En junio de 1968 fue publicado el tercer disco de la emblemática banda estadounidense, el lado creativo de un grupo que aún sobrevive a los avatares de una industria voraz
Vanilla Fudge
Renaissance
Atco Records. 1968. EE.UU.
La primera vez que me topé con el nombre Vanilla Fudge fue en una entrevista a Jon Anderson (Yes), quien la citaba como uno de los grupos influyentes en la legendaria banda del progrock británico, ya que su estilo reflejaba una especie de cirugía radical de temas propios y versionados, uno de éstos la interpretación de “America” de Paul Simon.
En el caso de Vanilla Fudge, la versión de “You Keep Me Hangin’ On” de las gloriosas The Supremes, o la sorprendente “Eleanor Rigby” de The Beatles en su álbum debut de 1967 son referenciales.
Vale decir entonces que en su primera etapa la banda estaba formada por la voz y los teclados de Mark Stein, la voz líder de Tim Bogert†, la guitarra y voz de Vince Martell y la voz y batería de Carmine Appice, formación que grabó cinco Larga Duración entre 1967 y 1969 y que ahora, en la post pandemia, ha estado de gira con tres de sus miembros originales.
Falta Bogert, quien se retiró en 2009 y falleció en 2021, siendo sustituido por Peter Bremy (Cactus). Aún activa, es considerada como uno de los pocos puentes entre la psicodelia y lo que pronto sería el heavy metal.
Las raíces de la banda las encontramos en Mark y Tim, quienes tocaban en un grupo llamado Rick Martin & The Showmen. En 1965, decidieron formar su propia banda con Martell y Mark Dolfen, este último baterista de la citada banda que pronto sería sustituido por un desconocido Joey Brennan.
Antes de ser Vanilla Fudge, eran The Pigeon y previo a éstos The Electric Pigeons. Ahmet Ertegun, presidente de Atlantic Records, sugirió un cambio de nombre que la banda no objetó. Todo surgió en un club de Long Island llamado Page 2 donde trabajaba una chica llamada Dee Dee cuyo abuelo la apodaba Vanilla Fudge.
Durante la conversación la muchacha le sugirió a la banda adoptar ese nombre, a lo que la banda y su manager, Phil Basile, dijeron “sí”
Nuestro disco de hoy encuentra a la banda en un pico creativo en el cual cinco de los temas son compuestos por miembros del grupo, lo cual es significativo y contrario al camino que transitaban hasta este momento crucial.
Producido por Shadow Morton, el disco inicia con “The Sky Cried/When I Was a Boy”, tema de siete minutos cuarenta escrito por Bogert y Stein, que comienza con un platillo y un sonido espacial que da cabida a la guitarra y al órgano con un efectos de lluvia tormentosa.
Recordemos que estamos en plena psicodelia, lo que traduce asumir riesgos sustanciales y un gran deseo de experimentar.
Acto seguido es un tema de Vince Martell que ocupa tres minutos y medio titulado “Thougts”, donde la banda nos dice: “Los pensamientos y sueños interminables // Parecen estar corriendo por mi mente // Nunca volveré a ser el mismo // Aunque sé que mi vida seguirá // No puedo seguir en la miseria, te amaré hasta la eternidad…”
“Paradise” es la tercera canción del repertorio. Escrita por Mark Stein y Carmine Appice, nos dice en su letra: “El paraíso es el amor que sientes en tu corazón // El paraíso es un pintor creando su arte // El paraíso es el calor de un día en la arena // El paraíso es la brisa fresca en tierras tropicales…”
La banda mantiene el concepto musical en torno a la guitarra y el órgano con una sencilla base rítmica y detalles como campanadas que surgen inesperadamente.
Frecuentemente, el órgano marca acordes con uso regular de frases cortas y sin grandes alardes.
Luego, sigue el tema de Mark Stein, “That’s What Makes A Man”, con el cual cierran la primera parte del álbum.
“The Spell That Comes After” abre la segunda parte del disco con unas vocalizaciones que emulan cantos de sirena. Bajo y percusión dan inicio a este espectral tema cuya rítmica pudiera recordar un poco El Bolero de Ravel, lo que da un tinte impresionista.
Compuesta por Essra Mohawk (protegido de Frank Zappa y Herb Cohen) este tema de cuatro minutos y medio representa una de dos piezas extemporáneas.
Acto seguido es el tema “Faceless People”, donde un acorde al órgano es el primer encuentro sonoro y posteriormente un buen solo de guitarra.
Compuesto por Carmine Appice, la canción nos lleva al gran final con una versión de “Season of The Witch” de Donovan Leitch, incluyendo “We Never Learn” de Essra Mohawk.
El primero es un clásico que ha sido versionado por Al Kooper, Brian Auger y Lew Rawls entre otros: “Cuando miro por mi ventana // Muchos lugares para ver // Y cuando miro en mi ventana // Tantas personas diferentes para ser…”
Demos marcha atrás para disfrutar una vez más de esta joya discográfica.
Leonardo Bigott



