), tiene una construcción musical que deja rendijas de luz abiertas.

El tema más largo con cinco minutos, es “La voz que se enfrió con la pena (primavera)”, en el que de nuevo apela a la dualidad que imbrica narración y canto, y en ella Sofía ahonda en el estupor de la pérdida, con frases como “aún no he salido de aquella noche y, sin embargo, inmersa en esta bruma, sonrío / ya supongo que es la tímida sonrisa envuelta entre tanta lágrima, es estar sobreviviendo”.  Musicalmente hay elementos de Zola Jesus, Fever Ray o incluso St. Vincent.

El tema que da nombre al disco, “El verano será eterno (verano)”, es la entrada al terreno de la aceptación, aunque la herida siga abierta, con una letra poética y una instrumentación colorida.

Da paso a la soñadora “La avenida (verano)”, que concluye brillantemente los 27 minutos confesionales de esta memorable ópera prima de Sofía Comas, que ha contado con la impecable grabación de Dany Richter en El Lado Izquierdo y la mezcla de Bruno Tortorella.

 

No es fácil comenzar una carrera solista con un trabajo de naturaleza tan íntima como este, una catarsis personal de gran envergadura emocional, que contada de esta manera tan especial logra una inmediata empatía como una especie de banda sonora que acompañan las imágenes que sugieren los textos a modo de guión.

Sofía Comas ha comenzado en grande.

Juan Carlos Ballesta