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The Microphones: la vida de Phil Elverum entre la distorsión y el sosiego

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The Microphones en Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

El cantautor estadounidense presentó en el FIAS 2022 de Madrid la particular crónica de su vida con su resucitado proyecto

The Microphones
Concierto en Teatros del Canal, Madrid
FIAS 2022

(Marzo 12, 2022)

Lo que hace 20 años parecia ser el fin de un ciclo, sorpresivamente resucitó en 2020. El cuarto disco de The Microphones, Mount Eerie (2003), fue el nombre escogido por Phil Elverum para iniciar su nuevo proyecto con cual publicó 10 álbumes entre 2015 y 2019.

Sin embargo, entre mayo de 2019 y mayo de 2020, Elverum trabajó en un nuevo disco bajo su antigua identidad, tras haber reflexionado sobre la viabilidad del proyecto y la idea de contar su vida, como si se confesara ante sus seguidores.

Siendo The Microphones un proyecto de culto y habiendo dejado una estela que el tiempo no había extinguido, la idea fue tomando forma hasta finalmente ver la luz en agosto de 2020 -en medio del confinamiento- con el nombre de Microphones in 2020 (Parte de nuestra lista Los 100 mejores discos de 2020 alrededor del mundo)

No se trataba de un disco convencional de canciones con distintos episodios de su vida, sino de una especie de crónica contínua de 44 minutos, con una dinámica que pudieramos comparar con una montaña rusa.

De momentos sosegados de naturaleza acústica nos lleva a otros de vértigo ruidista, y de repente de nuevo el ciclo. Calma y tormenta. Palabra y distorsión. Confesión y catarsis. Es como si en la misma obra convivieran los aspectos más reflexivos y los más intrascendentes de la vida de una persona, las anécdotas y los pensamientos insondables.




Pues bien, ante un nutrido auditorio en el que sorprendentemente había público muy joven, Phil Elverum apareció con humildad y hasta cierta timidez en el amplio escenario de la Sala Verde de los Teatros del Canal acompañado por Jay Blackinton para interpretar este nuevo disco, ni más, ni menos.

The Microphones en Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

Phil dijo “hola”, agradeció, y comenzó a desgranar su historia. 48 minutos después se despidió.

Con guitarra acústica en mano los primeros cinco minutos transcurrieron con un lento rasgueo de guitarra casi convertido en mantra instrumental. Hasta que surgieron las primeras estrofas casi recitadas:

El verdadero estado de todas las cosas : Sigo sin morir, el sol sigue saliendo / Recuerdo mi vida como si fuera solo un poco / sueños en los que no confío, quemándose, en capas gruesas / un cargamento que acarreo, heridas y amores sin resolver…

El nivel de detalle de la narración denota que la vida de Elverum estuvo envuelta en una rutina de búsqueda personal y artística que lo llevaba a pasar horas leyendo poesía y creando bases musicales, casi hasta el abandono de todo lo demás.

Pasados 10 minutos la letanía continuaba y Phil nos contaba: “Recuerdo donde estaba

cuando tenía 20 o 17 o 23 / El sol desinteresado seguía saliendo cada mañana / igual que ahora. El amanecer era ruidoso / Llevé mi desayuno al sofá en el porche de la casa punk / Café y olor a marea baja y mi vida alargándose / Pasar horas cada mañana leyendo poemas y mirando / y luego volviendo a la urgencia, lavar mis platos / luego volvía a correr al estudio / Paso todo el día y la noche cavando / bajo distorsionado, cinta empalmada, líneas de canto como / no hay fin / y no te buscare en mi cuarto de mis amigos / Revisaba themicrophones@hotmail.com como una vez a la semana….




En los albores del minuto 14 se produjo entonces el primer calambrazo de distorsión eléctrica compartida entre el ruido blanco producido por Blackinton con su guitarra y los notas golpeadas por Elverum en el bajo. Al cabo de unos minutos la estructura instrumental se convirtió en drone.

The Microphones en Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

Y he ahí la primera encrucijada emocional ligada a la adolescencia de Phil en la que estaba en proceso de búsqueda. Retomó la acústica y el componente vocal, y a partir del minuto 20 la historia se convierte en una extensa prosa sobre los orígenes del proyecto:

Ahora doy la vuelta para mirar hacia el manantial / Cuando tenía 17 años era 1995 /

Puse el nombre The Microphones en las cintas que hacía tarde en la noche después del trabajo en la tienda de discos. Para entonces, ya llevaba un par de años inmerso en esta extraña búsqueda de tocar la batería, copiar letras para colgarlas en mi habitación hasta que comencé a hacer mis propios y vergonzosos primeros intentos cantando en la noche por la casa, y el sonido sin palabras de ramas doblándose por el viento.

Quería capturarlo en una cinta / Al principio llamé a mis grabaciones con un nombre diferente. Lo llamé The Microphones en el tercer casete que hice /

Me encantaba grabar y el equipo parecía estar vivo y me cantaba como si fuera la interferencia producida por la estática de la pequeña estación de radio AM de la calle, noche en Anacortes a mediados de los 90, los tanques de combustible retumbando”.

Y en este punto, rasgando los mismos acordes y manteniendo la misma cadencia, Phil comenzó a nombrar las influencias de aquel período, y que obviamente ayudan a conectar más aún porque muy probablemente los que escuchábamos sus grabaciones de entonces también nos interesaban los mismos grupos o artistas.

Serpenteando por la pendiente oscura bajo el Monte Erie, ya era quien soy: una botella de tinta china, cinta adhesiva, una caja de cartón con casetes regrabados, Julie Doiron, Tori Amos, Cranberries, Sinead O’Connor, Eric’s Trip, Red House Painters, Sonic Youth, This Mortal Coil, Kurt Cobain había muerto.

Tenía mi licencia de conducir y una novia y nos aferrábamos el uno al otro y soñábamos que todo era permanente”.

Y de regreso al wall of sound eléctrico la estrofa fue reveladora:

Vi Stereolab en Bellingham y tocaron un acorde durante quince minutos. Algo en mí cambió. Traje de vuelta a casa la creencia de que podía crear la eternidad.

Apoyando la guitarra en el amplificador, tocando las teclas del órgano, retroalimentando para siempre, ondas distorsionadas de platillos oceánicos

A diferencia del primer segmento de noise, en éste Phil se atrevió a cantar y obviamente la voz quedó envuelta en ese océano de distorsión. Y de repente, como si la densa bruma en altamar se disipara repentinamente, volvió el sosiego acústico justo en la frase “Cuando eres más joven, cada cosa vibra con significado”.

Era el minuto 28 y ante semejante obra comenzábamos a preguntarnos como era posible que la historia de Phil, que no se diferencia mucho de la de miles de jóvenes que desde cualquier pequeña ciudad o pueblo han intentado crear su propio grupo o proyecto musical y luego salido de gira y expuesto a los vaivenes de la industria musical, pudiera despertar en nosotros tanto interés. Quizá hay mayor empatía cuando uno ha pasado por situaciones parecidas.

The Microphones en Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta




Aunque ya la conocíamos porque el disco nos cautivó en 2020, escucharlo en la desnudez de un directo austero y descarnado, sin artificios de estudio de grabación, ni batería, ni órgano, ni piano, nos levantaba mucha expectativa. Phil era el paciente, el escenario el diván y nosotros el psicólogo.

Musicalmente uno de los segmentos más atractivos comenzó a la media hora, con varios hipnóticos minutos de drone que nos hicieron recordar a Labradford o Windy and Carl.

Phil desembocó entonces en el período del magnífico disco Glow Pt. 2 (2001) cuando tenia 23 años y la actividad frenética de tours que siguió, uno de ellos con Bonnie Prince Billy. Después de reflexionar sobre su futuro musical, decidió poner en el refrigerador a The Microphones en 2002 y publicar el último disco al año siguiente con el nombre que tomaría para su próximo proyecto, Mount Eerie.

The Microphones en Madrid
Foto: Juan Carlos Ballesta

El último tramo del concierto -de naturaleza acústica- dio pie al cierre de la crónica con figuras poéticas, especie de confesión final:

Entonces, ¿Qué pasa si etiqueto esta canción como The Microphones in 2020?

Ojalá el absurdo que todo lo impregna salga corriendo alegremente e inunde la habitación como el agua del techo, socavando todas nuestras delicadas estabilidades, admitiendo que cada momento es un nuevo edificio que se derrumba.
Nada es verdad excepto este temblor, riendo en el viento.
De todos modos, todas las canciones que he cantado son casi lo mismo:
de pie en el suelo mirando a alrededor, básicamente.
Si tiene que haber palabras, podrían ser simplemente
ahora solo y no hay final

Una vez cantadas -o más bien recitadas- las lineas finales del largo relato, Phil Elverum dio las gracias, guardó la guitarra y desapareció humildemente por el fondo del escenario, seguido del silencioso Jay Blackinton.

Nadie pidió más. Todos entendieron que era una única historia con un principio y un final predeterminado. Llovieron los aplausos.

Juan Carlos Ballesta


Nota adicional:

El 6 de agosto de 2020, un día antes de la publicación de Microphones in 2020, se lanzó un mediometraje de la misma duración del álbum. A diferencia de los vídeos musicales tradicionales, Elverum lo describió como un «video con letras», así como «una presentación de diapositivas, una presentación de PowerPoint, un libro animado y un documental».

El vídeo consta de 761 fotos impresas tomadas por Elverum, que están sincronizadas con las letras del álbum; algunas veces, el video presenta a las personas y los lugares mencionados en la letra y a el mismo casi como un «fantasma» (lo cual fue deliberado). Elverum tardó tres semanas en producirlo.

El 25 de diciembre de 2020, Elverum lanzó Microphones in 2020 Silent Version, que compila las imágenes del cortometraje en un fotolibro, el cual creó porque quería que las fotos mostradas se apreciaran de una manera que la película o mediometraje no permitía.